¿Qué pasó con la marihuana y los matrimonios igualitarios?

Por: Vidal Llerenas

Hace algunos meses el presidente Peña presentó dos iniciativas inesperadas para un mandatario auto calificado como conservador. Después de un correcto discurso en la ONU, que cuestionaba el paradigma prohibicionista en materia de drogas, Peña envió al Senado una tímida propuesta para descriminalizar la posesión de mariguana y abrir la posibilidad del uso médico. La propuesta es útil para evitar que las personas sean detenidas y enviadas al ministerio público por el sólo hecho de poseer cantidades de la hierba normales entre consumidores.

También, después de una reunión con organizaciones y activistas en favor de los derechos de la comunidad LGTBTTI, envió a la Cámara de Diputados, un ambiciosa propuesta para garantizar desde la Constitución y en el Código Civil Federal el derecho al matrimonio igualitario. También propone establecer en dicho código la posibilidad de la re asignación sexo-genérica. Se trata de dos propuestas que garantizan los derechos humanos y la integridad de las personas.

En el caso de la marihuana, el Senado decidió aprobar en el pasado periodo extraordinario la parte de la reforma que permite el uso médico. En la discusión el gobierno no logró articular una propuesta viable, e incluso instituciones federales, como la Cofepris, operaron abiertamente en contra de la propuesta presidencial. Lo que se debe legislar es permitir la producción de cannabis para generar productos de uso médico y terapéutico sujetos a distintos esquemas de control de acuerdo al porcentaje de substancia activa que contengan.

Países como Canadá han beneficiado a millones de personas con medicamentos basados en cannabis e incluso con la propia hierba en greña. Los riegos son relativamente bajos, definitivamente menores a otros medicamentos que se utilizan para tratar dolor, padecimientos musculares o del sistema nervioso. Sin embargo, el debate en comisiones en el Senado estuvo marcado por los prejuicios y la histeria por regular dicha planta. Se vivió también cierto rechazo del priísmo a las propuestas que vinieran de un presidente al que consideran culpable de su debacle electoral.

El matrimonio igualitario todavía no se ha discutido en la Cámara de Diputados. No obstante, el líder de la fracción del PRI dio a entender que no intentarán aprobarla. Ya Francisco Labastida había atribuido las derrotas priístas a dicha propuesta. Además, después de que Peña presentó la propuesta y no la defendió, la Iglesia Católica patrocina una agresiva campaña en contra, que raya en lo ilegal y que agrava el fenómeno de discriminación en contra de la comunidad LGTBTTI.

El matrimonio igualitario es urgente no solamente por las determinaciones de la corte que garantizan ese derecho, sino por la necesidad de que ese sector de la población pueda desarrollarse de manera libre y armónica en la sociedad. La homofobia genera conflicto, violencia, odio y eventualmente mata a las personas. El hecho de que el PRI rechace apoyar dicha iniciativa, cuando el propio presidente la redactó, lo alejan de las posiciones garantistas en materia de derechos humanos y confirman su paulatina conversión a las posiciones políticas conservadoras. En el PRI no les gusta porque ya lo que venga de Peña molesta y porque la mayoría del priísmo se siente más cómodo del lado de la iglesia.

Pienso que en realidad el PRI pierde una gran oportunidad. Descriminalizar la posesión de la marihuana es una manera de reducir el encarcelamiento masivo y enfocar la fuerza policial en los delitos graves. Se trata de una medida en el sentido correcto, que abre la puerta para iniciar el cuestionamiento de la actual política de drogas y diseñar una nueva que reduzca la violencia y los riesgos que efectivamente representan las drogas para la población. A México le urge una política de drogas inteligente, como la que se comienza a poner en marcha en países como Canadá, Uruguay, Colombia, Portugal y los propios Estados Unidos.

Apoyar el matrimonio igualitario es una ocasión para demostrar que el PRI mantiene su compromiso con el estado laico y que entiende las definiciones modernas de los derechos humanos. Cuando el PRI rechaza asumir el reto de renovar sus posiciones en ambos temas, acepta que es ya un partido del pasado, sin proyecto para una sociedad distinta.

Nosotros vamos a insistir en la Cámara de Diputados que se discuta la propuesta de matrimonio igualitario y a pedir al Senado que legisle en materia de política de drogas. No se trata de temas menores. El presidente ya abrió la puerta al debate y tiene que hacerse responsable de sus iniciativas. Si las envió, fue porque cree en ellas y forman parte de la política pública de su gobierno. Si renuncia a ellas, contribuirá a la sensación de falta de liderazgo que rodea a la administración federal. Ambos temas tienen que ser discutidos en el próximo periodo de sesiones. Quienes estén en contra deberán defender sus argumentos y explicar las razones por las que quieren encarcelar a consumidores de marihuana y discriminar a personas por su identidad sexual. Se trata de batallas ya ganadas en otros espacios, como la Corte, ahora solo falta el poder legislativo.

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