Sense8: ciencia ficción y sociedad actual

Mi regreso a Buenos Aires más o menos coincidió con el estreno de la serie que los hermanos Wachowski y J. Michael Straczynski crearon, escribieron y produjeron y que Netflix puso a disposición del público el 5 de junio de este año. Creo que el hecho de que acabara de regresar de Reikiavik hizo que varias personas reiteradamente me mencionaran Sense8. En ese momento no les presté atención, estaba mirando otras cosas y no me hice un lugar para verla. Hace poco le comenté a un amigo que había terminado casi todo lo que estaba mirando y que sólo me quedaba esperar semana a semana los capítulos de los nuevos estrenos que comienzan en la temporada de invierno del hemisferio norte. Como él entendió rápido que me apasiona tener siempre alguna serie para mirar de manera continuada — con actitud que raya la del adicto — me sugirió otra vez, como ya lo habían hecho otros, que mirara Sense8. Y esta vez escuché el consejo.

En cuanto empezó la presentación me quedé embobada frente a la imagen de tres caballos islandeses — sí, son unos caballos muy particulares — y fue entonces cuando recordé que alguien me había dicho que en la serie había un personaje proveniente de las mismas latitudes en las que uno puede encontrar a estos equinos.

Paso horas frente a la pantalla dedicada a las series así que tengo la cabeza llena de opiniones, pareceres y juicios acerca de todo lo que decido mirar. Esta, sin embargo, será mi primera crítica de televisión para un medio escrito. Por lo tanto, si no vieron la serie, prepárense para algún leve spoiler. Intentaré no arruinarles esta impresionante producción.

Las sinopsis de los sitios que almacenan información sobre películas, series y programas de televisión, etc. nos explican que la trama del show gira alrededor de 8 personajes que se viven en 8 lugares diferentes del mundo y que repentinamente se encuentran conectados mutuamente a través de sus pensamientos y sus emociones. IMDb agrega que a partir de ese momento deben encontrar la manera de sobrevivir el ser cazados por aquellos que los ven como una amenaza al orden del mundo. Creo que hasta acá no les dije nada que no puedan encontrar en cualquiera de los resúmenes a los que uno recurriría antes de entregarse por completo al disfrute de cualquier producción filmográfica. Vamos bien.

Cada personaje desarrolla la mayor parte de su accidentada vida en la ciudad en la que se encuentra y a lo largo de los 12 capítulos de los que consta la primera temporada — así es, queridos lectores, afortunadamente podremos disfrutar de, al menos, una temporada más — vamos viendo cómo de una manera impecable los Wachowski logran narrar sus historias y entrelazar sus vidas.

Sense8 combina drama, suspenso y ciencia ficción a la vez que trabaja temáticas sociales y culturales relacionadas con algunas situaciones que se producen en las ciudades en las que transcurren las historias. Podemos ver el mundo de las celebridades en la Ciudad de México, el de los negocios en Seúl, el de la red criminal en Berlín, el del ambiente policial en Chicago, el de la cultura del matrimonio en la India, el de la industria del transporte en Nairobi, el del movimiento queer en San Francisco y el de la escena musical en Londres. En estas atmósferas los Wachowski y Straczynski trabajan con temas de violencia de género, minorías (la comunidad LGBT, el lugar de la mujer en la sociedad, etc.), pobreza, corrupción, religión, fe, entre otros. Y se nota una buena investigación hecha. Nos creemos lo que nos están contando. Sabemos que las cosas que nos pintan pasan más o menos así. Yo conozco bastante bien la cultura islandesa y está perfectamente retratada. Incluso no pude dejar de sentirme identificada en la escena en la que la chica islandesa dice que extraña el invierno: “I miss the winter. It’s just so quiet and still. You can hear your own heart beat”. Y cuando quien está conversando con ella le dice que no aguantaría tanta oscuridad le contesta que el verano es mucho peor, que la vuelta del sol, ese sol que no se va nunca, eso sí que te vuelve loco.

Hay una novena ciudad en la historia: Reikiavik. Es donde nació esta chica islandesa que vive en Londres. Y ese destino es un lugar enormemente peligroso para los ocho jóvenes porque en un lugar tan pequeño, cruzarte con tu enemigo es muy fácil. No te podés camuflar en la multitud porque no hay multitud. Y el estado sabe todo lo que hacés. Esa parte de la historia también está muy bien construida y bien estudiada.

Si bien la serie se centra en la noción de evolución de las capacidades humanas, la trama gira también alrededor de la condición humana. Todos los personajes llevan adelante vidas muy complejas y la interacción que se genera entre ellos potencia toda esa complejidad. Tenemos una celebridad mexicana del mundo de la actuación que se enfrenta a su condición sexual y de persona pública, una empresaria coreana a quien el hecho de ser mujer la pone en un segundo lugar, un joven alemán expuesto constantemente a todo tipo de situaciones de violencia, un policía que trabaja en la zona más corrupta de Chicago, una científica india que lucha por combinar cultura, religión y carrera académica, un chofer keniata que intenta conseguir los medicamentos adecuados para mantener viva a su madre, una mujer transgénero que debe hacerle frente a su familia para poder ser quien es y una dj islandesa escapando de un pasado doloroso. Entre ellos, ayudándose mutuamente, los personajes van sobrellevando las situaciones a las que están expuestos.

Por supuesto, esto no sería una buena crítica si no miramos también los contras que tiene, que no son muchos pero son relevantes. Como toda serie hecha en Estados Unidos, tiene que haber un tema con el uso de las lenguas extranjeras. La mayoría de los personajes no tienen como lengua nativa el inglés pero los creadores no se animan a hacerlos hablar esas lenguas todo el tiempo. Entonces hablan en inglés y sus lenguas reales sólo aparecen cuando en una comunicación telepática alguien usa fluidamente un idioma que no debería poder manejar. Y de golpe nos encontramos con un alemán hablando hindi o un estadounidense hablando coreano. Pero en sus vidas cotidianas todos hablan en inglés. Y el islandés, por ejemplo, sólo aparece cantado. Y sentimos que pocos directores se animan a soltar el inglés y contarnos las historias en las lenguas de los personajes que retratan.

En cuanto al casting, aunque la mayoría de los actores secundarios y del elenco general sí son de la nacionalidad que interpretan, molesta un poco el hecho de que tres de los actores principales tienen una que no corresponde con la de su personaje. El méxicano es representado por un actor español con un acento penínsular muy fuerte. El kenyata es inglés, y yo no sé swahili pero seguramente no hablará como un hablante nativo. Finalmente, la chica islandesa es interpretada también por una actriz británica que debe producir artificialmente un acento islandés cuando habla su lengua nativa. Personalmente, me imaginé a Noomi Rapace en ese papel porque aunque no es islandesa, sí creció en el país y habla la lengua fluidamente. Pero bueno, yo no hago los castings ni negocio contratos de actores así que acepto, con algunas críticas, la decisión de los productores.

Y acá va terminando mi reseña sobre esta creación de los hermanos Wachowski y Straczynski. Los invito a revisarla en su Netflix amigo y, si lo hacen, espero que la disfruten tanto como yo. ¡Hasta la próxima serie de la que se me ocurra escribir!

[Buenos Aires, noviembre 2015]


Originally published at viventurac.blogspot.com.ar on November 13, 2015.

One clap, two clap, three clap, forty?

By clapping more or less, you can signal to us which stories really stand out.