Nos dijeron: -existe esta opción o nada, bajo estas condiciones o nada. Crearon el temor. El acuerdo era rendirse, perdonar, olvidar. El deseo de todo tirano hecho realidad. Es como si los seres humanos no importaran tanto, al fin y al cabo siempre morimos. Se puede comprender que seas un asesino y ahora, ahora quieres caminar por la calle, como cualquiera, porque tienes derecho a ser perdonado, ¿por qué no?, aplaudir, abrazar, sonreír…Lo que pasó solo fue una pesadilla en la que sangrabas de verdad, sufrías como una bestia, te ahogabas y despertabas sin esperanza, con miedo, y sobre todo sin poderlo comprender. Nada más era eso, que la vida se desintegraba ante tus ojos. Lagrimas que caían al abismo de la tierra desde la cumbre de tus ojos.
Colombia y la dualidad moral: Una opinión poco autorizada sobre la reciente decisión electoral del…
Aglaia Berlutti
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