Inmersión en un mundo distinto

“Todo comienza cuando fui seleccionada por una organización alemana VDA para realizar un intercambio en una familia extranjera.” palabras de una alumna del colegio Alemán Córdoba que cuenta su experiencia en el país europeo Alemania.

Aeropuerto Internacional de Córdoba

Era muy temprano un día de verano, una mezcla de calor, nervios, emoción, adrenalina se encontraban en mi cuerpo, no entendía lo que se estaba por venir pero iba a ser muy especial, era algo que recordaría para el resto de mi vida.

Me subo al auto, esperando no olvidar nada necesario porque no había vuelta atrás, no regresaría en mucho tiempo, ya en camino hacia el aeropuerto, donde me iba a encontrar con el resto del grupo, me di cuenta de lo que estaba por vivir.

Iba a emprender un viaje, una experiencia que nunca antes había vivido, fueron 3 meses de buenas experiencias y malas también, todo era nuevo, estaba encaminada a enfrentar situaciones que nunca antes había transitado.

Llegamos al aeropuerto de Frankfurt, Alemania donde nadie de cara conocida nos recibió, salvo una mujer que no parecía amable, de nacionalidad rusa, era la representante de la organización que se encargaba de asignarnos la familia que nos acogería por dos meses y medio. No sabíamos qué hacer, no entendíamos mucho lo que nos pasaba, entonces fue ahí cuando debimos cargar nuestro pesado equipaje ya que en Europa mientras en América del Sur es verano es invierno, en un colectivo que nos llevaría al centro de Frankfurt, ciudad totalmente desconocida para los 20 que éramos en ese grupo.

Arribamos en el Hostel en el cual nos alojamos los próximos dos días que seguían, la mujer encargada de nosotros nos dio un par de indicaciones mientras no sacaba la vista de su teléfono celular, lo que pudimos entender era que teníamos permiso para salir al centro de la ciudad pero no podíamos volver después de las 10 de la noche ya que el hostel cerraba sus puertas y nos quedamos afuera toda la noche.

Frankfurt

Encaminados hacia el centro, nos sacábamos fotos en todo lugar que nos resulte interesante y comprábamos cosas en algunas tiendas que no había en Argentina no teniendo noción de los precios y sin tener en cuenta de que estaríamos en ese país durante los próximos dos meses y medio. Todo nos parecía llamativo, todo era nuevo para nosotros. Al día siguiente, nos llevaron a un pueblo alejado de la ciudad, el pueblo era algo parecido a un pueblo fantasma pero muy pintoresco, nos concentramos más en pensar que al otro día, nos iban a separar y cada uno comenzará una vida lejana a la cotidiana. Disfrutamos haciendo esa excursión luego realizamos un city tour por Frankfurt donde visitamos la casa de Goethe sin la presencia de algunos compañeros ya que se habían perdido, la representante de la organización desesperada por encontrarlos, pero luego llegamos todos juntos al hostel dimensionando lo que iba a pasar al otro día.

Centro de Frankfurt

Esa misma noche nos dieron algunas recomendaciones para las nuevas costumbres, muy diferentes a las nuestras, nos entregaron los pasajes de los trenes con destino a nuestro futuro hogar. Algunos festejaban ya que tomarían el mismo tren, yo sabía que iba a enfrentar ese camino sola.

Finalmente llego el día, nos llevaron a la estación de tren mientras nos dirigíamos a ella la rusa nos retaba diciendo que éramos un grupo muy irrespetuoso que hablábamos mucho, claramente ella no sabía lo que estábamos pasando.

Nos llevaron a una sala donde uno a uno nos fuimos despidiendo y tomando cada uno su tren con destino a su nueva casa. Llegó el momento de tomarme el tren con destino a Karlsruhe, Baden, Alemania, una ciudad de 300.000 habitantes, era relativamente grande comparada a los destinos de mis compañeros. Luego de una hora de viaje, me estaba esperando una señora totalmente desconocida para mí, pero que sería mi madre por los próximos dos meses y medio, me ponía bastante ansiosa no saber cómo saludar a esa persona, nos habían advertido que los alemanes no saludan con un beso como nosotros, entonces pensé que debía darle la mano. Cuando finalmente llegue a destino bajó del tren que por cierto era algo nuevo para mí también, ya que era la primera vez que tomaba uno, no veo a nadie y cuando levantó la vista había una mujer de aspecto simpático moviendo la mano como si me saludara, me acerco, pregunta por mi nombre y automáticamente cuando asiento, me abraza. Todo había comenzado bien.

Llegamos a la casa donde me esperaban con mi cuarto nuevo, había muchas cosas que me llamaban la atención comenzando por la ropa de cama, que no eran unas simples sábanas si no que era una especie de plumón pero eso era todo lo que contenía la cama. Luego de que me pude acomodar, me llamaron a comer y ahí fue cuando conocí a mi padre, me aclararon algunas costumbres de la casa y de la familia. Como por ejemplo que al entrar a la casa debía sacarme los zapatos y debía ayudar con los quehaceres de la casa, acompañada de mis hermanos que por cierto todavía no conocía. Pasaron un par de horas y acompañe a la madre a buscar a mis hermanos al colegio que próximamente iba a ser el mío. Eran las 4:30 de la tarde y ya estaba anocheciendo y caía una ligera llovizna. Ingresamos al colegio, me presentan con el director, informándole que yo sería alumna en los próximos meses y ahí es cuando conozco a mis hermanos, eran dos, el menor de 12 de años y la mayor de 14 años, los dos menores que yo que tenía en ese momento 15 años.

El horario de la cena era a las 18:30 de la tarde, ya de noche para ese entonces, la primera noche me dieron la bienvenida con una cena típica alemana, me pareció todo muy rico hasta que llegó la hora de la segunda cena, yo esperando un plato caliente para comer, me entero de que la cena habitual era una variedad de fiambres y algunas verduras sin cocinar acompañas con pan. Cada día que pasaba, cada día que me parecía todo más nuevo.

Llegó la hora de mi primer día de colegio, iba a conocer a mis nuevos compañeros, yo muy ansiosa a la espera de una cálida bienvenida. Pero sucedió todo lo contrario, cuando llegue lo único que recibí fueron murmuros y miradas raras por parte de los chicos que se encontraban en el aula, así fueron el resto de los días en el colegio, no participaba en clases ya que no estaba al día con lo que hacían mis compañeros, pasaba las horas sentada en un banco alejada de mi hermana, dibujando en un cuaderno que había llevado, pasaba el tiempo mirando el reloj esperando que sea la hora de comer o del recreo, para intentar entablar conversación con alguien. A medida que pasaban los días me iba relacionando mejor con mis compañeras pero la relación con mi hermana iba empeorando cada vez más ya que no compartíamos los mismos gustos.

Pasaba el tiempo yo ya me iba acostumbrando, las comidas me gustaban cada vez más, pero no dejaba de extrañar mucho a mi familia y amigos, todos los del grupo que había viajado esperaba con ansias el día de encontrarnos en Berlín para pasar una semana juntos ahí, conociendo los puntos más atractivos e históricos de la capital de Alemania. El día llego y me esperaban cinco horas de viaje en tren a otra ciudad totalmente desconocida nos habían advertido fijarnos en la parada que debíamos bajar ya que había tres posibles, viaje con miedo a no pasarme ni bajarme antes y poder encontrarme con mis amigos que tanto extrañe. Finalmente llegue a destino y allí me estaban esperando, la temperatura de Berlín en ese momento era de -15 grados y estaba todo nevado. Pasaron unos días increíbles de compras y de excursiones. El día que debíamos volver cada uno a su casa llego y todos tristes sabiendo que no nos veríamos más hasta nuestro próximo punto de reunión en Londres, pero para eso faltaban dos largos meses.

El encuentro en Berlin

Llegue a casa donde me esperaba mi familia nuevamente y mis raras costumbres. Todos los fin de semanas asistíamos con mi hermana y sus amigas a un club donde practicábamos baile, no era de mi agrado pero era algo que debía realizar ya que era algo que ellos me daban la posibilidad de realizar, otras de las tradiciones típicas de mi familia muy diferente a las tradiciones de la mía que se encontraba en Argentina era que los domingos en vez de juntarse todos los familiares a compartir un almuerzo todos juntos, llegaba la hora del té y compartíamos café y toda clase de tortas, era algo que de lo que no logre acostumbrarme durante todos los dos meses. La familia se portó muy bien conmigo durante toda la estadía, hicimos viajes y distintas excursiones por toda la ciudad, me trato como su tercer hija, llegando para el final de mi estadía en Alemania llego el día de mi cumpleaños de 16 años, una edad típica en Alemania para festejar. Pensé que iba a ser un día especial para mí y fue un día común cualquier otro a diferencia que me llegaban los saludos de mi familia a la que extrañaba mucho y me ponía triste, pero igualmente mi hermana me realizo una fiesta de cumpleaños que también era un festejo de despedida ya que en los próximos tres días partía hacia Londres. La fiesta demostró que realmente después de dos meses y medio había conocido gente muy valiosa de la todavía luego de casi 3 años todavía tengo contacto y espero algún día volver y encontrarme con ellos.

El momento de la despedida fue algo muy difícil para mí, a pesar de los tiempos malos que pase fueron mayormente buenos y no me quería ir pero es lo que debía hacer para continuar con mi viaje. La segunda parte del viaje eran 15 días en Londres con mis compañeros para mejorar nuestro idioma ingles en un colegio y realizar todas las excursiones como fueron posibles. El viaje llego a su fin luego de tres meses lejos de nuestras casas, era hora de reencontrarnos con nuestras familias que tanto extrañamos, emprendimos un largo retorno a Córdoba donde nos esperaban nuestros seres queridos, fue cuando arribamos a nuestra provincia que todo había acabado y que también nuestras vidas habían cambiado para siempre.

Aprendimos desde tomarnos un avión en aeropuertos desconocidos a vivir en familias totalmente distintas en cuanto a costumbres, idioma, etc. Son experiencias que sirven para el resto de la vida.

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