Miguel Ángel Bastenier, en la Redacción de El País. (Fotografía: El país)

Bastenier

Nos dieron una charla sobre enfermedades auto-inmunes. Es cuando los glóbulos blancos se vuelven contra ti. Salió en el power point un perro guardián al que se le cruzan los cables y ataca a su dueño. Lo ilustraron con un pastor alemán. Por un cruce de cables, los leucocitos alemanes empiezan a morder tus articulaciones. Se tarda bastante en diagnosticar las enfermedades auto-inmunes. Cuesta hacerse a la idea de que los leucocitos te traicionan y cambian de bando. Ni de tus leucocitos vas a poder fiarte. Las articulaciones se hinchan y deforman, a veces para siempre. Una señora preguntó si podría volver a girar el cuello a izquierda y derecha, y le respondieron que no.

Pensé en el periodismo como posibilidad de una enfermedad auto-inmune que, de buenas a primeras, empieza a atacar a los individuos a los que se supone que debe defender. En inglés, se dice “watchdog” –perro guardián– para definir la misión de vigilancia del periodista. Es un oficio de ejemplos, más que de teorías. Se puede seguir el ejemplo de Miguel Ángel Bastenier o se puede seguir el de las tertulias, y el periodismo cumplirá en un caso su misión y te defenderá de la ignorancia, el miedo y el abuso de poder, o por el contrario, empezará a ladrar de un modo extraño y puede que acabe atacando tus articulaciones. Me fiaba de Bastenier, pero ahora que acaba de fallecer a la edad de 73 años, ya no me fío tanto del periodismo.

Cuando hago periodismo, me pregunto qué harían en mi lugar los periodistas a los que admiro. Como periodista, prefiero seguir ejemplos personales a seguir el paradigma de la pirámide invertida.

Si busco un sentido histórico para los hechos del día, y exactitud al mostrarlo, me fijo en Javier Pradera. Si necesito la técnica de traducir un presente complejo en mito, en relato de líneas claras, Ortega es el modelo. Para que la descripción fluya y dance, nadie como Octavio Paz. Cuando no sé por dónde empezar, empiezo in media res, como me aconsejó Agapito Maestre –“más que nada, por respeto al tiempo y la atención del lector”. Si el lenguaje es la noticia –la más deslumbrante de todas–, o si se tercia mezclar poesía y copla, alta y baja cultura, imito a José-Miguel Ullán –jamás a Umbral. Pensándolo bien, creo que hacer periodismo consiste en imitar todo el rato a José-Miguel Ullán.

Leyendo a Miguel Ángel Bastenier en la sección de Internacional de El País, aprendí que toda crónica significativa está compuesta por un tercio de conocimiento histórico, un tercio de análisis factual sin la menor concesión a la conjetura, y un tercio de distancia irónica en el estilo. Nadie ha contado el conflicto árabe-israelí como él para un público de habla española. Todo su periodismo es así: mostrar las fuerzas históricas que hay detrás –o por debajo– de los hechos; describir lo relevante con una voz única, hecha de precisión forense y estoica impasibilidad. Sus comentarios semanales sobre actualidad internacional en CNN+ justificaban por sí solos la invención de la televisión. Escucharle disertar sobre la política de Chávez o la guerra de Iraq era un goce transversal del periodismo, la historia, la memoria y la conversación. Ahora que nadie escucha a nadie, en las tertulias y en la vida, lo de Bastenier parece como de otra época. De cuando podías fiarte de tu sistema inmune.

Los periódicos necesitan volver a tener una agenda propia, a distinguirse en la investigación de historias originales, le decía Bastenier a José Ignacio Torreblanca hace unos días, en una de sus últimas intervenciones en la televisión de El País en Facebook. En esto se nota que era de la vieja escuela: periodismo es lo que hacen los periódicos, lo demás es chupar rueda y entretener al personal.

No está de más leer El blanco móvil, su ensayo sobre el oficio. Ayuda a no confundir al periodista con un juez o un pedagogo de lo políticamente correcto. Ahora está de moda esa definición de Jeff Jarvis sobre el periodismo: toda forma de conocimiento compartido a gran escala que nos sirve para organizarnos mejor como sociedad. Tiende a olvidarse, en cambio, que el periodismo es solo el sistema inmune del individuo frente los abusos de los políticos y las intromisiones de la sociedad. El New York Times lo resume así, al formular su propia misión: ayudar a las personas a hacerse cargo de sus propias vidas. En un oficio de ejemplos, el ejemplo de Miguel Ángel Bastenier tiende a extinguirse tras su muerte. Deja paso a un periodismo de trincheras y tertulias, como una enfermedad auto-inmune que muerde las articulaciones de la sociedad abierta.


Artículo publicado originalmente en El Imparcial, el lunes 1 de mayo de 2017.