Fiebre

Imagen retocada del original de Sean Madden

El año 2034 no fue un año como todos. Nadie puede decir que esto no era de esperarse. Hace tiempo que la brecha entre la clase trabajadora y los pobres creció y muy pocas personas tienen cuidados médicos dignos.
La OMS ya no existe como alguna vez la conocimos. Las prácticas de medicina sólo están disponibles para quienes pueden pagarlas.
Las clases sociales fueron divididas muy marcadamente, en el escalafón de más arriba están los ricos. Éstos poseen una despreciable cantidad de dinero. La suma del dinero de los pocos que pertenecen a esta clase social es diez veces más que el dinero que disponen las demás clases sociales.
Luego le sigue la clase trabajadora. Aquí se divide nuevamente en dos secciones. Tenemos los trabajadores categoría A y los precarizados o trabajadores categoría B. Los primeros de esta categoría disponen de seguro médico, vacaciones y un sueldo que le es suficiente para tener una vida sin lujos pero sin necesidades extremas. Aquí podemos encontrar a los médicos, ingenieros, profesores universitarios y algunos obreros de la construcción.
Los precarizados son aquellos que disponen de un sueldo magro, que les es suficiente para subsistir pero no pueden darse algunos lujos como los Categoría A. Lujos como descansar una vez a la semana, tener vacaciones o enfermarse. En la categoría de precarizados están los artistas, abogados, psicólogos, sociólogos, etc.
Por último, los pobres son aquellos trabajadores que no disponen de estudios formales(a excepción del rubro de la construcción). Ellos acceden a un alimento diario garantizado por el Estado. Pero no cuentan ni pueden pagar ningún tipo de acceso a la salud.

Gerald y Vincent eran trabajadores A. Gerald era ingenierio en telecomunicaciones y Vincent médico. El empleo de Gerald corría peligro de pasar a ser precarizado. En cambio, los médicos siempre fueron importantes porque sin importar qué situación económica estaba atravesando el mundo. La clase rica siempre enfermaba y necesitaba de cuidados médicos.
Gerald y Vincent fueron muy amigos. Cuando la crisis económica era simplemente un mal augurio y cualquiera podía estudiar en la universidad sin tener que pensar que una mala calificación podría arruinar su futuro para siempre.
La relación de Gerald y Vincent fue casi de hermandad. Hasta que en la carrera de medicina de Vincent apareció Susanah.
Vincent siempre estuvo enamorado de ella pero fue Gerald quién logro conquistarla. Desde ese momento Vincent cortó todo tipo de relación con los dos.
Gerald y Susanah, quien se recibió de médica en 2026, se casaron en ese mismo año y al próximo tuvieron a su primera y única hija, Carol.
Casi al mismo tiempo que Carol comenzó a decir sus primeras palabras fue cuando Gerald escuchó por primera vez a su esposa mencionar el término “La fiebre”.
Aparentemente en Sudamérica, una fiebre extraña atacaba a la gente y en menos de 48 horas acababa con la vida de los enfermos.
Sin hacer diferencia en edad, sexo o clase social; la fiebre era fulminante y no había ningún tipo de cura. Lo más peligroso de la situación es que bastaba con estar en contacto con un paciente que la padezca para contraerla.
Esto llevó a que muchas familias desaparezcan enteras. Aunque pronto se dictó un protocolo a nivel mundial para evitar el contagio. Cualquier persona con fiebre debería ser puesta en cuarentena sin poder recibir visitas y el tratamiento era exclusivamente con medicaciones de prueba.
Esta medicación de prueba nunca logró curar a nadie. De hecho, en casos aislados aceleraba el proceso de muerte.
La única gente que no moría por La fiebre era aquella que padecía una fiebre común: debido a una gripe, infección o inflamación simple.
La fiebre era conocida por los médicos como Febris Mortalis aunque el término que se popularizó fue el de Fiebre Roja. Los síntomas iniciales eran comunes a los de cualquier proceso febril pero pocas horas después de los primeros síntomas el paciente cursaba una temperatura de 40°C.
El proceso de alucinación llegaba a las doce horas. Luego, se podría decir que los órganos literalmente hervían provocando una falla general. Páncreas, hígado, corazón, todo fallaba casi al mismo tiempo.
El paciente sufría enormes cuadros de migraña. Todos los ganglios se inflamaban al mismo tiempo. La fiebre producía una inflamación en las articulaciones que no permitía la fácil motricidad. Muchos presentaban náuseas y mareos. El final de los síntomas casi en el 100% de los casos era cuando los ojos estallaban de un color rojo que complicaba la visión. De allí surgió el término Fiebre roja.

La fiebre fue arrasando con la raza humana. Para 2033 no había continente que no haya visto reducir su población a casi la mitad. Ese año fue un suceso importante para la familia de Gerald, aunque también lo fue para la humanidad en general. La Organización Mundial de Salud pasó a ser una organización exclusivamente dedicada al control de la fiebre roja. Pero el control pronto se fue de las manos. Tenía poco de práctica médica y mucho de genocidio.
Al principio, y debido a la rápida propagación de la fiebre, se decidió por exterminar a cualquier persona que curse una fiebre de más de 38°C por más de 4 horas.
Luego, hubo continentes que fueron más allá realizando un exterminio preventivo de gente que por su estilo de vida o condición social era más “propensa a contraer la fiebre”.
Susanah contrajo la fiebre el 22 de Octubre de 2033, falleció el mismo día cuando se lanzó por el balcón del edificio antes de que su hija e esposo llegaran a la casa.
Cuando ambos llegaron al departamento donde vivían simplemente vieron un cartel en la puerta que decía “Propiedad clausurada por la OMS”.
Sin posibilidad de hacer el duelo correspondiente, Gerald y Carol debieron mudarse con las pertenencias que vestían ese nefasto sábado.

Para mediados de 2034, Gerald y Carol vivían en un apartamento alquilado de las afueras. Un domingo Gerald fue a despertar con el desayuno a su hija Carol. La vió comer y agradecía aún poder darse esos lujos como no trabajar los domingos y tener un techo y comida para ambos. La veía a los ojos y veía a Susanah. La veía sonreir y aún podía escuchar su sonrisa.
A las 9 de la mañana, mientras Gerald lavaba las tazas y pensaba en el almuerzo, la temperatura de Carol llegaba a 38.4°C.
Carol dibujaba y pintaba en papeles de periódicos viejos cuando Gerald notó que su hija estaba transpirando. Por supuesto que no podían darse el lujo de tener aire acondicionado y en verano la transpiración de su hija sería algo completamente normal. Pero la temperatura ese día era invernal. No había posibilidad de que Carol sienta calor, salvo por… El termómetro marcó casi 39°C.
Gerald sintió un helado temor en su cuerpo. Sabía que no podía dejar que la encontraran.
Envolvió a su hija en una manta y la llevó rápidamente de allí. Es que todos los días a la hora del almuerzo, un empleado de OMS vestido con traje antiradiación repartía la comida proporcionada por el Estado con la condición voluntaria de que las personas sean escaneadas de fiebre.
El escaneo era indoloro y muy rápido. Simplemente era necesario acercar un sensor a unos centímetros del cuerpo para que el primer test de fiebre marque positivo. Luego, se procedía a un segundo test con un termómetro convencional. No había tiempo ni paciencia para un tercer test.
Por supuesto que el escaneo no era voluntario. Cualquier persona que se negaba a ser escaneada no sólo no recibía la comida del día sino que recibía la visita de los Doctores.
Los Doctores eran lo que años atrás podrían ser denominados sicarios. Simplemente buscaban a la persona que no había sido escaneada y la mataban sin mediar palabras.

Gerald estaba dispuesto a quebrar la ley con tal de que no escaneen a Carol. Es que luego del mediodía. Los nombres de Gerald y Carol Thompson iban a estar en lista de los Doctores.
La llevó en brazos lo más rápido que pudo sin que nadie notara su desesperación. Caminaba estratégicamente esquivando los tantos sensores de temperatura que había en los parques, edificios y calles.
Sabía que sólo una persona podía ayudarlo. Vincent Knight sabría qué hacer.

Pudo llegar hasta el consultorio particular de Vincent. A esa altura, no mucha gente iba a atenderse a hospitales o clínicas. El rumor popular era que si uno iba con una enfermedad no relacionada con la fiebre roja sería eliminado de todas maneras por si acaso. Y eso lograba que el negocio de la medicina dejara de ser rentable. Las farmacias también veían disminuidas sus ventas. Nadie compraba ningún medicamento ya que para hacerlo había que firmar y dejar todos los datos personales. Lo que los hacía blanco de una inspección de rutina en busca de síntomas de La fiebre. Aquellos que se animaban a comprar medicamentos incluso temían tomarlos por los efectos secundarios. Era muy probable que tomar un medicamento para calmar una dolencia menor pueda provocar una fiebre como efecto secundario, desencadenando en la posterior muerte a manos de los Doctores.
Cuando Gerald y Carol llegaron al consultorio, Vincent se mostró muy sorprendido. No había visto a su mejor amigo en años y no quería verlo en ese momento.
Vincent no era un Doctor que haga visitas a domicilio. Él aún creía en el juramento hipocrático y todavía quería sanar a las personas.
Incluso ocultaba casos de fiebre inexplicable hasta que no hubiera más remedio y deba denunciarlo ante las autoridades. Ley que regía hace ya más de cinco años.
Vincent revisó a Carol y tomó muestras de sangre. Le proporcionó grandes dosis de Paracetamol y un corticoide intravenoso.
Carol tenía una enfermedad autoinmune y la fiebre se debía a una inflamación de sus articulaciones. La fiebre reumatoidea que ella padecía no la mataría hasta los 79 años. Tiempo en el cual la fiebre roja era solo un mal recuerdo para los médicos como ella y su padre adoptivo.
Vincent miró a los ojos de Carol y veía a Susanah. La vió sonreir y aún podía escuchar su sonrisa.
Al ver a Gerald, no pudo evitar sentir un rencor que nunca acabaría. Luego de atender a Carol. Vincent mintió en que debía revisar a Gerald. Éste accedió muy agradecido mientras Vincent fue a buscar una jeringa para extraerle sangre. El resultado fue que la salud de Gerald estaba en óptimas condiciones salvo por algunos indicios de deshidratación. Para continuar con su falacia, Vincent fue a buscar un suero para solucionar el problema ante la mirada de agradecimiento del que había conquistado al amor de su vida.
Cuando Gerald, cuatro horas antes de morir, le dijo a su ex amigo que lamentaba mucho todo lo ocurrido con Susanah, pudo sentir como el virus de la gripe porcina atravesaba su torrente sanguíneo.

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