Hambre

1

Un grupo de científicos y una reportera se dirigen a un bosque situado en el extremo norte de Canadá. El mismo ha permanecido congelado y desapercibido por el ojo humano por siglos. La expedición estaba conformada por 15 personas. Liderada por la científica Rachel McGrath y su esposo Carl McGrath. En la comitiva también se destaca la reportera del periódico canadiense Susan Smith, que tuvo que cancelar sus merecidas vacaciones para cubrir un hecho que podría ser trascendental para el periódico en el que trabajaba. Los verdaderos motivos de Susan, por supuesto, no eran únicamente el éxito mediático y económico de The Independent. Sino que estaba tras el puesto de jefe de redacción que creía conseguir si la noticia del bosque congelado era un éxito.

Rachel y Carl utilizaron todos sus ahorros para conseguir el equipamiento y recursos necesarios para el viaje. Deberían acampar y asegurar el alimento para trece personas más durante cuarenta días. El grupo estaría conformado por becarios e investigadores de la universidad donde Susan trabajaba.

Carl, no trabajaba en la universidad. Él trabajaba en el hospital general de Cornwall, una ciudad de no más de 45000 habitantes que se encuentra al sureste de Canadá. Carl era médico cirujano y amaba profundamente a Rachel. La acompañaría a donde ella fuese. Sobre todo, porque en la expedición iría Mike Owen. Mike era un compañero de trabajo de Rachel el cual Carl tuvo la oportunidad de conocer en la primer reunión de Navidad que organizó la universidad. Desde ese momento, Carl notó el ser despreciable que era Mike. Su personalidad podía ser servicial y gentil, pero Carl sabía que Mike en el fondo sólo pensaba en sí mismo y en su beneficio personal en cualquier situación.

2

El traslado al bosque fue complicado, como era de esperarse, el clima lluvioso no ayudaba y la temperatura era gélida. Entre las quince personas que viajaban se las arreglaron para llevar todo lo necesario para su estadía. Tiendas y bolsas para dormir, abrigo, medicinas, linternas, agua potable, baterías y, principalmente, la comida.

Además, debían llevar el equipamiento técnico para hacer su investigación. Dicho bosque había permanecido congelado por miles de años y en él se encontrarían diversos fósiles de especies que, tal vez, sean desconocidas para la ciencia.

El primer día, todos colaboraron para establecer el asentamiento. Eligieron un terreno llano próximo a un lago que se encontraba semicongelado. A Carl le pareció buena idea ya que dicho lago podría proporcionales una fuente de agua en caso de que sus suministros escasearan.

Otro grupo fue el encargado de realizar una fogata. Calentar algo de agua y preparar la cena. Ésta consistía en un plato de ramen rehidratable y una ensalada de frutas secas que eran más que adecuadas para un clima tan frío.

Luego de comer, procedieron a dormir. Esa sería la última noche en que tendrían una cena adecuada y un sueño reparador.

3

Al otro día, Carl y Rachel decidieron levantarse bien temprano para aprovechar al máximo la jornada. A las seis de la mañana ya se encontraban en su tienda planificando las tareas del día y a las ocho les pareció una buena idea desayunar junto con a sus compañeros.

En ese mismo momento, salían de sus tiendas muchos de los integrantes. El encargado de la comida era Mike y, haciendo un guiño a Rachel, le muestra la llave que abría el candado donde estaban resguardadas las provisiones. Cuando Mike se acercó a la caja fuerte que almacenaba la comida notó que el candado había sido violado. No hubo necesidad de usar la llave para abrir la puerta de la caja, que tenía cierta forma a cofre que a Mike por un momento le hizo provocar una risa nerviosa. Al abrirla, todos notaron que la comida no estaba allí.

El resto de las personas que conformaban el grupo se sintieron atemorizadas. Si bien, tenían algunas provisiones en sus mochilas, éstas no alcanzaría ni para un día. De alguna manera confiaron en almacenar todas sus alimentos en un sólo lugar y el resultado fue que habían sido robados y ahora estaban en grandes problemas.

Cuando intentaron utilizar sus teléfonos celulares, ninguno de ellos tenía señal para realizar comunicación alguna. Algo esperable. Para ello contaban con un sistema de comunicación por radio para emergencias. Trevor era el encargado y quien conocía cómo utilizarlo. El artefacto era un pequeño transmisor que mediante una batería podía comunicarse con cualquier receptor que capte la señal. A su vez, podía recibir la transmisión de otra persona y escucharla por unos altoparlantes que poseía.

Fueron a despertar a Trevor para que configure el transmisor y envié la comunicación a la Universidad de Cornwall.

Susan también disponía de uno. Mientras ella no lograba más que escuchar estática e intentar, en vano, hablar por el micrófono de su artefacto, se escucharon unos gritos de pánico. Trevor había sido asesinado brutalmente. Rastros de sangre indicaban que el asesino había huido hacia el bosque y no se encontraban sus pertenencias. Entre ellas, el transmisor.

Cuando el resto de la expedición fue a ver la situación en que se encontraba Trevor, notaron con mucho dolor que había sido asesinado por alguna especie de animal salvaje. Su rostro se encontraba desfigurado por golpes y arañazos. En el piso había algunos rastros de pelo que le fue arrancado durante el ataque.

Carl, que era el médico del grupo, tenía más experiencia y estómago para analizar un cadáver. Cuando se acercó y observo mejor la situación notó que a Trevor le faltaba el corazón.

Rápidamente decidieron que debían montar guardia y solucionar el problema de la comida. Otro grupo se dedicó a trabajar con el único transmisor que tenían.

Un joven llamado David entró en pánico y comenzó a gritar que estaban incomunicados y que no tenían qué comer.

4

El bosque era completamente yermo y desolador. Intentaron pescar con una improvisada caña de pescar en el lago pero no obtuvieron resultados. Dejaron por horas pequeñas porciones de su alimento sobre el lago que se fueron hundiendo lentamente. El bosque regalaba un silencio aterrador ante la anunciada oscuridad de la noche.

Rachel se dirigió a la tienda de dormir junto con Carl. Comenzaron a planificar qué hacer, después de todo, todavía era la líder del grupo. Minutos antes habían puesto a votación qué harían con el alimento restante. Cada uno indicó qué suministros poseía y llegaron a la conclusión de que no alcanzaría ni para dos días. El resultado de la votación fue que cada uno racionaría su comida y que conjuntamente seguirían buscando alimento y cómo volver a Cornwall.

Cuando Rachel hubo de cerrar la tienda no pudo pronunciar ninguna palabra frente a su esposo y comenzó a sollozar. Le manifestó sentir culpa por la muerte de Trevor.

Carl intentó consolarla y la rodeó con los brazos. Comieron una porción de su escasa reserva y lentamente se empezaron a quedar dormidos.

El resto del equipo ya estaba preparado para dormir. Disponían de algunas pistolas lanza bengalas y una escopeta que fue llevada por Martin.

Todos habían repudiado la idea de Martin de llevar una escopeta. Martin había explicado que decidió llevarla porque, tal vez, podría aprovechar el tiempo para cazar o practicar tiro. La verdad es que siempre le gustaron las armas de fuego y no la llevó por ninguna razón especial. Hace tiempo que no hace un viaje de campo sin un arma.

Sentado a un lado de la fogata, Martin fue el primero en hacer guardia mientras el resto descansaba. La guardia duraría seis horas y luego sería reemplazado por Mike. Sacó su celular e intentó conectarse a Internet cosa que le resultó imposible. Le pareció un desperdicio tener el celular en sus manos y no utilizarlo. Apoyó su escopeta a un lado y comenzó a jugar una partida de Tetris mientras sus tripas sonaron de hambre rompiendo el sosiego de la noche.

A unos pocos minutos de terminar su turno, Martin escuchó un ruido de ramas y pasos. Tomó su escopeta y le colocó la linterna en la punta. El sonido se acentuaba cada vez más hasta que logró ver una sombra humanoide entre los árboles. Disparó una vez, despertando a todos en las tiendas de dormir.

La sombra pronto tomó forma al acercarse a unos pocos metros de Martin. Su aspecto le recordó a una película de zombies. Jamás había visto a alguien con lepra pero creyó que así sería su apariencia. Este ser se asemejaba mucho a una persona. De unos dos metros y completamente flaca. Desnuda, aunque no podía divisar sus genitales ya que poseía una gran capa de pelaje en gran parte de su cuerpo. Su columna completamente encorvada le daba un aspecto errante y su cara poseía una morfología animal. Con grandes dientes prominentes, orejas puntiagudas y una pequeña cornamenta en su cabeza. Martin, muy asustado, apuntó nuevamente mientras el rostro de la criatura le recordaba esos cráneos de vaca que veía en las películas del Viejo Oeste. La criatura lo llamó por su nombre y se avalanzó sobre él. Sus garras atravesaron su estómago y su cuello. Luego, su enorme mano clavó sus garras en su cuerpo y se lo llevó hacia el bosque. Cuando salieron sus compañeros de sus tiendas de dormir, lograron ver la enorme criatura arrastrando a Martin. Al lado de la fogata se encontraba la escopeta y el celular. La partida de Tetris indicaba “juego terminado”. Esa fue la última vez que lo vieron.

5

El pánico se había apoderado de la expedición. En tan sólo dos días habían perdido a dos de sus compañeros, se encontraban incomunicados y no podían regresar a casa. Debían continuar con el plan de suministrarse alimentos ya que el hambre empezaba a sentirse. Por suerte para ellos, el lago les proporcionaba una fuente de agua. El fuego y las bolsas de dormir los protegían del frío. Luego de la trágica noche en la que Martin había desaparecido decidieron que las guardias eran una necesidad. Pero ahora, serían dos personas quienes montarían guardia a la vez.

Las trece personas que conformaban el grupo, se reunieron a las nueve en el centro del campamento. Algunos se negaban a creer lo que había ocurrido con sus dos compañeros. La histeria se apoderó de muchos de ellos. Casi todos habían visto a la criatura sujetar a Martin y llevarlo con total facilidad.

Rachel sintió que debía encontrarle una explicación lógica al asunto. Les dijo que lo más probable es que un oso haya sido el autor de los asesinatos. Y que si un oso puede sobrevivir en este lugar inhóspito es porque debía tener una fuente de alimento. Carl, secundó a su esposa aunque sabía que mentía. Tanto él como Rachel habían oído a la criatura pronunciar el nombre de Martin antes de llevárselo. Sin embargo, le pareció una buena idea la hipótesis del oso. Ya que es un animal que podría haber perpetrado los ataques, pero que podría controlarse si trabajan en equipo.

Cuando el resto del grupo empezó a sentir más alivio al escuchar las palabras de Rachel. El más viejo del grupo, un científico llamado Peter, la interrumpió. De manera un tanto ruda y hostil dijo que un oso pudo haber cometido el asesinato de Trevor pero jamás el de Martin. Que lo que habían visto el día anterior era obra de una criatura maléfica. Un demonio que los antiguos pobladores llamaban Wendigo. Esta criatura poseía la maldición de nunca saciar su apetito y estar todo el tiempo en busca de carne humana para alimentarse.

Carl interrumpió a Peter. Le dijo que los cuentos de hadas poco ayudaban a la situación que estaban atravesando. Enseguida, esgrimió órdenes para cada integrante del grupo.

Sin embargo, Carl creyó la historia de Peter. Creyó que estaban siendo acechados por el Wendigo. Minutos después comenzó a nevar.

6

Los encargados de la guardia noctura fueron Peter y David. Hicieron una fogata para protegerse de la noche más fría que les había tocado pasar en su corta estadía. La última ración de comida de Peter fue un bocado de turrón de maní. David comió sus últimas almendras.

Rachel y Carl también comían su última ración. Se preparaban para dormir ya que horas más tarde debían hacer guardia. Carl le confesó a Rachel que no era la primera vez que había escuchado el nombre del Wendigo.

De niño, mientras muchos compañeros de clase jugaban videojuegos y practicaban deportes, Carl solía ir a la biblioteca a pasar sus vacaciones. En poco tiempo había leído la mayoría de los libros. En esa época, la biblioteca de Cornwall no disponía de mucho presupuesto y la cantidad de libros era limitada.

Poco le importó a Carl la poca variedad que ofrecía. Y descubrió y aprendió a amar los libros y a autores como Herman Melville, Robert Louis Stevenson, J. R. R. Tolkien, entre otros. Una tarde, recorriendo visualmente los lomos de varios libros que ya había leído notó uno que jamás había visto antes. No era de un autor que él conociera y el título del libro se llamaba Criaturas de leyendas y creencias populares.

Hojeó el libro y sintió la necesidad de leerlo de inmediato. El libro parecía una especie de enciclopedia. Enumeraba alfabéticamente muchos monstruos y criaturas, indicando sus características, zonas geográficas donde se dice que fueron vistos y un retrato dibujado por el autor.

Cuando Carl se acercó a la encargada de la biblioteca para solicitar retirar el libro, ésta le dijo que no estaba disponible para ser retirado. Que debía dejarlo donde lo encontró y que podía llevarse cualquiera de la sección infantil si lo deseaba. Carl, ofuscado por el deseo de leer el libro, lo guardó en su mochila y lo robó.

Ya en su casa, comenzó a enterarse de muchas criaturas que se describían en el texto. Muchas de ellas ya las había escuchado nombrar porque eran muy conocidas. Leyó sobre el Yeti, Lobisome, Cthulhu, Seth, Nyarlathotep, entre otros. Descubrió que muchos eran similares y cambiaban el nombre y algunas características según la zona geográfica. Otros, simplemente eran transcripciones de relatos de terror como Cthulhu que los había leído en cuentos de H.P. Lovecraft.

Entre todas esas criaturas, el Wendigo es quien más temor le causó. El hecho de que sea un monstruo con aspecto humanoide le provocó escalofríos. También sintió miedo porque el Wendigo era castigado por un ser más poderoso que él. Condenándole a sentir hambre por toda la eternidad.

Carl intentó leer más acerca de ese autor. No era reconocido y no pudo encontrar más libros de esa persona. Lo que él tenía en sus manos era una traducción ya que el autor era argentino. Vivió toda su vida en una ciudad llamada Taluhet en la Provincia de Buenos Aires.

Carl se sentía avergonzado por haberle confesado a Rachel aún temerles a esas criaturas, le dijo que recordaba la leyenda del Wendigo casi de memoria porque fue la que más miedo le generó. También recordaba que el autor llamaba al Wendigo con otro nombre. Buscó ese nombre en el libro pero no pudo encontrarlo. En ocasiones lo llamaba Ithaqua.

7

Peter y David se acercaron a la fogata porque se estaban congelando. Había dejado de nevar pero una leve brisa hacía que el clima sea gélido. El viento producía un sonido aterrador entre los árboles que quebraba el silencio de la noche. De repente, un vendaval sopló directamente contra el campamento. El fuego se movió hacia varias direcciones y se escuchó claramente una voz a lo lejos. La voz pronunciaba el nombre de Peter. Ambos guardias se alistaron y Peter sostuvo la escopeta que era de Martin. Unos remolinos se acercaban hacia ellos trayendo unas hojas secas consigo. El nombre de David se escuchó entre los árboles. Peter sintió pánico y disparó a la oscuridad de la noche.

Un ventarrón sopló fuertemente y levantó algo de la nieve que se encontraba en el piso. Una especie de tornado generó un cúmulo de nieve dominado por dos ojos brillantes. La criatura tenía aspecto humanoide y medía más de tres metros. Parecía poder controlar los vientos pero podía moverse a voluntad sin la necesidad de ellos. Peter intentó dispararle pero fue demasiado tarde. Con un simple resoplido la criatura logró congelar los corazones de ambos. El resto del grupo permaneció en sus carpas. A excepción de Rachel, Susan, Carl y Mike que habían visto todo. Ithaqua sopló una vez más y envolvió en una crisálida de hielo a todos los que no salieron al rescate de Peter y de David. Luego, todos los vientos calmaron de golpe y la criatura desapareció.

8

La expedición debía durar 40 días. Los cuatro sobrevivientes llevaban en el bosque más de dos meses. Hacía más de un mes que no habían probado ningún alimento. Lo único que comían era nieve y lo único que mantenía esperanzada a Rachel es que sus compañeros de la universidad ya debían de haber mandado un equipo de rescate. Cada mañana al abrir los ojos soñaba con ver soldados y socorristas. Pero eso nunca ocurrió.

Por las noches, aún se escuchaba en el silencio del bosque el nombre de algunos de ellos. Algo los llamaba pero ya no montaban ninguna guardia. Cerraban las carpas y apagan toda luz hasta el próximo día.

Al amanecer del día número 63, Rachel tomó con sus pocas fuerzas parte de su equipamiento y decidió comenzar la investigación de los fósiles que la llevaron al bosque. Carl, temiendo que su esposa haya perdido la razón. La acompañó y llevó la escopeta.

En la otra carpa, Mike observó la situación. Tomó un cuchillo y los siguió. Susan comenzó a escribir todo lo sucedido en un anotador. Sus textos comenzaron a ser una especie de diario relatando todo lo sucedido en la expedición. Escribió en detalle los asesinatos de Trevor, Martin, David y Peter. Contó también como lograron romper las crisálidas de hielo que encerraba al resto de sus compañeros. pero no hubo sobrevivientes debido a la hipotermia. Guardó el anotador en una bolsa que lo protegería de las inclemencias del tiempo. Luego, se suicidó.

Rachel comenzó a excavar en una zona que, estando en situaciones normales, podría haber sido un buen lugar para comenzar la búsqueda de fósiles. Trabajó a destajo con sus pocas fuerzas y en ocasiones le permitía a Carl ayudarla con la excavación.

El frío se empezó a sentir en la tarde y Carl le pidió a Rachel volver al campamento. Rachel no le hizo caso y continuó con la búsqueda. Horas más tarde Rachel se quedó sin fuerzas y cayó al piso. Carl la tomó en sus brazos y midió su ritmo cardíaco. Luego de que su esposa muriera, Carl escuchó su nombre entre los árboles y tomó la escopeta. Apuntó al frente aunque su visión se encontraba borrosa por las lágrimas y el hambre.

Mike lo sorprendió por detrás y clavó el cuchillo en su espalda perforándole un pulmón. Carl no pudo ni quiso luchar. Se entregó a su muerte soltando el arma. Mike tampoco tenía muchas fuerzas. Estaba muriendo de inanición. Clavó fuertemente el cuchillo en el pecho de Carl y tomó su corazón.

Mike volvió a alimentarse después de más de cuarenta días. Mientras desgarraba la carne, miraba su cuerpo que había perdido más de 20 kilos. Sus manos manchadas de sangre y barro comenzaron a transformarse en garras. Por más de que Mike se alimentara del cuerpo de Carl, jamás pudo calmar su apetito. Estaba condenado a sufrir hambre y frío para siempre por haber cometido canibalismo.