Las aves

1

Madeleine es una niña de casi 5 años. Tiene un potencial enorme, es muy inteligente y observadora. Desgraciadamente, algunas flores hermosas crecen en el pantano. Sus padres son personas horribles. No sólo nunca la quisieron, sino que se encargan de recordárselo cada día con maltratos y humillaciones. Su padre se llama Víctor, está por cumplir cuarenta años y es, por naturaleza, un ser violento. Trabaja en una fábrica de muebles ocho horas por día y al terminar su jornada laboral, no hay día que no pase por el bar a malgastar su magro sueldo en alcohol barato. Esto lo envalentona a llegar a su casa con ganas de desquitarse con Madeleine y su madre Helen.

Helen trabaja medio tiempo en un supermercado. Lo hace mientras Madeleine va a un jardín que es lo único en lo que sus padres invierten. No porque les importe su futuro sino que es la única manera que encontraron de poder trabajar sin tener que preocuparse por la pequeña. Helen también es alcohólica y desprecia con todo su corazón a Víctor. No puede dejarlo porque le tiene miedo. No sería la primera vez que Víctor, un poco pasado por el alcohol y la cocaína, decide golpearla hasta dejarla desmayada. Helen odia a Madeleine también. Esa mocosa fue la razón por la que tuvo que casarse con el perdedor de su marido.

Madeleine atraviesa su niñez entre insultos, golpes y escenas de sobredosis de todas las drogas imaginables. Basta con ver a su padre con ese polvo blanco y a su madre con la botella de whisky para saber que es mejor jugar sola y en silencio. No lo sabe aún pero está creciendo triste y deprimida.

2

Un viernes por la mañana, Helen tomó a Madeleine de su cama y la llevó al parque. Por supuesto que su madre no destinó tiempo para arreglar a su hija para salir. No hubo trenzas que terminaran en moños de colores. No hubo perfume de princesas ni vestidos que hagan juego con los zapatos. La niña salió con el pijama y unas zapatillas que le iban algo ajustadas.

Lo que sí se percató Helen de hacer antes de salir es de tomar dos vasos de whisky. Algo que era habitual cuando no tenía que ir a esa mierda de supermercado, como solía decir en frente de la niña.

Llegaron a la plaza cerca de las once de la mañana. Helen se proponía reunirse con una vieja amiga. Con ella charlarían un rato en un banco de la plaza, tomando una cerveza y hablando pestes de sus maridos, sus empleos y porqué no debían haber tenido hijos. Los niños de la amiga de Helen estaban en el colegio. Madeleine no fue ese fatídico viernes a su colegio, ya que su madre no se levantaba temprano en sus días libres para llevarla al jardín.

Esa mañana nublada de Mayo era bastante fría. Madeleine no tenía suficiente abrigo y podía sentirlo. No valía la pena decirle a la madre que tenía frío. A su corta edad ya sabía que eso no cambiaría en nada la situación. Se propuso a jugar en el arenero de la plaza y a observar las hojas que aún caían de los árboles. Los animales de la plaza también eran algo que le fascinaban. Había algunas palomas, insectos y sapos. Algunos reflejos de un sol que intentaba asomar le hicieron sentir que ese día no era tan malo después de todo.

Cerca de las 11:30, la niña posó su mirada en un ave muy extraña. Madeleine tenía especial atracción hacia las aves y siempre intentaba tocarlas. Cosa que no era posible. El ave en cuestión se posó en la vereda que daba a la calle Uruguay. Avenida que se caracterizaba por un tránsito muy concurrido. El ave -completamente negra como la noche- graznaba a la niña como invitándola a seguirla.

El cuervo se posó en la avenida y miraba a Madeleine con sus ojos rojos. La niña, como en trance, intentó hacer lo que siempre quiso hacer con las aves. Tocarla. El animal parecía haberla hipnotizado. Maddy, que tenía un potencial enorme, muy inteligente y observadora jamás escuchó las bocinas del camión que, a pesar de los esfuerzos de su conductor, no pudo frenar a tiempo.

3

Rose recibió en la terapia intensiva a la niña y a la madre. Madeleine tenía múltiples fracturas y contusiones en la cabeza y cuerpo. La sangre fue limpiada por los paramédicos pero en su ropa aún podían verse vestigios del terrible accidente. La niña estaba en coma y sorpresivamente aún vivía después de ser atropellada.

Su madre la acompañó y aún olía a whisky barato. Rose, una joven y gentil enfermera, odio a Helen en ese preciso instante. Notó como la madre de la niña no parecía preocupada en lo más mínimo. Aún continuaba charlando con su amiga y comunicándose por celular. Envío un mensaje de texto a Víctor para ponerlo al tanto de la situación. “Un paraguayo imbécil atropelló a Maddy. Estoy en el Hospital Belgrano”.

Víctor llegó sobrio, lo cual era todo un acontecimiento. Estaba bastante limpio de alcohol y cocaína pero su naturaleza violenta permanecía intacta. Llegó furioso al hospital para hablar con los policías y con Helen. Logró sobornar a un policía para obtener la dirección del conductor. Un hombre paraguayo de 53 años que vivía cerca del hospital. Y que poca culpa tuvo en el accidente.

Víctor le dijo a Helen que ese perdedor hijo de puta no viviría para manejar otro camión. Que nadie mata a la hija de Víctor. También le amenazó por permitir que el accidente sucediera. El padre de la niña no habló con ningún médico, no la fue a ver, no supo que la niña aún estaba viva en estado de coma.

4

Víctor pasó por su casa a consumir cocaína y luego iría al bar a tomar un poco de ginebra para proceder a matar al conductor del camión. Helen, escuchó desinteresadamente lo que el médico le dijo acerca de Maddy. La niña esperaba un milagro para seguir con vida y, de ocurrirse el milagro, debería tener una lenta recuperación.

Rose cuidaba a la niña con amor de madre. A pesar de su corta edad pasó todo el tiempo posible con ella. Cuando finalizó su horario de trabajo se quedó cuidándola varias horas más.

Helen, sin embargo, estuvo un rato en la habitación mientras utilizaba su teléfono. Esperó impacientemente la finalización del horario de visitas para, al fin, poder irse a su casa. No esperó a que Rose le dijera que podía quedarse si lo deseaba. Helen necesitaba un trago más de lo que necesitaba saber si su hija viviría o moriría.

Al llegar a su casa notó que las luces del living estaban completamente apagadas. Se sintió aliviada porque imaginó que Víctor se estaría emborrachando en el bar. Tomó un vaso y se acercó al mueble donde lucían su arsenal de botellas. Víctor la sorprendió con un golpe de puño en la sien. Helen intentó ponerse de pie pero su marido se encargó de proporcionarle golpes en todo su cuerpo con sus zapatos de trabajo. Esos zapatos tienen una protección especial en la punta para evitar accidentes. Curiosamente, resultaron un arma muy efectiva ante las costillas de la pobre mujer.

Helen quedó desmayada. Nada de ella se movía, salvo por la sangre que corría por su cuerpo hacia el piso. Víctor limpió sus zapatos y se dirigió al bar. Era momento de recobrar valentía para asesinar al conductor.

Víctor no supo que minutos después Helen se levantó malherida. Pensó que debía ir al hospital a atenderse sus heridas. Calculaba tener varias costillas rotas y sus órganos fueron severamente afectados por los golpes de quien juró amarla y protegerla hasta que la muerte los separe.

Helen recobró sus fuerzas para tomar unos vasos de whisky. Asió las llaves y antes de salir de su casa se quedó mirando una colección de cuchillos que Víctor compró compulsivamente en su viaje de luna de miel. Eligió un cuchillo de plata que tenía marcado el nombre de su marido y se dirigió a la puerta principal. Al pasar por una ventana, notó un ave completamente negra de ojos rojos que se encontraba en el parque. La observó unos segundos mientras presionaba el filo del cuchillo con todas sus fuerzas. Furiosa y propinándose un corte en la mano decidió dirigirse hacia el bar.

5

Víctor miraba un partido de fútbol en la televisión mientras tomaba su tercer vaso de ginebra. Esperaba el regreso del paraguayo a su casa para hacerle una visita. En la televisión, Lanús no se sacaba ventajas con Gimnasia de La Plata. El partido lo aburría. De repente, en el encuentro ocurrió un pintoresco y raro suceso. Un cuervo perseguía la pelota ante las risas de los espectadores y el relator. Víctor llevaba el vaso de ginebra a su boca y estaba a punto de esbozar una sonrisa cuando la punta del cuchillo que tenía su nombre penetró su cabeza a través de la oreja derecha.

La sangre discurrió desde el oído interno hacia el vaso tiñiendo su trago de un color rojo brillante. Helen le proporcionó tres puñaladas más. Una en cada ojo y la última en el cuello. Víctor apenas pudo sostener débilmente la mano de su esposa que soltó el arma homicida. El cuchillo, que Víctor había comprado compulsivamente, cayó al piso provocando un sonido argentino que hizo eco en el bar vacío.

Los ojos del hombre que ya había dejado de existir se tornaron rojos. Helen recordó al pájaro que vio en su casa antes de salir corriendo del bar.

6

La mujer, que había asesinado a su esposo, todavía tenía pendiente un homicidio más. Consumió algo de la cocaína de su marido. Agarró un manojo de pastillas del botiquín del baño y tragó el cóctel de fármacos con lo que quedaba de la botella de whisky.

Empezó a sentir dolores en su vientre mientras observaba al cuervo alimentarse del corazón de otro animal.

7

Al otro día, Rose se enteró de lo sucedido con los padres de Madeleine. Al igual que todo el país, la historia de la niña huérfana que estaba en coma y que ya no tenía a nadie en este mundo era tapa de todos los diarios y noticieros. Es que Maddy no tenía abuelos ni tíos. De todas maneras, aún no se sabía si algún día despertería para saber que no tenía padres.

Rose abrió la ventana de la habitación de Maddy y rápidamente fue a atender a los demás pacientes que tenía a su cargo. Quería volver lo antes posible para pasar tiempo con Madeleine.

Tardó unos quince minutos en tomar la temperatura de un adolescente que no paraba de decirle lo fuertes que eran las erecciones que la joven enfermera le generaba y ayudó a una anciana a ir al baño para luego volver a la habitación de la niña.

Al entrar vio a Madeleine con los ojos abiertos mirando por la ventana. La niña parecía dolorida pero estable. Rose sintió que Madeleine estaba fuera de peligro.

La niña miraba un ave que estaba posada sobre el marco de la ventana. El pájaro era blanco como la vida. Voló hasta la cama de Maddy y la niña estiró su mano para tocarla. Madeleine tenía especial atracción hacia las aves y siempre intentaba tocarlas. Al ave no le molestaron las caricias de la niña. Luego miró a Rose y sonrió. La enfermera joven y gentil supo en ese momento que iba a adoptar a Maddy.

Fin