Valera la ciudad invadida
Desde Maracaibo a la ciudad andina venezolana los cambios han sido a favor de un solo color.
La ruta invadida
Aire puro versus el humo de vehículos que colapsan calles y avenidas. Aceras estrechas, motorizados en una especie de locura de carreras sin dar paso a quienes transitan sus calles: Valera, estado Trujillo (Venezuela).
Llegar allí requiere de espera y paciencia, unos 224 kilómetros y tres horas con 15 minutos separan a Maracaibo con la ciudad andina. Los colores y contrastes cambian durante la ruta, la prudencia en una deteriorada vía hacen del trayecto sigiloso.
Luego de pasar el Puente Sobre el Lago de Maracaibo, el trayecto largo se hace entretenido. Obras de ampliación de una autopista que conecta con el estado Lara, muestran lo que será el futuro del trayecto, más canales y vehículos por la carretera.
El humo, ya no el de los vehículos sino el de decenas de fogones se mezclan con la bruma que circula justo cuando el sol, se torna naranja y emerge del horizonte; hombres y mujeres desde temprano salen arreglar sus puestos para la venta de cachapas o la famosa arepa pelada.
La estigmatización de colores rojo, negro, blanco y su peculiar estrella dejan el sello característico del movimiento político en casas hechas con láminas de metal o bloque. Su bandera hace pensar que allí estuvieron: los Tupamaru. A cada kilómetro la “presencia” de los insurgentes denota que a los lugareños ya nada les pertenece a excepción de la “Patria Bonita”.
De colores partidistas y olores a leña, el recorrido cambia progresivamente. Árboles más grandes, pinos y hectáreas llenas de ganado. Pero la distinción que embellece el trayecto es el amarillo, color que distingue al resto de especies de plantas; el Araguaney cuya floración ocurre entre febrero y abril, dejó en mi rostro la satisfacción que, pese a toda amenaza contaminante el árbol nacional lucha por mantenerse libre y firme en cada rincón del país.
El verde ya no sólo se visualiza en las plantas, varias son las paradas en alcabalas militares de la Guardia Nacional Bolivariana (GNB) donde el reiterado color se manifiesta de otra manera. Entre requisas, miradas intimidatorias y decomisos de alimentos, están siempre la mirada fija del “comandante”, esa que utilizó Hugo Chávez antes morir para dejar su legado mediático en un país donde hoy y desde el 12 de febrero, cientos de venezolanos luchan contra quienes se hacen llamar la “Guardia del Pueblo”. Al igual que otros estados progobierno la imagen del fallecido presidente está presente: casas, edificios y vallas, muestran con insistencia el legado.
Todos invadidos
La Valera del siglo XXI se debate entre caos vehicular y la lluvia mañanera andina, así como la mirada de Chávez en lo alto de un edificio o una mirada perdida de Nicolás Maduro puesta en una valla a su entrada que, si bien no estaba mirando algún pajarito, diera la impresión que se encontraba en una especie de éxtasis de lo que serían sus planes para seguir dándole patria al pueblo venezolano.
José Gregorio Hernandez, el santo medico venezolano oriundo de Isnotú, acompaña a cada ruta de transporte, la imagen se matiza con la marca del autobús Encava y a su vez el humo impregnando sus calle. “Aquí no se puede caminar”, decía una mujer con su niño en coche el cual recibió la carga de dióxido de carbono, pese a ello la progenitora sin remedio opto por seguir su camino y no replicar al respecto.
Pues tal parece que la frase de bienvenida al casco central de Valera de, “Trujillo noble con su pueblo”, esta equidistante de la realidad citadina. Llegar al terminal es adentrarse al pasado y abandono de la administración municipal y regional.
El país sufre el evidente deterioro del sistema social, político, económico y cultural. La presencia de ya no sólo de cubanos se refleja desde lo rural hasta lo urbano. Médicos cubanos, militares cubanos, todo a la “cubana”.
Aun cuando la comunidad internacional no reconozca la “invasión” de los Castro en Venezuela, para el chofer que apenas sobrevive con su autobús (Encava) y cuya odisea de conseguir algún repuesto o hasta gasolina, debe sumarle más problemas.
La invasión cubana ya no sólo es militar, social o política, a ellos se suman los chinos. ¿Por qué los chinos? “No a la invasión de rutas”, expresa uno de los tantos mensajes colocados en los vidrios de la mayoría de autobuses, busetas y vehículos de cuatro puertas, este sería el principal problema de quienes viven del volante.
“Señor por qué tienen ese mensaje, es acaso por la crisis en el país”, el conductor de la ruta Valera — Maracaibo, explicó que el mensaje está muy lejos de la crisis actual, esta tendría que sumarse.
“Eso es porque desde el año pasado llegaron unos autobuses del convenio China-Venezuela y el Gobierno Nacional está por incorpóralos en varias rutas pero gratis, por eso es que llevan ese mensaje escrito. Eso va traer problemas los choferes, ninguno quiere esos buses”.
Y pensar que las guarimbas o cacerolas harían efecto, pues queda esperar que consecuencias traiga la crisis actual en el país. Lo que sí se desconoce es si la “invasión” planteada por los choferes del estado Trujillo llegará a ejecutarse.
Queda esperar si la invasión ya no solo de buses o cubanos, podrá cambiar la visión de país del venezolano. Tomando siempre ejemplo los mensajes, en especial aquel que se encuentra a la salida de Valera, “La clave de la vida es prevenir”, no queda otra cosa que hacerlo, de lo contrario sin prevención seríamos víctima de algo peor que una invasión.