Una charca tuvo la culpa.

Un meteorito cayó en las profundidades del bosque azul aunque pasó inadvertido porque nadie osaba adentrarse.

Mi nombre es Juanito. Hace mucho calor. A mi alrededor las coladas están tendidas al sol. En casa ha aparecido un agujero en el suelo. Sin motivo. Mis padres ni se preocuparon de arreglarlo y se marcharon de vacaciones.

Algunos días después, algo llama mi atención. Una musiquilla. Cerca de casa no vive ningún músico, lo que aumenta mi curiosidad. Aunque soy una persona insegura, busco hasta averiguarlo. ¡Proviene del interior del agujero! Sin importarme mis miedos, lo que pensaran mis padres ni el castigo, corro por una pala.

Conforme cavo, mejor se oye. Sin advertirlo, me veo enmedio del claro de un bosque. Alguien me llama. ¡No es alguien! ¡Es un espejo!

Me sitúo enfrente y puedo ver que mi imagen me habla.

- Juanito. ¿Me oyes, Juanito?

- Sí, te oigo.

- Si quieres lograr tu deseo, tendrás que llegar al castillo morado y entregar el tesoro que allí guardan a la princesa.

Tras unos momentos, le contesto airado.

- ¿Cómo llegaré? ¡No sé dónde estoy! ¡Desconozco el camino!

- ¡Eso no es importante! ¿Quieres cumplir tu deseo?

- … ¡Claro! -dije abrumado.

- Ya sabes dónde. El cómo es 42.

Enfadado, me agacho, cojo una piedra y lo rompo. Me desmayo.

Despierto sin saber dónde estoy. Me incorporo y me froto los ojos, incrédulo. Ante mí, tres castillos exactamente iguales. No veo a nadie para preguntarle. Suspiro resignado y me siento a esperar que alguien aparezca.

Llegó el atardecer. La caída de los soles generó una preciosa variedad de colores sobre los castillos. Ahora puedo ver mi destino.

Corro hacia el interior. Busco un cofre. En mi camino no me encuentro a nadie. Subo por las escaleras y, arriba de una torre, hay una caja fuerte y una niña, al lado, llorando desconsolada.

- Hola- le dije.- ¿Cómo te llamas?

- Soy Teresa.- me dice compungida.

- No te preocupes, te ayudaré.

Recordé el cómo. Abro la caja. En su interior, una diadema. Se la coloco. Sonríe y me besa. Me mareo y el mundo empieza a cambiar.

Os tengo que dejar que he visto una charca estupenda donde quiero pasar el resto de mis días.