Instantánea

Temblamos entrelazados, cegados, casi en silencio.

Sólo el sudor marca el límite de nuestras pieles.

Sólo el amanecer marca el sutil límite entre realidad y sueño, entre rutina y delirio.

Plano/ Contraplano

Saboreo tu nombre mientras lo deletreo una vez más. Me deleito en cada letra, en cada pausa, en cada golpe de voz… cierro los ojos y me traslado a otro tiempo y a otro lugar, muy alejados ya de mí mismo.

Navego por ese espacio inventado, embriagado por el dulzor engañoso de tus recuerdos, embaucado por los caprichosos trampantojos de la memoria.

Cuando regreso, adivino una pequeña hebra de luz asomando temblorosa entre la maraña de ovillos entrelazados a que había quedado reducido mi cuarto.

Interludio

Cuando el viento anució la llegada del invierno, aún se estaban reconociendo.

Se estudiaron concienzudamente, intentando aprenderse con la calma que dan las certezas dibujadas sin prisa.

Mientras trazaban el mapa del deseo, retenían el tiempo entre los dedos sin apenas titubeos, creyéndose eternos.

Pero el calendario es un implacable devorador de momentos… y pronto, muy pronto, llegó otro invierno.

Salida de emergencia

Mientras me preguntas inquisitorialmente, clavando tu mirada en mis ojos apagados, busco escapatorias invisibles por los confines del cuarto. Navego por rincones, esquinas y grietas, recorro con la vista el techo y las paredes… hasta que reparo en que, entre la ropa que hay junto a la maleta a medio hacer, asoma, tímidamente, el gancho de una percha.

Su gesto interrogante y vacuo me da la clave que buscaba para responderte.