Sueños
— — — — — — — — — — — — — — — — ->Banda sonora

Rada está pensativa frente a la Escuela de sus sueños. Fue construida sobre un cementerio sacrílego de brujas, suicidas y excomulgados. Observa el edificio desde la distancia con una mezcla de temor y osadía. Los exámenes de arpa mandinga están a punto de comenzar: coordinar una pieza musical con su vara y las formas mágicas que cree la fuente del Girasol. Sólo tiene que cruzar el puente de los dragones y logrará ser psicomante. De repente, surge del empedrado del puente una maléfica nahual. Agarra el aire con la mano, realiza unos pases de hechicería y tras mostrar una mueca de sonrisa, deja a Rada patidifusa. Ruidos espeluznantes. Visiones de hogueras, hitos y magas ahorcadas. De repente, el suelo retumba. Hades aparece frente a ella con el escudo y la espada de Zeus. De un mandoble quiebra el puente y surge la barca de Caronte con la Muerte.
Aterrada, corre hacia la entrada del edificio perdiendo algo el resuello. Busca impulsarse y en su salto alcanzar el otro extremo. El deseo la motiva. Los rayos y los truenos la acosan. Parece que no lo logrará y la muerte la transportará hacia el infierno de Hades sin posibilidad de retorno.
Los dragones tornan a la vida. Chillán, agitan sus cabezas.
Llega ante el abismo, coge todo el impulso que puede, salta y … Llega al otro extremo. A duras penas. Se resbala… Se agarra a los restos que surgen hacia el vacío. Logra asirse y con gran esfuerzo alcanza la plataforma. Vuelve a correr, está al límite de sus fuerzas. Entra en el edificio. Avanza hacia los ascensores. Quiere llegar al auditorio. Entra en uno y pulsa la planta -2. Resopla mientras la cabina desciende con suavidad. Lentamente marca entresuelo, planta -1, planta -2… Inesperadamente no se detiene. Continúa descendiendo, cada vez más deprisa. Rada desconoce dónde se detendrá. El pánico se apodera de ella. Ninguno de los botones responde a las sucesivas pulsaciones desesperadas. No comprende lo que sucede. Finalmente, se detiene en seco. La puerta se abre. Se trata de incorporar, pero no ve nada fuera.
No hay suelo, ni techo, ni paredes.
Sólo gélido vacío, silencio y profunda oscuridad.