Collage del portafolios del estudio Eramos Tantos de Manuel y Christian Cañibe

About graphic quality

Este textito surge como una opinión sobre el artículo Acerca de la calidad gráfica de Norberto Chaves, publicado recientemente en Foro Alfa.

«…la calidad de la gráfica, de la comunicación gráfica, es producto de la cultura gráfica; pues la comunicación no es sino la cultura en circulación y la cultura es comunicación en estado latente».

Una norma de calidad no nace como tal. Cuando hablamos de calidad nos referimos a estándares que fueron adoptados como una norma que cumple con criterios de eficacia y eficiencia, y que además no deberíamos alcanzar sino sobrepasar. En esa dinámica de mejora continua se produce la calidad.

Cuando tomamos como ejemplo, para ilustrar lo que es la calidad gráfica, obras que han trascendido en el tiempo por su valor; entendemos que necesitamos conocer el contexto en que fueron producidas para realmente aproximarnos al valor que los expertos les han otorgado. Estas obras no nacieron significativas sino que se han cargado del juicio de quienes ostentan un nivel superior del conocimiento de dicho campo y mediante un discurso bien elaborado, generalmente de corte positivista, lógico, racional; se nos presentan como la norma, válgase la redundancia, porque cumplen con criterios estrictos de eficacia y eficiencia.

Esto deja entrever el recelo que causa la dicotomía subjetividad-objetividad para quienes han adoptado y defienden una de estas posturas.

Para aclarar este meollo, diremos que el campo de la comunicación visual goza de la virtud de combinar conocimientos técnicos, éticos y científicos. Si alguien aspira a formar o formarse como diseñador deberá construir su mentalidad con base en estos tres tipos de conocimiento.

Esto podría significar que, la comunicación visual abarca aspectos tanto objetivos como subjetivos, cuyo reto es distinguir unos de otros. Es un arte deliberativo, que se apoya en la estética pero que además trasciende lo decorativo en busca de la persuasión, la función. Al hablar de calidad gráfica no deberíamos limitar el concepto a la estética de lo gráfico, no así al contexto y circunstancia.

La calidad gráfica por ende debería entenderse como un producto de la innovación, claro está, en la producción gráfica; que abarca no sólo la parte técnica (de aparatos, instrumentos, herramientas, procesos, sustratos) sino que también implica la carga intelectual y el componente estético.

Hay parámetros para medir la calidad gráfica de una obra pictórica como los hay para valorar un afiche publicitario, señalético o de otro tipo.

Hasta hace poco la técnica era el parámetro en obras pictóricas, digo hasta hace poco, porque sabido es que se ha manifestado en la pintura un despojo de la técnica. La maestría con que se empleaba la técnica permitía que la obra adquiriera un mayor valor. Pero sólo aquellas que trascendían lo establecido, el Zeitgeist ; eran consideradas referentes para nuevas tendencias (siempre lo que llega primero resulta principal).

Me parece importante señalar que, todo arte antiguo era un pretexto para el conocimiento. El estudio de la mecánica del cuerpo que los griegos desarrollaron en sus obras escultóricas dieron lugar a obras sublimes. La sistematización del conocimiento implicaba volverlo significativo, extrañamente, la mentalidad frívola que se ha propagado entre las sociedades menos sofisticadas y de hábitos primitivos (no como un despectivo, sino entendiéndolo como parte de un proceso) busca lo simple, lo fácil, lo inmediato, cuyo método desencanta y decanta en producciones carentes de calidad, generalmente.

Adquirir la capacidad de identificar la calidad gráfica en una obra es una cuestión intelectual, uno puede ser un simple espectador y mirar, y mirar, y mirar… o bien podemos empezar a cuestionar, y al cuestionar, nos convertimos en espectadores emancipados (Jacques Rancière). Sin embargo, ver no basta, es necesario hacer.

Ver, Cuestionar y Hacer es la fórmula. La variable oculta es ¿Qué vemos y cómo vemos?, ¿Qué hacemos y cómo hacemos?, ¿Qué cuestionamos y cómo cuestionamos?

«Si sigues el camino que otros siguieron, llegarás a donde ellos llegaron».

Ahora bien, ¿cómo se enseña y se evalúa la calidad gráfica en el proceso de aprendizaje de nuestros estudiantes de diseño gráfico?

En primera instancia, diremos que es imposible transmitir el conocimiento, este se construye. El docente no construye el conocimiento en el discente, sino establece los andamios para que este, el discente, sea quien construya su propio entendimiento.

Si algo podemos aprender de las grandes obras de diseño gráfico, es que todas tuvieron un contexto determinado, que son el producto de una mente sofisticada y el arte de unas manos diestras.

Al estudiar las piezas de diseño, el docente y el discente deben indagar sobre la aplicación de la técnica, la retórica y la circunstancia de dichas piezas. Está demás decir que no podrá omitirse al autor. Este conocimiento permitirá tener noción del por qué dichas piezas han adquirido tanto valor.

No deberíamos olvidar lo que se planteo al principio, que no es el objetivo emular las referencias sino trascenderlas. El ejercicio constante del discente por mejorar en cuestiones técnicas e intelectuales así como el aprovechamiento de las oportunidades que brinda determinado contexto, perfeccionarán su producción gráfica y por ende contribuirá a la calidad gráfica.

La calidad que manifiesta el diseñador es la proyección de su propia mentalidad.

En cuestiones de evaluación, habrá que diagnosticar el conocimiento que el discente tiene respecto a la cultura gráfica, verificar el proceso de aprendizaje mediante evidencias y efectuar una acreditación general de los conocimientos y competencias adquiridas. En este punto, ambos actores del proceso de enseñanza-aprendizaje son responsables de aplicar la evaluación, es decir; es fundamental que el discente sea evaluado por el docente (heteroevaluación), pero también que se evalúe a sí mismo (autoevaluación) y que sea evaluado por el grupo (coevaluación). De esta forma la evaluación es integral.

Para este caso, considero que la categorización del rendimiento no debe ser cuantitativa, sino cualitativa; y apoyarnos en notas: excelente, sobresaliente, distinguido, bueno, suficiente, deficiente y muy deficiente. Por cuestiones administrativas quizá, sea necesario hacer una conversión numérica.

Los parámetros sobre los que se debería evaluar la producción gráfica de los discentes, serían la aplicación y uso del espacio, la forma, el color, la luz, el texto, la composición, la sintaxis visual, el concepto, la narrativa, el discurso, la argumentación, la destreza con la técnica y las herramientas, en fin, de todo aquello que conforman los principios y elementos de la comunicación visual.