La escuela del diseño gráfico

Uno de los grandes problemas que se enfrentan en la formación de los diseñadores son las competencias con las que cuenta el docente. Ante esta variable debemos anteponer que actualmente hay estudiantes que ingresan al nivel superior ya no digamos con dificultades por saber a qué dedicarse, sino con serios problemas existenciales, llegan sin encontrarle sentido a la vida. Suena extraño quizá, porque tal vez no fue nuestro caso.
Así pues, considero que el alumno debe ser orientado a comprender que la mayor responsabilidad de su formación recae en él.
Esto podría brindarle armas para enfrentar el tipo de escuela, el sistema educativo, el perfil del docente, el ambiente escolar, el grupo, etc. Siempre que él sea el primer interesado.
Una vez aclarado este punto, lo que ambos actores (docente y estudiante) deben entender, es que hay que configurar un cierto parámetro que nos permita tener una idea clara de qué «nivel» debería manifestar el alumno al terminar la licenciatura.
Para ello se necesita saber con qué base cuenta el alumno al momento de ingresar, porque de ahí en adelante todo debe ser crecimiento, paulatino pero continuo.
La formación de los estudiantes de diseño gráfico consiste en una alfabetización visual.
Como la comunicación visual abarca varios campos, la carrera de diseño acota ese territorio a publicidad, editorial, tipografía, web, audiovisuales, señalética, branding, packaging, ilustración y fotografía. Quizá alguno más se me escape.
Bien, lo idóneo considero es tener un tronco común con lo cual se cimbren las bases para la especialización. Las escuelas deberían tener la capacidad para dirigir esta manera de formar a los estudiantes, es absurdo creer que todos deban hacer publicidad, o tipografía, o web, en el peor de los casos publicidad, y tipografía, y web.
Cada chico tiene ciertas aptitudes que le predisponen en su orientación.
La licenciatura no debería ser una embarradita de todo, la embarradita sería parte de una estrategia pero el fin debiera ser orientar la especialización del estudiante.
Es un error creer que un estudiante de diseño debe estar preparado para hacer de todo, si este fuera el objetivo la licenciatura debería durar no 4 o 5 años sino 10.
Cada una de estas áreas de la comunicación visual, requieren una expertise. Un estudiante que es obligado a entrarle a todo, no profundiza en lo propio y lo necesario de cada área.
Simplemente porque aun cuando la asignatura pueda durar 6 o 4 meses en realidad sólo se le dedica de 4 a 8 horas a la semana, es decir de 1 a 2 meses efectivos, y ¿quién desarrolla tal expertise en ese tiempo?
El trabajo de formar decimos que consiste en la alfabetización visual, esto es una configuración de la mentalidad del estudiante, no por parte del docente como lo he mencionado, sino por parte del estudiante mismo; el docente, vuelvo a repetir, debe establecer los andamios que el estudiante empleará para desarrollar competencias que le permitan tener control de su propia configuración mental, su destreza técnica y su responsabilidad ética.
Parte del inicio de la formación del discente en comunicación visual tiene que ver con los elementos fundamentales:
- El espacio: Formato, proporción (tamaño), composición (ubicación), profundidad de campo (planos, fondo-figura), entre otros.
- La imagen: Color (matiz, tono, saturación), luz y sombra, figuras (orgánica, geométrica, abstracta), textura, signo (icono, símbolo, índice)…
- El texto: Caligrafía, tipografía, lettering, ortotipografía, microtipografía, macrotipografía, ortografía…
- El concepto: Semántica, sintáctica, pragmática, retórica (intellectio, inventio, dispositio, elocutio, memoria , actio, logos, pathos, ethos, tropos, etc.), denotación/connotación, narrativa, argumentación…
- Interfaz: Jerarquía de información, sistema, soporte, técnica, herramientas, acabados…
Esos, los elementos, son la materia prima. Sin embargo, es necesario también conocer los principios que las rigen, leyes y teorías sobre la relación dada entre estos elementos, teoría gestalt de la percepción, teoría del color, sintaxis de la imagen, principios de composición y armonía, teoría de la estética, etc.
Además de todo esto, las metodologías, es decir; la forma de aplicar estas teorías y principios, que no es otra cosa, que el cómo resolver un problema de comunicación visual(sugiero indagar sobre gestión de proyectos, El método de Descartes y Contra el método de Feyerabend ):
- Planteamiento. Competencias de interpretación, análisis y deconstrucción.
- Investigación. Competencias de búsqueda, validación y depuración de la información. (Bibliográfica, etnográfica, experimental, etc.)
- Planeación. Competencias de estrategia, gestión y proyección.
- Diseño. Competencias técnicas y de síntesis.
- Desarrollo. Competencias de prototipado.
- Implementación. Competencias sobre reproducibilidad y materialización.
- Evaluación. Análisis de resultados y configuración de parámetros.
- Innovación. Mejora continua con base en los resultados.
Ya hablamos sobre los elementos, sobre la relación que se establece entre elementos, sobre la pragmática de dicha relación o su aplicación. Pero hay algo muy importante, la contextualización de dicha comunicación visual, es decir; la cultura en la que se gesta y se desarrolla.
Aquí podríamos caer en un problema: ¿Si el diseñador es el «experto» en comunicación visual y las masas desconocen todo aquello que hemos mencionado, debemos diseñar acorde a sus parámetros de interpretación, gusto y aceptación, o no? ¿Qué implicaciones tiene hacerlo?
Si los estudiantes resuelven los problemas de comunicación visual de la misma manera que el chico que atiende el cibercafe y que nunca estudió nada referente a comunicación visual, entonces ¿Cuál es el progreso, la maestría o la expertise?
Debo aclarar algo, esto no significa que un autodidacta no tenga las competencias o el nivel que un escolar, o aún mejores, o que le sea imposible adquirirlas. No debemos errar, no estoy comparando el rendimiento de un estudiante con un autodidacta, sino con un neófito, que hace de forma empírica y que no enarbola para sí una teoría o una metodología racional e intencionada, que desconoce de armonía de color, de jerarquía de información, de principios de proporción, de estética, etc.
De paso, la escuela no es un edificio con paredes, la escuela es el sistema en que se desarrolla un discente sea autodidacta o no.
Habría que percatarse que la comunicación visual como todo lenguaje es un sistema de signos (elementos de la comunicación visual) y que por lo tanto dichos elementos tienen una relación semántica, consigo mismos; una relación sintáctica, esto es con otros elementos, y una relación pragmática, o bien entre estos elementos y el contexto.
Así es como la formación del diseñador está dada por la adquisición de estos conocimientos técnicos, éticos e intelectuales.
No confundir ética y moral. Al referirnos a la ética en la formación del diseñador lo hacemos porque aceptamos que el avatar de diseñador no le exime de ser un animal político. Es verdad que de forma individual cada diseñador no tiene el mismo impacto en su cultura y sociedad, pero considérese a todos en conjunto como los productores de imágenes y notarán el impacto que realmente ejercen.
Por eso me resulta fascinante aceptar que en algún diseñador gráfico puede recaer la responsabilidad de la eficacia de la señalética de una ciudad, las propuestas de ley referentes a la contaminación visual, las directrices de la imagen de una ciudad, o el destino de una nación (recuérdese el diseño de las boletas en las elecciones presidenciales de Estados Unidos en el año 2000), que real o no, habla de la importancia y trascendencia del buen diseño.
Esto es largo, pero no basta con abordar la parte teórica y técnica del ejercicio de diseño. Aun cuando todo esto parece realmente complejo, falta decir que el estudiante debe ser orientado a desarrollar competencias que le permitan gestionar el negocio del diseño. Vaya que sí falta mucho que abordar, algunas aproximaciones de este tema los he compartido en La oferta del servicio de diseño ( https://goo.gl/c9g9eW ).
Por otra parte, la relación entre un diseñador y un comitente no es sólo una relación comercial, sino además didáctica.
El estudiante de diseño debe además conocer la pedagogía del diseño, el cómo se aprende y el cómo se enseña, o mejor aún, los cómo, pues no dudo que varían. Conocer, para desarrollar su propia forma de aprender y de enseñar, que definitivamente implica incursionar en otros campos fuera de la comunicación visual.
Entonces, ¿qué se evalúa? El progreso en el dominio de lo técnico, en la construcción del conocimiento y en el ejercicio de su ética. Vaya, por poner un ejemplo, cuál es la virtud de que un estudiante resuelva de excelente forma, demostrando una ejemplar habilidad técnica y un adecuado uso de los principios, si entrega fuera del tiempo establecido.
La pieza de diseño gráfico que no puede ser reproducida por albergar errores técnicos en su confección, pierde sentido. Si el estudiante aprende este primer y gran filtro ¿cómo podría reprobar tal asignatura? Podrá tener un desempeño quizá muy deficiente en su ética, pero lo que debiera importarnos es su progreso.
Para poder licenciar a un diseñador, este debería manifestar un progreso significativo en su calidad técnica, intelectual y ética, en comparación con su estado inicial.
Aunque lo he mencionado en otro texto, la categorización del rendimiento no debiera ser cuantitativa, sino cualitativa; y apoyarnos en notas del tipo: Excelente, Sobresaliente, Distinguido, Bueno, Suficiente, Deficiente y Muy deficiente.
Para el estudiante debería quedar claro por qué su calificación es en realidad subjetiva, el docente debería aceptar este hecho. Ambos deberían entender que al ser humano no se le puede calificar de manera objetiva, y que el propósito del proceso de enseñanza-aprendizaje no es calificarle, sino formarle.
Lo dije al principio, el estudiante debe desarrollar por sí mismo la capacidad de trascender su propio sistema educativo, y diferenciar el carácter administrativo del pedagógico.
Por cuestiones administrativas quizá, sea necesario hacer una conversión numérica, pero el docente debe cuidar que dicho número represente un incentivo al estudiante de tal suerte que no le limite administrativamente, claro está, su rendimiento es en primera instancia su verdadera calificación.
«La calidad que manifiesta el diseñador es la proyección de su propia mentalidad. Si algo podemos aprender de las grandes obras de diseño gráfico, es que todas tuvieron un contexto determinado, que son el producto de una mente sofisticada y el arte de unas manos diestras».
La formación del diseñador gráfico, no es sino multidisciplinaria, para variar. Tampoco se convierte en una fabrica de diseños de alta calidad, seguirá teniendo sus aciertos y sus errores, y uno que otro rebosará de genialidad. Su contribución al progreso del diseño gráfico en cualquiera de sus ramas (técnica, teoría, pedagogía, gestión) es lo que le vuelve valioso.
