Periodismo y Status

He dedicado buena parte de mi carrera al tema del status. Lo hago convencida de que corresponde al periodismo puertorriqueño y no a los partidos coloniales tratar el asunto en su verdad ontológica.

Los partidos coloniales no están interesados en resolver el status. Prefieren continuar administrando la colonia. Sus proyectos no tienen la finalidad que proclaman. De ahí los embelecos con que disfrazan sus aguajes — estadidad jíbara, plan tenesí, ela mejorado, culminación del ela. También su renuencia a aceptar las negativas públicas de la metrópolis.

No que la metrópolis quiera resolver el status. Su fin ha sido, es y será la colonia permanente por consentimiento. Mantiene a raya cualquier resolución de los puertorriqueños con sus esporádicos ataques de sinceridad contra la estadidad o el ela, mientras persevera en su freno a la independencia. O sea, si analizamos detenidamente su discurso, nada sirve, nada funciona; un cambio de status de Puerto Rico hacia cualquiera de las alternativas reconocidas en el derecho internacional sería inoperante.

Es aquí donde creo que el periodismo puertorriqueño ha fallado al entrar en el juego como mero espectador y no asumir la responsabilidad de informar la realidad. Ha permitido el círculo vicioso diseñado por la metrópolis y los partidos coloniales. No ha trabajado para el país. Ha trabajado para el imperio y los partidos. Van a las conferencias de prensa sobre status a repetir como papagayos, so color de objetividad, los disparates que se inventa la clase política colonial.

El tema del status no es privilegio de los partidos. Es una misión de historia.

En el derecho internacional hay tres opciones descolonizadoras definidas y ninguna de ellas es una concesión, es una decisión. La negociación que aceptan cada una de ellas no es de principio sino de proceso. La independencia, la integración y la libre asociación son eso: independencia, integración o libre asociación.

La independencia es poner a una nación en manos de sus nacionales, la integración es una anexión libre a otra nación como iguales, y la libre asociación es un tratado de relación a término entre dos naciones libres y soberanas. Si empezamos por ahí, vemos cuan perversa ha sido la confusión en la que periodistas y medios de comunicación participan.

Las tres opciones presuponen soberanía. La soberanía no es un status como pretenden hacer creer los partidos coloniales sin que la prensa los desmienta. Es el requisito internacional para la libre determinación de los pueblos. Porque el coloniaje, como la esclavitud, es un delito en el estado de derecho internacional.

Son elementales las cosas que hay que informar y el periodismo puertorriqueño no ha sido efectivo en hacerlo. Permitir que los partidos coloniales se abroguen el derecho a definir las posibilidades de status como si se inventaran la rueda, no es aceptable.

Ahora mismo el nuevo gobernador habla de un plan tenesí como si eso estuviera en el menú. El sabe que no lo está pero es una excelente treta mediática, como la de hacer que todo el mundo le llame doctor a sabiendas que en nuestra cultura no corresponde. Los periodistas le han seguido ambos juegos.

Por cierto, ¿alguno le ha preguntado quién va a pagar por la estadía de siete delegados de su partido en Washington, D.C.?

Explicarle el plan tenesí a los puertorriqueños no le corresponde a Ricardo Rosselló con una lectura acomodaticia de la historia estadounidense. Le corresponde a los periodistas rebuscar esa historia y decir la verdad.

Ahora cuando las “mentiras” de un Donald Trump son motivo de una depresión mediática en Estados Unidos, es hora de reconocer el daño que nos han hecho nuestras propias mentiras.

En la confusión sobre el status ha tenido y tiene mucha responsabilidad el periodismo puertorriqueño. Por ignorancia, por desidia, por intención, o por cobardía.