Mi primer acoso

#A24

Es difícil escribir esto sin sentir que estoy tratando de llevar la conversación de algo tan terrible y tan común como el acoso que sufren las mujeres todos los días hacia el lado de “yo, como hombre…”, sobre todo porque esto no se trata de mí, como hombre. Pero creo que es algo que todos deberíamos pensar. Estoy hablando de la primera vez que, como hombre, acosé a una mujer.

Siempre he creído que soy un buen tipo, hijo único de un matrimonio roto, criado por mi mamá, mujer profesionista que se chutaba 3 trabajos diarios para salir adelante, que a sus 69 años sigue trabajando, una chingona en lo que hace y una chingona como mamá. Ella siempre me inculcó no sólo a respetar a las mujeres, sino a admirarlas. Y siempre había pensado que lo había hecho. Que era un tipo feminista súper progre. Mi mamá estuvo involucrada en la revista Fem en los 80, vamos. Toda la cultura con la que crecí apuntaba hacia la igualdad de género. ¿O no?

Nunca le he puesto una mano encima a una chava sin su consentimiento. Nunca le he “robado” un beso a una. Es más, hasta como los 20 años no le había dado un beso a una ni aunque ella me lo pidiera. Tampoco le he gritado cosas a chavas en la calle, ni le he arrimado nada a nadie en el metro. Y esto no lo digo porque sea algo extraordinario ni nada, es decencia mínima, es educación básica, no algo que debamos festejar. Así debería ser siempre para todas. Pero ahora me doy cuenta de las veces que, según yo con intenciones románticas, hostigué a chavas en la prepa y en la carrera: les mandaba cosas, les escribía poemas, etc. No puedo ni empezar a comparar lo que yo hacía con tipos que se masturban frente a chavas en el cine o que tratan de violar a una chava mientras está borracha o weyes bajándole los calzones a una chava en medio de la calle. Pero lo que hacía yo también era algo agresivo en el fondo. Y estoy seguro que si pensamos un poco, todos los hombres hemos hecho cosas violentas contra mujeres. Todos. A una de ellas en particular, una chica muy linda a la que conocía muy poco, y de la cual estaba yo completamente enamorado (aunque no tenía idea de cómo era, de las cosas que pensaba, de su historia, de nada), le di un día una cosa que había escrito, muy romántico todo, pero con insinuaciones sexuales. Estaba en la prepa, y ni siquiera era algo demasiado explícito. Pero era algo que ella no había pedido, no quería leer y menos viniendo de mí, un tipo al que prácticamente no conocía y que siempre me veía siguiéndola por la escuela. Sobra decir que no se lo tomó nada bien. Y su reacción me sorprendió. Yo pensé que mis avances iban a hacer que… qué, que se enamorara de mí? Que dijera “sí, tómame”?. Tenía yo el síndrome del “nice guy”.

Verán, esto del “nice guy” es muy problemático porque yo pensé que era una buena persona, que cómo era posible que no me hiciera caso (no sólo ella, sino muchas otras chicas de mi juventud). Tenía la idea de que tal vez si fuera más patán, más “aventado”, me iría mejor. Pero no, yo era el que respetaba a las mujeres y asumía que por eso no me hacían caso. Y mientras, ellas estaban sufriendo por quién sabe quién que las trataba mal. Que injusta es la vida, pensaba. Pero ahora que lo veo, posiblemente no me hacían caso porque yo era un tipo increíblemente inseguro y bastante aburrido. Pero yo pensaba que ellas TENÍAN que hacerme caso. Como si mi buenaondez fuera el premio que ella siempre habían estado esperando. Me enojaba que no se fijaran en mí. Pero ahora veo lo incómodas que las puse, sobre todo a ella, a la que le di mi poema de 3 hojas con la palabra sexo escondida en mis avances “románticos”. Perdónenme todas.

Y ya, no quiero seguir hablando de mí como hombre. Porque nada de lo que está ocurriendo en las marchas ni en redes ni con el #Miprimeracoso se trata de mí, y no quiero robarle un segundo más de atención a las historias tan trágicas y horribles que se han atrevido a compartir un montón de mujeres increíblemente valerosas en abrirse y mostrarnos cómo es el mundo que habitan. Esto lo escribo en realidad para que los hombres piensen qué rayos han hecho ellos para violentar a las mujeres, tal vez sin saberlo incluso, y que levanten la voz contra otros hombres que salen con pendejadas tratando de hacer menos esta lucha por la igualdad. Todos hemos hecho algo contra una mujer, tal vez no hemos violado a nadie o acosado en la calle a alguien, pero TODOS hemos hecho algo para violentar a las mujeres, aunque sea quedarnos callados o reírnos de chistes misóginos pendejos.

Todo esto me ha servido a mí para darme cuenta del privilegio gigantesco que disfruto todos los días de que nadie me acose, de que nadie me diga cosas sobre mi cuerpo, de que nadie trate de manosearme, de que puedo salir a la calle vestido como yo quiera sin tener que preguntarme si es seguro o si los lugares a los que voy son apropiados para mi indumentaria. Nadie va a decirme que soy “una golfa” o una “puta” por la ropa que llevo, nadie va hacer ruidos sexuales mientras paso junto a ellos, nadie me va a tratar de grabar videos por debajo de mi falda, nadie me va a seguir cuando salga del metro, nadie va a asumir que si estoy solo, necesito compañía, nadie va a pagarme menos por mi trabajo, nadie va a dudar en contratarme por si me embarazo, nadie me va a decir “seguro estás en tus días” cuando me queje de algo, nadie va a intentar violarme, y nadie va a intentar matarme por ser mujer. Ninguna de estas cosas deberían suceder jamás. Y ningún hombre debería minimizar que estas cosas pasen. Pero pasan. Todos los días. A todas las mujeres. Detengámoslo ya.