Aventuras de una amante del vino

En pocas palabras lo dejé todo.

Dejé mi familia, dejé mi trabajo, dejé mi casa, a mis amigos, déje mi vida. Todo por seguir mi sueño de ser sommelier.

Me apantalló la vida de aquellos amantes del vino que viajan disfrutando de los aromas y sabores de cada terroir.

Quería creer en mí y en mis capacidades. Durante mucho tiempo sentí que merecía tener un trabajo que no me gustara y conformarme con darle las migajas de mi tiempo a mi pasión.

Ahora sé que todos merecemos dedicarle 8 horas al día a lo que más nos gusta y, por si fuera poco, recibir una remuneración. Quiero eso.

¿Por qué el vino? Descubrí en el vino algo más que beber. Descubrí que es una maravilla que lleva mucho tiempo de preparación. Que nace de la tierra y que el fruto que dan las vides necesita el trabajo de muchos hombres y mujeres para poder llegar a tu mesa convertido en el elixir de los dioses.

Descubrí que el vino puede saber a tierra, puede saber a hogar, puede saber a recuerdos, puede saber a tristezas, puede saber a los labios de una persona.

Que el vino no funciona con la pretensión sino con el disfrute. Y entre más aprendes más disfrutas. Encontre en el vino una fuente inagotable de aprendizaje, de que me quiero comer el mundo aprendiendo todo sobre el tema y, sin embargo, siempre hay más por aprender.

Encontré que la gente que quiero me consulta cuando va a comprar una botella y eso me hace sentir tan halagada.

Extraño mucho a mi familia, extraño mi cama, el olor ahumado de una carne asada los domingos con mi papá, el aroma a lavanda de las sábanas de mi cuarto, extraño el sabor del guisado que cocina mi mamá, extraño los juegos matutinos con mi hermano, extraño poderme subir a mi carro y escuchar la música que tanto me gusta, extraño ver a mis abuelitos los domingos, extraño salir por un café los sábados con mis amigos, extraño el aroma de esa persona que tanto quise, extraño la soledad de las calles en las tardes, extraño ver a mis perros y jugar con ellos, extraño ver los árboles verdes de mi patio, a la vecina barriendo en las mañanas, extraño tener tiempo para leer y ver películas, extraño las charlas con mi mamá y la mañanas de fin de semana con mi papá.

Hoy puedo decir que tomé la decisión correcta al dejarlo todo. Porque descubrí cómo apreciar esas pequeñas cosas en otro nivel.

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