Comer de todo sin sentirse mal

Si usted es nutricionista, posiblemente no le va a gustar lo que va a leer aquí. Si usted quiere leerle este texto a su nutricionista, la mirada que va a recibir no será muy bonita, y al finalizar (o puede que durante) le van a decir tooooodo lo malo y equivocado que está esta publicación.
Sin embargo, en lo que nadie me puede contradecir es que esto es sobre mi caso, lo que me ha servido a mí y cómo trato de abordar el tema. Es un tema complicado, donde hay miles de opiniones y diferencias, y que suele dar pie a discusiones, debates y pleitos.
Hoy decidí escribir sobre la comida y la alimentación.
Como mencioné en el primer post, a los 18 años pesaba unos 60 kg; hoy fluctúo entre 83 y 86 kg, llegando a pesar 90 kg cuando ando más “pasadito” o post-Navidad. Para ese cambio tan drástico -drástico para personas de contextura delgada- la dieta fue la base fundamental para cumplir mi objetivo de subir peso y dejar de ser un flaquillo (lo siento, todos tenemos nuestras inseguridades).
Hoy, unos meses antes de subir al cuarto piso, mi objetivo claramente es mantenerme en forma, algo que cada día es más difícil -hay que esforzarse más en el gym y cuidarse más en cuanto a lo que se consume-. Sin embargo, también estoy en un momento de mi vida en que disfruto mucho comer, y prefiero ponerle mucho haciendo ejercicio que prohibirme o limitarme mucho de las cosas que me gustan.

Y ¿sabe qué? Me he dado cuenta que sí se puede. ¿Cómo? Pues principalmente teniendo en mente lo que uno está consumiendo.
¿Qué me ha servido? A diferencia de cuando era más carajillo -que podía comer de todo y no había problema con subir de peso- ahora tengo que encontrar un balance y simplemente ser un poco más inteligente con lo que me como.
Hay cosas fáciles; por ejemplo, evito bebidas azucaradas. Si son gaseosas (que tomo si acaso una o dos veces por semana), que sean light o cero. Naturales: sin azúcar o con sustituto. Hago un esfuerzo por evitar dulces durante el día, porque sé que muchas veces en la noche me como un chocolate o unas galletas. Meto vegetales en casi todas las comidas, en especial hongos, tomate, zanahoria. Me preocupo por consumir suficientes carbos como para que no me de un yeyo entrenando, pero los voy reduciendo conforme avanza el día (más durante la mañana que en la tarde). Grasas de las buenas -aguacate y semillas -en especial mantequilla de maní/almendras-. Y, por supuesto, una dieta alta en proteína.
No me gusta complicarme en lo que cocina; busco recetas o comida fácil de preparar, principalmente porque en las noches, cuando llego de entrenar o hacer ejercicio, ya es tarde y quiero descansar. Así que opto por burritos caseros (o congelados, si no hay otra), atún, pollo/chuletas al horno (luego paso el tip porque es muy sencilla la preparación), pasta con carne molida, principalmente. Y en las mañanas, antes de salir al trabajo, como pan o waffles o tacos de desayuno (huevo, jamón y hongos). El batido de proteína lo dejo para media mañana, para así repartirme el consumo de proteína durante más horas.

Igual en las salidas: busco un balance entre proteína, vegetales, grasas y carbos. Una hamburguesa grande, pizza, sandwiches, pinto, todo se vale, si uno tiene una idea clara de cómo le responde el cuerpo a uno en la suma y resta de calorías.
Ya se me hizo largo el post, por lo que no me voy a poner a detallar las “recetas mágicas” que me hago. Lo que sí quiero que quede claro es que para mí, a menos que uno tenga metas muy específicas y determinantes (alistarse para una competencia, adelgazar bastante), yo no creo en la prohibición o eliminación total de comidas. Uno está en este mundo para disfrutarlo, y una combinación de comer balanceado al tiempo que se hace ejercicio, debe ser suficiente para mantenerlo a uno sano, alejado del médico y sintiéndose bien.
Eso sí, si uno quiere leer una opinión mucho más informada y profesional sobre este tema, con la que yo concuerdo muchísimo porque aplica la misma política de no prohibirse comida, sino más bien disfrutar y sentirse bien, pueden visitar el sitio de mi prima Erika. Ella es una pro, tiene un MBA y está sacando su carrera de nutrición en NYU. Sabe de lo que habla.