Colas, coletas y, como no, buenas tetas
Vuelvo al bar. A ese nuevo de Paqui. Olor a cigarro mal apagado para evitar la sanción. Olor a fregasuelos de ese barato para disimular esa mezcla de olores que se produce en los bares.
Es pronto para pedirse algo fuerte. Más aún en día de supuesta cena de excesos. La cena ideal para poseedores de alto colesterol. La cena ideal para los negocios que se basan en hacer pasar hambre al personal bajo supuestos beneficios en salud. Por eso, un simple café. Bueno, ya que estamos por el café, pongámosle unas pequeñas gotitas de algo un poco más fuerte. Que el día se prevé largo. Bueno, largo no, lo siguiente.
Acodado en la barra con el carajillo humeante delante mío me pongo a agudizar el sentido del oído. A ver qué se cuentan los habituales. Oigo a duras penas. Lo más jodido es que con los taburetes anclados al suelo poco puedo hacer.

Por suerte sube el tono de voz. Hablan de las colas de los gilipollas (no lo digo yo, lo dicen ellos) que se han montado para autoinculparse por lo de Mas. Sí, dicen, hace falta ser muy cenutrio para ir a los juzgados a decir que apoyan a un presidente que lo único bueno que tiene es haber recortado en Sanidad y Educación. Supongo, dice el más viejo, que será para apoyar sus recortes. Procesiones y colas. Colas en la cola del paro. Colas en los supermercados. Colas en aquellas empresas cuyos trabajadores cobran entre una mierda y media. Empresas que usan mano de obra infantil. Conviene favorecer la esclavitud en estas fechas. Que si no, no nos sentimos satisfechos. La cazalla ya empieza a hacer estragos a esas horas en el bar y en el tono de los comentarios.
Cómo no. Ah0ra, una vez cuestionadas todo tipo de colas a excepción de las del fútbol. Conviene ser machotes y defender lo que nos hace hombres. Bueno, más bien aquello que es espíritu del país toca derivar el asunto a la peluquería. Oigo hablar de coletas y supongo que alguno de los habituales tiene la parienta que trabaja en una. Pues no, están hablando de El Coletas. De Pablo Iglesias. De su tournée por Barcelona. De sus eslóganes manidos. De su casta (caspa me parece oír). Dicen que se le ve bien. Que ellos están de acuerdo con todo lo que dice. Que sí que quieren un país como Cuba y Venezuela. Que ya están hartos del capitalismo que no les deja para vivir. Que sus nietos -si ya tienen unos años- les piden un iPhone y eso no puede ser. Que a ver si lo paga todo papá Estado. Eso sí, por favor, que se carguen a los inútiles de los funcionarios. Que esos funcionarios no hacen nada a derechas.
Disertación magnífica, edulcorada por retales de medios de comunicación. Toca atacar a ABC, a La Razón, a El Mundo y, como no, a El País. Que el último se ha vuelto muy derechón. Que sólo critica al de la coleta. Que no puede ser.
En ese momento observo a mi alrededor con ganas de observar el contexto y me fijo en que los diarios que llegan al bar están sin abrir. ¿Dónde deben leer los susodichos? ¿Leen más allá de ver Sálvame u oír los comentarios sesgados que hacen en las noticias de la tele?
Me he perdido lo del coletas. Supongo que estaban hablando de sus propuestas porque ahora sólo oigo hablar de tetas. De la compañera de Pablo Iglesias -esa sí que está buena- y de la Pechotes. Que el pequeño Nicolás es un héroe. Que si se presentara le votarían. Que uno que vive tan bien rodeado de tetas y muslamen es un campeón.
Paqui se ha acercado disimuladamente a la barra. Está pero parece que no esté. Supongo que, como buena tabernera, sabe escuchar. Las conversaciones se paran por un codazo que le pega el más joven a quien estaba con el ímpetu teteril. Piden otro carajillo. El más arriesgado otro coñac. Yo acabo con mi carajillo, lo pago y me voy. Pensando en colas, coletas y tetas. Y esta vez no ha sido culpa mía.