Corridas matutinas

Llegar al bar pronto y encontrarte con decenas de personajes, embutidos en mallas multicolores que, supuestamente, van a reencontrarse con la salud. Cuánto amante del menisco roto, cuánto inconsciente de la zapatilla, cuánto dolor en las articulaciones después de corridas cada vez más kilométricas.

Hoy por lo que se ve debe haber alguna corrida interesante. O bien algunos con muchos amigos en su Whatsapp o Facebook ha convocado a una troupe de descabezados porque el bar está a tope de pilinguis con mallas resaltando sus amplias morcillas, móviles colgados al brazo y cintas de los sesenta impidiendo que la calva se despeine. Festival de la salud. Bueno, festival para los médicos de urgencias. Festival para Marcos, médico de urgencias (bueno, médico de todo por recortes presupuestarios) y cliente habitual de Paqui. Conversación ácida acerca de hacer deporte. Desmontando mitos sobre las bondades y efectos positivos sobre la salud.

Me siento al lado de Marcos. Estamos solos junto a ese grupo de descerebrados y nos ponemos a hablar de inocentadas y de política. Al poco Marcos se pone en pie y envía a tomar pol culo al personal deportista. Se le ve cansado. Se le ve que ha pasado una mala noche.

Iros a la mierda y ni se os ocurra lesionaros. Que en urgencias entre jubilados para buscar la receta, hipocondriacos varios y niños con unas décimas de fiebre que se curan con un simple Junifen, estamos desbordados. Ya sólo falta aquellos que os lesionáis por placer. Aquellos que venís con una contractura provocada porque os creéis grandes corredores. Aquellos que no sabéis entrenar. Aquellos que no tenéis ni idea de cómo hacer un calentamiento en condiciones y un estiramiento posterior a la actividad. A la mierda, a la puta mierda

Se hace silencio en el bar. Paqui mira sin mirar. Yo me intento escabullir de su lado. Los corredores no hablan. Un cuchillo puede partir el silencio ominoso que se ha generado. Nadie habla. Pasa un minuto, dos,… Marcos coge la cartera, paga (por cierto, me invita) y se va. Vuelven las risas entre el grupo de corredores, algunos pensamos en lo dicho por Marcos y, como no, el discurso matutino se lo lleva el viento porque, sabéis lo más jodido de todo… creo que Marcos tenía toda la razón del mundo.

Con todo mi cariño para Marcos que, en estos días del correr y lesionar, sé que lo va a pasar realmente mal en el trabajo.

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