Hambre de programar

Vengo de la Software Craftmanship Barcelona 2015.

Vengo encantado como siempre.

Es el evento donde mas cómodo me he encontrado en mucho tiempo, muy horizontal, con el tamaño y el formato perfecto para que surja la conversación y, sobre todo, hemos hablado de programación.

Me emocionó ver a Miguel Cruz en la organización, un asistente a la del año pasado que dijo en la “retro” que había que repetir la experiencia y, a diferencia de tantos, ha sabido poner las manos donde pone la boca e incluso hizo de maestro de ceremonias en la apertura.

Soy un sentimental

Me llevo de este año un montón de cosas:

La alegría de reencontrarme con colegas programadores de Barcelona y de otras comunidades, hablar con ellos de mil cosas y emplazarlos para conversaciones con más calma.

Meter en el radar a unos cuantos tipos interesantes.

Presentar en sociedad a la @noFlopSquad de la mejor manera, enseñando nuestro trabajo sobre Persistencia Hibrida.

Ver cómo otros trabajan materiales en los que he trabajado mucho tiempo, aprender de sus planteamientos y compartir con ellos experiencias.

Una buena idea para continuar la serie de charlas sobre refactoring a patrones.

Aprender las tripas de un proyecto en Python muy interesante al que estoy deseando meter mano.

Darme cuenta de que ya existe una red de relaciones de mentorizado en esta comunidad y que aquellos que las protagonizan tienen intención de profundizar en ellas y extenderlas. Eso me hace especialmente feliz.

No me identifico con la alegoría del “craftmanship” si la interpreto en términos de artesanía, de herramientas mas afiladas, teclados ergonómicos y editores de código arcanos corriendo por linea de comando sobre brillantes juguetitos de titanio.

En cambio me identifico plenamente con la idea de una comunidad que difunde y genera conocimiento en red, que utiliza herramientas como el mentorizado, el rito de pasaje, la visita a talleres, el profesionalismo nómada y la obra maestra.

La Software Craftmanship Barcelona de este año ha sido un éxito rotundo, no lo ha sido por la perfecta organización, el delicioso catering o la comodidad de las aulas. Ni siquiera por la actitud abierta y generosa de todos los participantes. Ha sido un éxito rotundo porque todos hemos salido de allí con hambre de programar.