Aún imagino tu cara. Empiezo por las facciones más fuertes. Lo logro por un minuto y todo se desvanece de nuevo. Se me olvidó tu voz. Me esfuerzo por recordarla, pero no puedo.

Le agarré ese gusto extraño a la lluvia. Cómo te gustaba escucharla. Ya no están esas miradas tímidas, silenciosas pero profundas.

Es difícil. Aprender, como una niña pequeña, desde cero, como volver a ser yo misma. Conocerme. Entender que no tengo que relacionar el resto de mi vida con esto.

Cuando me quedé sola no tenía explicación para lo que pasó. Estaba perdida, sola y rota.

Hoy entiendo mejor todo. Se acabó, es normal eso. Así son las cosas. Así es la vida, y así era tu presencia. Peligraba.

Me pasé muchos días justificándote por tu falta de interés, que estabas ocupado, cansado, que talvez me escribiste y yo no lo ví, que talvez me llamaste pero no me acuerdo.

No. No escribiste, no llamaste, y no estabas ocupado.

Sólo me dejaste de amar y no me lo dijiste en la cara.

Por lo menos ahora te recuerdo hasta medio día o en la tarde, no en las mañanas apenas abro los ojos. Y por lo menos te he olvidado, ya casi no me acuerdo de nada, por dicha.