El tergiversado uso de innovación

Hoy en día me toca escuchar muchas veces la palabra innovación, en redes sociales, en conferencias, en videos, vaya innovación la podría nominar como palabra del año en el 2017. Si nos ponemos a pensar en como se aborda la innovación en diferentes ramos nos daríamos cuenta que cada departamento o gremio tiene su propia concepción sobre lo que es innovar. Esta dichosa palabra está en boca de la comunidad creativa o del departamento de ventas, parece que está íntimamente vinculada al objetivo de vender más o de posicionar a la empresa más arriba de la competencia (Brindar un servicio de mayor calidad o “disruptivo”).

Esta dichosa palabra está en boca de la comunidad creativa o del departamento de ventas, parece que está íntimamente vinculada al objetivo de vender más o de posicionar a la empresa más arriba de la competencia.

Cuando hablamos de un producto innovador muchas veces creemos que basta con añadirle funciones nuevas. Las agencias aseguran que pueden brindar innovación a una marca o a un producto.¿Pero qué tan cierto es eso? ¿Cómo puedes demostrar que lo que ofreces es innovación y no marketing?. Si nos vamos a un diccionario, este dice lo siguiente sobre la palabra innovación:

1. f. Acción y efecto de innovar.

2. f. Creación o modificación de un producto y su introducción en un mercado.

Creación de un producto, crear algo nuevo. Ese es el reto al que se enfrentan las agencias, no es algo fácil como dice el dicho “No hay nada nuevo bajo el Sol”. Innovar es un proceso largo y complejo lleno de muchos fracasos (iteraciones como decimos en el mundo del diseño). Quizás no vamos a crear algo nuevo quizás podemos optar por la vía de la modificación, bueno sí es así nos enfrentamos a un nuevo problema, ¿hasta que punto puedo modificar algo sin que pierda su esencia? La ontología nos ayuda a explicar las propiedades de los objetos para que se consideren un objeto en concreto, la coseidad. En términos filosóficos un innovador debería estar consciente de que tan profundo debe ser el cambio para generar la diferencia ante la competencia sin perder el enfoque del objeto.

Una pregunta que considero necesaria para empezar a encaminarnos en la tan llamada innovación es ¿Para quién o quiénes innovamos? ¿Un estrato social, el cliente el mercado, la elusiva figura del usuario?. La palabra innovación está estrechamente relacionada con el sustantivo novedad, y es ahí donde creo muchas personas erran cuando pregonan que van a encontrar la innovación para un problema. Novedad quiere decir:

1. f. Cualidad de nuevo.

2. f. Cosa nueva.

3. f. Artículo de moda. U. m. en pl.

4. f. Cambio producido en algo.

5. f. Suceso reciente del que se da noticia. Hay novedades de última hora.

6. f. Mil. Noticia que un inferior da a un superior acerca de lo sucedido en una unidad o en un puesto.

7. f. desus. Extrañeza o admiración que causa lo antes no visto ni oído.

Si bien muchas personas descartan la posibilidad de alterar un objeto porque consideran eso poco innovador (como ya vimos podemos considerar innovador el alterar una función) Entonces tendemos a una cultura que busca crear algo desde cero, como dicen le buscamos tres pies al gato. Es una lucha constante por configurar y materializar antes que el otro una idea más dentro del infinito mundo de las ideas de Platón.

Nos olvidamos de cambiar nuestros paradigmas y seguimos presentando las mismas soluciones pero con una pieza extra.

Nos tratamos de auto imponer una cultura de que lo complejo quiere decir mejor. Pero nuestras soluciones son un teléfono que puede mensajear mientras reproduce música, porque así los melómanos no tendrán que parar su reproductor para escribir un mensaje o pueden acceder directamente a su música aunque el celular ande bloqueado. Esta cultura nos ha bloqueado la visión de la especialización y de la actualización. Cuando hablo de modificar un objeto hablo de actualizarlo a un nuevo contexto, a una nueva periodicidad a la que no se había enfrentado antes. El departamento de marketing usualmente está a cargo de crearle un tiempo de vida útil a los objetos, un diseñador debe pensar en los objetos que aún viven pero que ya no responden tan bien como hace 100 años a la cotidianidad de sus usuarios.

Existen diversas metodologías que buscan explorar diferentes ángulos de un problema, para encontrar insights de valor como la metodología del doble diamante.

Poco a poco nos hemos olvidado de crear herramientas que cumplan un solo propósito pero que lo hagan mejor que antes, quizás no queremos caer en el “rediseño” de un producto pero si lo vemos objetivamente muchas veces nos perdemos la oportunidad de encontrar un nicho de mercado dentro de las actualizaciones de los objetos. Con el tiempo cosas que no han sido cambiadas desde su creación están en un estado latente de mejoría. Si el software debe actualizarse ¿Por qué el hardware no? Dónde están los innovadores que están trabajando en el arado 2.0