El vasto océano de la mente

Durante más de cuatro años, he negado el hecho de que estoy, indiscutiblemente, deprimida.

Desde que fui diagnosticada como enferma mental en 2010; cuando pensaba que era sólo una adolescente malhumorada, he estado luchando con cada aspecto de mi vida. No estaba satisfecha del curso que había tomado, ha decir verdad, me sentía como una porquería. Y sí, la mayoría de los adolescentes se han sentido como una porquería con respecto a los problemas cotidianos que acarrea semejante edad, pero no muchos de ellos se sienten igual de desesperanzados con el proceso de asimilación de los mismos.

Procedo ahora a darles, en lo mejor que me sea posible, una explicación visual de lo que implica una enfermedad mental

Las mentes perturbadas son como un inmenso, oscuro y profundo océano. En el fondo, medios enterrados en la arena, están las emociones y pensamientos firmemente arraigados a nuestra biología cerebral como los reflejos inconscientes o el sentido de supervivencia.

Flotando entre los líquidos, están los que cualquier ser humano está condicionado a sentir: enojo, tristeza, placer, dolor y sentimientos neutrales.

A mitad de camino hacia la superficie, están los complejos, complicados, y aún así “normales”; como la decepción, la ira, los sentimientos de abruma y la felicidad. Por último, pero definitivamente no menos importante, oscilando entre pulmones y agallas, entre la aceptación y la negación; están los desórdenes: depresión o ansiedad, por nombrar alguno. Y por eso, amigos míos, es que sentimos que nos ahogamos.

Nuestro cerebro es la más increíble y perfectamente diseñada obra de arte que se ha creado jamás, y no podemos “expulsar” aquello que pensamos, como si fuera una sustancia desagradable que necesita ser desechada. Así pues, olvidémonos de deshacernos de aquello que no podemos controlar, en su lugar, enfoquemonos en arrastrar éstos sentimientos y emociones hacía un oscuro y seguro espacio en el vasto océano que es nuestra mente, para que podamos finalmente aceptar que nos pertenecen, a nosotros, a nuestras mentes y a nuestros ecosistemas submarinos.

Los pensamientos negativos son inevitables; así como la desesperanza y el auto-odio.

La depresión es un solitario, oscuro y terrorífico agujero.

Lo que he aprendido en mis más de cuatro años de experiencia, es que, aún cuando no puedo ser “salvada” de mis múltiples problemas de salud mental, aún cuando pienso en el suicidio la mayoría del tiempo; aún puedo ser amable conmigo misma, y puedo permitirme vivir tan saludable, en paz, y satisfecha como yo quiera.