La belleza irreal gana de nuevo

Con una talla 36 y medidas casi perfectas (86/62/93), Mireia Lalaguna se ha impuesto como la mujer más bella del mundo. Tras ella, la rusa Sofia Nikitchuk y la indonesia Maria Harfanti se llevaban el segundo y tercer puesto respectivamente.

Momento de la coronación / Foto: Miss World

Esta barcelonesa de 23 años ha conseguido lo que ninguna otra española había alcanzado antes tras 65 ediciones de ‘Miss Mundo’. Rubia y de ojos azules representa a España (quién lo diría) en el certamen de belleza más antiguo del mundo, proclamando un año más la hegemonía de un canon femenino que no representa a nadie.

Al igual que sus compañeras, es delgadísima, altísima, guapísima y tropecientos adjetivos más terminados en -ísima. Toca el piano, es buena en los deportes, colabora en proyectos benéficos, estudia Farmacia… ¿La perfección existe y no nos habíamos enterado? ¿O simplemente eso es lo que nos quieren hacer creer?

Poco después de proclamarse ganadora, Mireia afirmaba a Efe que el jurado la ha elegido porque ha sabido encontrar quién es realmente,‘‘porque buscaban una belleza interior, no sólo exterior”. Sin embargo, ninguna de las aspirantes al premio sobrepasaba la talla 38 o medía menos de 1'70 cm.

¿Y eso es lo que se supone que representa la belleza mundial?, ¿unas características que no alcanzan ni la cuarta parte de las mujeres?

Sin embargo, nada de esto es nuevo. Este canon de mujer no solo se promueve desde este tipo de certámenes. También desde anuncios publicitarios, revistas de moda o incluso el cine. Una supermodelo que vive por y para su físico, que se esconde tras toneladas de maquillaje y que ante la pregunta ¿Sin qué producto de maquillaje no podrías vivir? responde ‘‘Sin pestañas postizas’’.

Mientras tanto, el resto de mujeres del planeta nos reímos de tanta parafernalia y esperamos (im)pacientes a que la industria de la moda y la belleza cese en su empeño de promover falsas expectativas sobre la mujer. Movimientos sociales como campañas anti Photoshop en las redes sociales reclaman que se contemple la realidad.

Mujeres delgadas. Gordas. Altas. Bajas. Con celulitis y arrugas. Y en definitiva, reales. Reales y hartas de listas de requisitos interminables para poder llevar la etiqueta ‘Guapa’.

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