Gaza, la franja huérfana
Samer todavía no logra dormir por las noches. Durante nuestra charla, lo importunan varios tics nerviosos y se seca varias veces el sudor con una toalla. Aguanta el tipo hasta que le pregunto por las últimas palabras que le dijo su padre. Entonces se quiebra y rompe a llorar como un niño.
“Cuida de tu madre y de tus hermanos, me dijo”. Desde entonces, Samer siente que lleva el peso del mundo sobre sus hombros. Entonces tenía 14 años y estaba en un colegio de la UNRWA, creyendo que allí estaría a salvo; pero en el patio de la escuela un misil israelí cruzó todas las líneas rojas y atravesó el pecho de su padre. Fue el segundo de los tres ataques mortales que Israel lanzó contra escuelas de la ONU en su ofensiva militar de 2014 contra la Franja de Gaza.
Un misil israelí cruzó todas las líneas rojas y atravesó el pecho de su padre
Lo recuerdo con nitidez porque llegué a aquella escuela de Yabalia poco después. Un proyectil se había disparado contra una clase. No se me borra de la memoria, porque hice un in situ delante de una pizarra. Se habían disparado más proyectiles, dentro y fuera de la escuela. Tampoco se borrará nunca el ataque a la primera escuela, en Beit Hanoun, una de las crónicas más dolorosas que hice.
El hermano menor de Samer, Ali, con sólo cuatro años también fue testigo de la matanza que lo dejaría huérfano. Desde entonces, tiene problemas de aprendizaje: no quería volver a pisar una escuela.

Es una de las miles de familias rotas que han dejado tres guerras en menos de seis años. Samer y sus cuatro hermanos viven ahora con su madre en casa de sus abuelos maternos. Los seis duermen en la misma habitación. La vivienda, con el techo de uralita, es un horno en verano y una nevera en invierno. Cuando, al acabar nuestra entrevista, vuelve la luz, parece que volvemos a respirar.
En la Franja de Gaza hay miles de huérfanos, que han perdido el amor de un padre o una madre (o de los dos), uno de los pilares de su familia y el sustento de su economía. Esos niños tampoco tienen un modelo en el que mirarse, a quién acudir cuando tienen miedo o están afligidos. Con sus seres queridos, también les han arrebatado su infancia.
A Samer nadie le ha ofrecido ayuda para salir adelante, ni siquiera para tratar de superar sus traumas. Me pregunta si podría venir conmigo a España. Son huérfanos en una tierra huérfana, sin un padre o una madre que vele por su futuro y por devolverles la esperanza.