Una mirada en La Habana

Llegué a La Habana el 1 de enero de 2005. Amanecía en la isla y el calor y la humedad comenzaban a pegarse en la cara. Daba toda la impresión de que el día se estaba despertando con resaca.

Dejamos nuestras cosas en la casa de familia que nos acogió y lo primero que hicimos fue ir a la Plaza de la Revolución, la del mural del Che y el monumento a Martí que han visto en miles de fotos. Pensábamos que en un día de fiesta como el 1 de enero habría mucha gente pero no fue así. El lugar estaba prácticamente desierto. Solo se veía a un soldado custodiando el monumento en una pose relajada y tranquila que no pegaba con la formalidad del uniforme que llevaba puesto.

La situación me llamó la atención, pero creo recordar que mucho más lo hizo su mirada. Aquel soldado, del que nunca supe el nombre, miraba al horizonte como aquellos que miran el mar desde el Malecón; una cierta forma de mirar, melancólica y lejana, que más tarde reconocería como propia de aquellos que viven en la isla. Esperé unos segundos a que el viento extienda bien la bandera y su orgullosa estrella.

Allí le tomé esta foto.

Yamil Salinas Martínez

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