Memoria y Cuenta

Hemos presenciado la burla en la que Nicolás Maduro simuló hablar de su gestión. Como es normal en un régimen que no respeta las instituciones y usa la Constitución Nacional como un paquete de pañuelos, ese teatro no sirvió de nada.

El hombre que ocupa la presidencia de Venezuela en lugar de presentarse como corresponde ante la Asamblea Nacional que a pesar de su mayoría, cada vez parece estar más maniatada por parte de quien debería proteger nuestra Carta Magna, lo hizo ante el Tribunal Supremo de Justicia cuyos magistrados –además de auto votarse para formar parte del mismo– demostraron una vez más que no están al servicio del país, sino del grupo de malandros que no valen ni el sueldo que cobran del cada vez más escaso erario público.

Lo que Maduro contó no tiene sentido recordarlo, la Memoria y Cuenta 2016 podría resumirse con sus dos sobrinos que siguen presos por narcotráfico en una cárcel de Nueva York. Ese es uno de los múltiples ejemplos de cómo el chavismo ha gestionado los recursos del Estado. Ojalá fuera un caso aislado, pero no, todavía hay mucha basura debajo de las alfombras de Miraflores. El triste espectáculo de Maduro fue como si el dueño de un circo se presentara ante los payasos a su mando para decir que todo está bien y luego se regocijara por los aplausos recibidos. Por eso es más útil dejar de darle vueltas al show ante el TSJ y contar a quienes ven a Venezuela como un lugar lejano donde es imposible que ocurra eso que no tiene espacio en sus noticieros, una memoria y cuenta (más personal) en la que muchos de los treinta millones de venezolanos pueden verse reflejados y, ellos, ajenos a este drama, puedan entender porqué los venezolanos exigimos una salida democrática, pacífica e inmediata de esta situación.

Estos son los números:

29000, las muertes violentas que se registraron el año pasado en todo el territorio nacional.

1, el lugar que ocupa Caracas en el ranking de las capitales más violentas del mundo.

6, las horas mínimas de cola que mi madre hace cada vez que va a comprar comida (si hay).

126, los amigos, familiares, vecinos o ex compañeros de clase que hicieron las maletas y salieron del país desde 1999.

19, los países donde estamos desparramados.

20, la media de kilos que han perdido los que aún no se han ido.

5, el valor de la moneda con la que me compraba la merienda en el colegio y me sobraba para chocolates.

6, los secuestros exprés que han sufrido personas cercanas.

107, los presos políticos que siguen encerrados sin las más mínimas garantías procesales.

X, los amigos que han estado presos en el Helicoide.

2, los sobrinos que con menos de 7 años han sido encañonados en medio de un asalto a casa.

230, los kilos de medicinas que se recogieron en España y un amigo consiguió llevar a Caracas.

1, la arepa que se come al día un muchachito de 14 años que lucha contra el hambre mientras intenta aprender algo en un liceo perdido en Cabimas.

102 (de 102), el lugar Venezuela ocupa en el Índice de Estado de Derecho del “World Justice Project”.

2,2, los millones de bolívares que costó mi casa.

8, mil (millones antes del cambio de nombre) cuesta hoy el kilo de carne de res.

1, el inútil que tenemos como Defensor del Pueblo.

41, los años de democracia que llevaba el país cuando con los ojos vendados se lanzó por este barranco.

3684,31 el valor de un dólar hoy en el mercado negro.

N, los países que nos han dado la espalda.

800, el porcentaje de la tasa de inflación con la que Venezuela cerró el 2016.

7, el mínimo de farmacias recorridas cada vez que recetaban medicinas a mi padre.

14, las diferentes marcas de leche que se podían encontrar sin problemas en cualquier supermercado.

482,3 (%) el aumento de la Canasta Alimentaria Familiar en un año.

2648, los casos de violación a la libertad de expresión en los últimos quince años.

3, las horas de atasco que toma subir los 30Km que separan Maiquetía de Caracas con el miedo de ser atracado antes de poner pie en casa.

∞, los eventos tristes y alegres que me perdidos por la distancia.

20, los segundos que tardan en salir las lágrimas cuando hay que pisar la maravillosa Cromointerferencia con la que Cruz Diez llenó de color el principal aeropuerto del país.

365, los días que extraño en la ventana el verde de mis montañas.

2, los millones de venezolanos que se han visto obligados a emigrar.

18, los años de alegría que nos ha robado la estafa llamada “Revolución Bolivariana”.

Esta es la Memoria y Cuenta de una venezolana de verdad, que sabe exactamente dónde nació. Sin relaciones con el narcotráfico, con miedo a sumar lutos por culpa de las balas, aterrada por ese juego macabro que este régimen asesino impone jugar a todos los venezolanos. Es prácticamente el mismo balance de millones de personas que cada día sufren las consecuencias de una dictadura que ha superado en destrucción, tiempo, corrupción, muertos, represión y miseria a la experiencia que nuestros abuelos vivieron con Marcos Pérez Jiménez hasta aquel lejano enero de 1958 en el que nuestro país ingenuamente creyó que jamás volvería a tener que luchar para recuperar la democracia.