Minimalismo. Las cosas que importan.

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Muchos conceptos pueden ser resumidos, sintetizados, simplificados, reducidos hasta su mínima expresión . Pero hay uno imposible de reducir, ya que encierra en si mismo, la idea de lo esencial.

‘Menos es más’, es una de los legados más importantes de Mies van der Rohe, no solo como arquitecto, sino como pensador. Una frase que envuelve a otra de sus máximas: ‘Dios está en los detalles’

Recientemente, mientras hacía scrolling en Netflix llegué al documental Minimalism: A Documentary About the Important Things, lo miré con cero expectativa, buscando rellenar la previa antes de ir a dormir con algo ligero. Y la verdad es que me dejó pensando bastante, no sólo eso, además logré incorporar un nuevo hábito a un proceso personal que está en desarrollo.

La primera vez que escuché la palabra minimalismo fue en la facultad de arquitectura, de ahi la referencia inicial al concepto. Desde entonces siempre tuve una impresión visual del ‘menos es más’, la cual intenté aplicar al diseño y más recientemente a la fotografía, también en el orden de los escritorios donde he trabajado y hasta en el corte de pelo.

Joshua Fields Millburn y Ryan Nicodemus, los protagonistas del documental, van construyendo un relato, muy personal, que logra expandir mi visión del minimalismo más allá de lo visual, valga la redundancia.


Colecciono -coleccionaba- casi compulsivamente libretas, tanto nuevas como usadas. Por su diseño, por el contenido y por el uso, una para el trabajo, otra para la agenda personal, una para anotar ideas o bocetar, con el tiempo las fui acumulando e incorporando a mi rutina. Ahora me doy cuenta que algunas de las usadas ya no me gustan y que no tenia sentido guardar recordatorios de eventos pasados. Las desarmé y puse en la bolsa de papel para reciclar. Abriendo espacio para que entre algo nuevo.

Des-coleccionar agendas, en cierta forma también es hacerlo con el tiempo,
soy uno de esos, que aunque no tenga reloj, va pensando en el bus ¿qué podría estar haciendo distinto o mejor en vez de estar sentado acá?

Medimos constantemente el uso del tiempo, está instalada la idea de ser productivos y rendir al máximo, inclusive muchos gurúes de la productividad pregonan que el ocio debe ‘servir’ para generar ideas nuevas. Los to-do list son tiempo que vamos coleccionando, tiempo por hacer e invertir en actividades o en cumplir cosas, nada más para librarnos de la angustia de no ser ‘productivos’.

Si el tiempo se pudiera producir, no habría problema con esto. Entonces decidí no hacer más listas de cosas por hacer, sino empezar a recuperar cosas que me gusta hacer, hasta que se vuelven un hábito que no necesite anotarse en un papel.


Esta nueva visión, mi reaprendizaje del minimalismo, lo resumo así:

01
Necesitamos pocas cosas para vivir bien. Las cosas requieren atención, cuidado, tiempo. Por lo tanto, como diría Tyler Durden, “lo que posees acabará poseyéndote” (y así mientras más tengas).

02
Las cosas tienen dos valores interrelacionados, tiempo de vida y utilidad personal. La utilidad puede ser funcional (realizar alguna tarea) o emocional (construir memoria). Cuando algo ya no tiene valor en nuestro tiempo de vida, es una invasión a nuestro espacio.

03
Dejar ir es crecer. Soltar las cosas, permitir que se vayan al centro de reciclado o al departamento de otra persona, es un acto de crecimiento. Uno de mis principios personales es: viajar con la mochila ligera. Cada posesión que adquirimos contiene una idea, un sentimiento o representa algo para nuestras vidas. Observando la vida como un viaje ¿Cuántas de esas ideas o emociones están vigentes?

¿Cuántas cosas necesitamos verdaderamente para vivir bien ahora?