¿Quién te dice que no?
Comencé en una habitación desordenada. Me sentía derrotada, triste y sin ganas de hacer nada. Tenía un salario, cosas que hacer, amigos a quienes recurrir pero preferí quedarme en silencio y pensar. Tal vez allí estaba la respuesta que necesitaba.

Muchos contactos en Whatsapp fueron mi salvación porque allí estaba todo. Durante los últimos meses había sido mentora de emprendedores para una empresa como otras. Pero yo hice de mi experiencia algo grande y poderoso. Yo descubrí que me sentía de maravilla ayudando a otros. Que la creatividad nunca me faltaba cuando de dar soluciones rápidas se debía, y que por sobre todo me sentía en mi elemento conversando con personas nuevas, escuchando sus historias y siendo ellos mismos. Así comenzó todo.
Literalmente me levanté del suelo, busqué mis listas de excel y empecé a mandar mensajes. Fue interesante ver cuántas personas respondieron SI, QUIERO TRABAJAR CONTIGO! Que sensación tan bonita. Y pensar que antes otra persona me advertía de usar esa lista de contactos… Pero yo solo pensaba, ¿y quién dice que de esto no va a salir algo bueno?
3 meses después estoy terminando de montar el sitio web de mis mentorías, tengo clientes en Chile, Argentina, México, Colombia, Brasil, Venezuela, una socia y una maleta preparada para mi siguiente emprendimiento: mudarme a Bogotá.