No tiene que ser fácil, basta con que sea posible Venezuela

Ya lo hemos hecho antes y podemos hacerlo ahora

Sí, hay sobradas razones para sentirnos indignados por el deterioro y el daño que ha sufrido Venezuela en todos los órdenes (educativo, moral, social, político, económico). Esto pudo haberse evitado perfectamente y, en lugar de haber gastado las energías y los recursos en una forma autoritaria de hacer política, pudimos haber hecho grandes cosas, una verdadera revolución que nos hiciera un país fuerte y próspero. No se rectificó a tiempo y fallamos.

Y hoy, en lugar de estar lamentándonos y luchando por superar esta crisis y lidiando con la frustración, la escasez, la inseguridad y la corrupción, deberíamos estar ocupados en hacer ciencia, en producir conocimiento, en innovar, en inventar, en crear, en mejorar las cosas, en avanzar, en evolucionar y no en empezar de nuevo. Deberíamos estar ocupados en crear y no en pelear.

Pero no fue así y hemos llegado a un nivel caótico que a muchos no les agrada reconocer y que otros se empeñan en sobredimensionar. El sol jamás podrá taparse con un dedo.

Pero hay que decirlo, también hay sobradas razones, quizás muchas más, para sentirnos desafiados, para poner a prueba nuestro carácter y nuestras capacidades individuales y colectivas. Estamos ante un mar de buenas posibilidades de las que podemos sacar un aprendizaje que nos haga mejores. De nosotros depende avanzar o quedarnos en el oscuro laberinto de los lamentos.

Esta crisis nacional, es una enorme oportunidad para sacar lo mejor de nosotros, lo mejor como personas y lo mejor como país. No es cuestión de cuánta culpa echemos o de cuántas maldiciones repartamos. Se trata de formar parte de las soluciones. No tiene que ser fácil, basta con que sea posible.

Las transformaciones necesarias ni la tan anhelada prosperidad se consiguen desde la pasividad de un espectador que sólo se limita a mirar el mundo desde la comodidad de su individualidad como de la comodidad de la pantalla de su televisor. Los espectadores desaparecen cuando la función termina. Nosotros somos los verdaderos protagonistas.

Adoptar una actitud más abierta, más conciliadora y más constructiva siempre será mejor vía para lograr lo que merecemos y necesitamos como país. Sin renunciar ni despojarse de la propia individualidad, de la propia existencia, es posible construir una mejor Venezuela. Sólo debemos tener el valor de intentarlo.

Comencemos por aprender a rectificar. Hagamos que las cosas pasen, seamos nosotros el cambio que esperamos ver ahí afuera, en la calle, en el trabajo, en todas partes. No hagamos el cambio, seamos el cambio. Ya lo hemos hecho antes y podemos hacerlo ahora.

No hay nada que nos impida ser lo que deseamos ser. Con coraje, con determinación y, sobre todo, con compromiso ético, lograremos en poco tiempo lo que de otro modo nos tomaría una o más generaciones. Nadie sabe de lo que es capaz, hasta que no lo intenta.

¡Vamos Venezuela!

Imagen: sjpadron