Uber, el servicio que otros no quieren dar pero que todo queremos recibir.

Más allá de quejas y críticas, tengo mi teoría y una propuesta para hacerles.

Ayer comentaba algo que he venido diciendo desde que se anunció la llega de #Uber a Costa Rica. Creo que todos estamos teniendo un comportamiento reactivo, no solo por desinformación, miedo y egoísmo, sino porque, por ocupar el tiempo en iniciar un guerra contra un enemigo que ni entendemos quién es, no nos hemos dado a la tarea de ver cuál es el verdadero problema que, desde mi punto de vista, no tiene nada que ver con Uber como “empresa” o la legalidad de su actividad.

Uber se ha vuelto un símbolo, un ícono de algo que está muy por encima de un valor económico, Uber representa lo que los consumidores quieren, lo que ellos entienden que es el valor verdadero, en este caso, del transporte de pasajeros. El consumidor paga por un servicio con su dinero y espera tener el derecho de poder elegir a quién darle ese dinero para que lo transporte. Y, obviamente, espera, esperamos, el mejor servicio por tal paga.
Una vez que el consumidor constata que un servicio se puede ofrecer y es brindado con mayor calidad por otros (y ojo que no estoy diciendo que, además, sea más barato), es cuando exige que, todos los posibles oferentes se pongan a la altura (por ahora solo hablemos de “calidad”).

El pecado de Uber en esta película es, simplemente, haber entendido esto, haberlo convertido en un modelo de negocio y ofrecerlo como alternativa y evolución a los servicios tradicionales.

Por esto, mi teoría es que la gente no quiere a Uber, sino lo que Uber ofrece. Y por esto también digo que el problema y la falla de las empresas locales es preocuparse más por pelear que por competir con las mismas armas, cosa que estoy plenamente seguro que se podría lograr. Los fundadores de Uber convirtieron, de la nada, una necesidad y sus problemas colaterales en un negocio de $50mil millones. ¿Por qué no lo hizo una empresa costarricense? ¿Por qué no lo hacemos ahora? ¿Somos menos capaces o nos creemos menos capaces? ¿No sentimos la necesidad? ¿Nos conformamos como estamos?

El modelo de negocio y de servicio de Uber es la evolución natural que debió tener la industria tradicional del transporte público, así como lo es Airbnb para la industria hotelera y de turismo. No se le ocurrió ni a la industria de taxis ni al gobierno, que lástima.
A propósito, no he visto a los gremios de autobuses y busetas en la “lucha” (al menos no tan evidentes), ¿o es que no se sienten amenazados? Pues deberían, este modelo los impactará, tarde o temprano, sin la necesidad de ver buses particulares en las calles. Hasta en eso somos ciegos. Por el hecho de ver a Uber en carro creemos que solo a los taxis afecta. ¿Qué pasará cuando llegue UberSUV o UberVAN?

Po otra parte, si el gobierno lo vio venir (quiero creer que sí), perfectamente ellos pudieron haber elaborado una ley, reglamento o como quieran llamarlo, donde se exija que la calidad de los servicios brindados por los taxis y buses evolucionara a los niveles que ofrece Uber, en todo sentido, desde las unidades, pasando por los choferes, las técnicas de social proof y los métodos de pago.

Creo que hubo (y aún hay) formas de impedir que “una empresa extrajera” viniera a llevarse el dinero, como muchos alegan en medio del pánico, y que aún así se pudiera ofrecer a los consumidores ese servicio tan anhelado, todo “Hecho en Costa Rica”. ¿No lo creen? Pero el miedo, el egoísmo y la desinformación ,aunado a una amplia zona de confort fomentada por el monopolio y la sobreprotección estatal y, del lado gubernamental, el clientelismo y una bajo, bajísimo sentido de servicio público, nos tiene hoy en estos “tire y afloje”.

ENTONCES, que bueno sería hacer como en aquella película con Dan Aykroyd y Eddie Murphy, “De mendigo a millonario”, tomar una empresa de taxis o buses “tradicionales” y convertirla en una que tumbe a Uber, al menos en Costa Rica y probar que, tanto taxistas como políticos, están equivocados (más allá de su intereses personales…) y que la clave del asunto está en la gente, en los consumidores y sus intereses, necesidades y problemas.
ESA ES MI PROPUESTA, ¿Quién se apunta a este experimento?

Sería chiva y, más allá de tres factores que creo serían decisivos en el éxito de un proyecto así (miedo, egoísmo y un alto sentido del servicio público), yo me apunto!!!

Y como prueba de que esta idea podría funcionar, puedo decir que, al menos la mitad de mis alumnos de Diseño de Interacción y UX Design durante el último año, proponen proyectos para solucionar problemas en el transporte público orientados a la mejora de la calidad. ¿Por qué? porque ellos sienten la necesidad y la detectan en sus pares.
Seria un desafío digno de un caso de estudio.

Saludos.

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