Saciar la necesidad de necesitar o cómo jugar el juego político

La creciente cantidad de aparatos electrónicos atrajo la mirada de gobiernos a nivel mundial hacia una problemática social hasta ahora desconocida: el desfase entre la cantidad de enchufes eléctricos en las viviendas construidas antes de 1980 y la cantidad de enchufes necesarios para que la gente pueda utilizar sus aparatos sin inconveniencias. La gente vive ahora, como señaló el senador demócrata de EUA, John Smith Jr., una grave insuficiencia de enchufes eléctricos. Ante ello, las cámaras de legisladores tanto de países de primer mundo como las de economías emergentes decidieron que urgía legislar.

El dilema, según el planteamiento de los partidos de izquierda, se trata de que la calidad de vida del pueblo se ve afectada negativamente al no tener acceso en sus propias viviendas a suficientes enchufes eléctricos. De esto se sigue, según los demagogos zurdos, que es responsabilidad del Estado derrumbar y reconstruir todo edificio construido antes de 1980 para posibilitar mayor bienestar entre el pueblo. Los partidos de derecha plantearon el problema desde otra perspectiva. El problema no le incumbe al Estado, informaron los demagogos diestros. Yace en el pueblo la solución: que desembolsen unos pesos para comprar multicontactos y si alguien clama que no puede costearlos, seguro es un perezoso que no gusta de trabajar y prefiere vivir con el dinero de quienes si trabajan. Aún más, se expuso un minoritario pero interesante enfoque hacia el problema, planteado por los escasos y poco escuchados anarquistas. Dicen estos hazmerreír políticos que el dilema no tenía nada que ver con enchufes eléctricos, sino que se trata sólo de otro mecanismo del Estado para mantener ocupados y subyugados a sus ciudadanos, empujándolos hacia la búsqueda de una falsa necesidad más. Es claro que la declaración de los ácratas sólo trajo la risa general de la clase política, mediática y del pueblo en general.

Con la excepción de los países bajos, que optaron por reforzar las construcciones viejas para evitar derrumbes y de paso mejorar las conexiones eléctricas, el resto de las cámaras tomaron decisiones casi idénticas: no tocar las viviendas pre-1980 ni para mejorar la estabilidad de su construcción, ni para poner más enchufes. Los de tendencia de izquierda acordaron hacer de los multicontactos parte de la canasta básica; los de derecha acordaron que no era problema del gobierno hasta que se cayera una vivienda pre-1980.

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