Y tú, ¿qué estudiaste?

Fotografía Por Jazmin Quaynor — Unsplash

Últimamente me han hecho esta pregunta muchas veces. Cuando empiezas a emprender, la gente quiere conocer más acerca de ti, porque te ven como ese bicho raro que se atrevió a romper el paradigma de ser un esclavo del salario y te preguntan desde “¿que estudiaste?” hasta cosas más personales cómo “¿y ahora cómo harás con tus deudas?” cómo si emprender fuera algo tan extraño cómo un capítulo de Fringe escrito por el mismo J.J. Abrams.

Mis inicios en el mundo del emprendimiento fue apenas en el 2014 cuando me inscribí como programador en el primer evento de Startup Weekend en mi ciudad. Sin una idea en mente, asistí con la finalidad de unirme a un equipo para crear algo que eventualmente cambiara el mundo (o al menos tuviera algún impacto en mi comunidad). En el evento pude conocer todo tipo de personas, desde hustlers que aprovechaban cada segundo de su tiempo para pitchearte su unicornio en potencia, hasta personas que iban porque “emprender está de moda”.

Asistir cómo programador a un Startup Weekend es cómo ver una oferta del 134 de X-Men autografiada por Stan Lee, todos te quieren en su equipo.

Decidí unirme a un equipo el cual no tenía la mejor idea del evento, pero la pasión con la que sus fundadoras hablaban de ello fue suficiente para que me uniera y tomara el mando del desarrollo tecnológico de su proyecto (al fin sería CTO, yay!).

Al final, como buenos emprendedores y al mejor estilo de Silicon Valley, pivoteamos y presentamos un proyecto totalmente diferente al inicial, donde me tocó no solamente desarrollar, sino presentar; y para mi sorpresa nos llevamos el primer lugar. No podía faltar todo el drama que con lágrimas en los ojos subí con mi equipo a reclamar el premio por la idea que había sido posible desarrollar en 12 horas gracias 3 latas de Red bull y llena de código spaghetti.

El equipo de 0es3 en la primera edición de Startup Weekend CentroAmerica

Era la primera vez en mi vida que ganaba un premio que consideraba importante, de algo que había construido con mis propias manos y pude ver que fue bien recibido. Haber ganado un Startup Weekend, donde había tanta gente inteligente, muchos con maestrías o graduados de universidades en el extranjero, me dió la confianza necesaria porque vi que era bueno en esta onda del emprendimiento y decidí lo que quería ser, yo quería ser emprendedor.

Así que empecé mi camino leyendo y compartiendo diariamente cual nuevo post saliera publicado en TechCrunch o Business Insider. Me compré el Lean Startup y actualizé mis perfiles en redes sociales con la palabra “entrepreneur”.

Pero luego me di cuenta que el emprendimiento no se estudia, se vive.

Ninguna universidad, ni algún programa fancy de MBA en el extranjero te enseña a emprender. Pueden enseñarte de negocios, de marketing, de desarrollo de clientes, pero el emprender no es algo que te enseñen los libros, porque ser emprendedor es un estilo de vida que personalmente no se lo recomendaría a nadie; a menos que estés 100% seguro en lo que te estas metiendo. No le preguntes a un emprendedor que estudió, porque la educación tradicional no tiene influencia alguna.

Yo me gradué en la secundaria de un colegio público a duras penas y en los 3 años que cursé de universidad no me fue del todo bien, la cual terminé dejando porque me apasionaban otras cosas cómo crear productos que la gente ame.

Luego de 2 años, puedo decir que estoy empezando una nueva etapa cómo emprendedor a tiempo completo. Le dedico cuerpo, alma y corazón a un proyecto que tuve la gran oportunidad de co-fundar junto a mi mejor amigo, y donde cada día aparecen nuevos retos por resolver.

Así que la próxima vez que me preguntes que estudié, te diré que los mejores maestros son el fracaso y equivocación, ya que ellos son los moldes del camino a ser emprendedor.