Un ciclo más

Todos conocemos cómo son los finales. Los hay paulatinos o abruptos, felices o amargos. Los hemos visto al terminar una película, al acabar un libro o al pisar una cucaracha. Pero nadie intuye el de nuestra raza… aunque muchos lo imaginan con guerras y destrucciones nefastas. Según Hollywood los finales merecen ser apoteósicos, dignos de tirar la casa por la ventana. Lo cierto es que el fin siempre latirá cada vez más cerca de nosotros. Este pensamiento sirve de antesala al categórico e irrefutable The End: el fin supremo. La oscuridad total, que según dicen, en algún momento incierto borrará nuestra existencia de hachazo, sin querer queriendo o queriendo con querer. Si desapareciéramos de la faz de la Tierra, ¿sería el final? ¡Claro que no! Ni siquiera hay indicios de un final cercano, pregúntenle a los dinosaurios. Estamos de turno en un ciclo que demanda miles de cambios para dar paso al siguiente. El planeta seguirá bailando con o sin nosotros. Somos una especie más ocupando una silla en la mesa del tiempo. The end is near. Siempre estará por venir pero, a la vez, nunca llegará. Me recuerda una frase de los bodegueros: hoy no se fía, mañana sí.

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