Heartbreak Hotel

Coraje holandés. Así lo bautizaron los ingleses al ver como los holandeses lo tomaban como antídoto contra los nervios antes de la batalla en la guerra de los treinta años. Entraba el Gin y salía una valentía fuera de lo común. Dutch courage, coraje holandés. ¿Me sigue?

Bien. Oki Doki. Aquí tiene: un poco de coraje holandés con Schweppes.

Sé cuánto lo necesita después de lo de hoy. Puede interrumpirse si me equivoco en lo siguiente: usted se iría ahora mismo de aquí, pero como no puede lo único que le queda es perderse en el bar más alejado de todo el complejo y sumergirse en un gin tonic.

Lo entiendo: después de la fascinación inicial esto se transforma en rutina. La amabilidad lo irrita. El no hacer nada se vuelve amargante. No soporta ni a sus hijos ni a los hijos de los demás, no soporta el show de magia, no soporta nada. Está atascado.

Y lo de hoy lo abruma por completo.

Se suma a la lista de las cosas que no salen en las fotos, ¿verdad?

Pelos en el sauna, colas para poder comer, tormentas repentinas y ahora un asfixiado al borde de la piscina. Bingo.

Déjeme decirle algo que quizás lo tranquilice: le sorprendería la estadística de muertes por año dentro de un resort como este. De verdad, el índice es mucho más alto de lo que piensa.

La mayoría se toma muy en serio lo de all inclusive en el buffet y después de combinar langosta, panqueques con nutella, tacos, champagne y cerveza se van de excursión. La navidad pasada por ejemplo, un ruso falleció en pleno buceo.

A lo que voy: sé que resulta contradictorio para usted alojarse en un lugar llamado Ville La Vie para ver como un obeso canadiense se muere al costado de una piscina pero ey, trate de no tomarlo personal. Es estadístico, ¿me sigue?

Mire, durante los 90 estuve al mando de la barra en un centro de Ski en Svalbard, Noruega y créame que vi mucha gente ir de excursión al bosque y volver devastada.

Ocurre lo siguiente: debido a la cantidad de osos, en Svalbard si usted quiere alejarse de los asentamientos principales está obligado a llevar un rifle. Como dicen los lugareños, en un enfrentamiento entre un humano y un oso las posibilidades en que los dos salgan con vida se remontan a cero ¿me sigue?

Bien. Oki doki. A lo que voy: es una herramienta preventiva pero suele fallar cuando aparece una tormenta de nieve. El grupo se comienza a separar, la luz comienza a bajar, las formas se vuelven difusas y siempre el más asustado dispara. Muchas veces a un oso y muchas otras a un familiar. Un tío, un hermano, un compañero de trabajo. Depende de la puntería el grado de la tragedia.

Le pongo otro ejemplo. En 1985 mientras trabajaba en un bar en la playa en Nueva Orléans el departamento de recreación me contrató para festejar el primer año sin ahogados. Cuando la fiesta terminó, un invitado fue encontrado muerto en el fondo de la piscina del lugar. ¿Qué me dice de semejante ironía?

Quiero decir ¿no le parece todo esto una gran broma?

Puede interrumpirse si me equivoco en lo siguiente: ya se siente un poco menos fatal ¿verdad? Bien. Oki Doki. Nadie más va a morir hoy, es estadístico mi amigo.

La segunda ronda viene por cortesía de la casa pero déjeme que le cuente esto para terminar de redondear mi idea. El mes pasado un texano cincuentón cantaba “Heartbreak Hotel” de Elvis Presley en el bar del karaoke. Promediando la canción se desploma. Ataque cerebrovascular. Todos corren y gritan y tratan de ayudar con torpeza.

Yo simplemente quedé congelado frente a la pantalla, patidifuso. Debiera haberme visto. Fue como si la pelotita de karaoke me hipnotizara al saltar de palabra en palabra y me obligara a completar la canción:

You make me so lonely baby,
I get so lonely,
I get so lonely I could die.

Ahí tiene, en una misma escena un tipo que yace en el piso con los ojos saltones, su mujer llorando desconsolada, la luz de la bola disco girando sobre ellos, el micrófono en el piso acoplando y detrás de la barra el bartender cantando como hechizado “estoy tan solo que podría morir”

¿Me sigue? A lo que voy: eso sí que no sale en las fotos, ¿verdad?

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