Cuentacuentos

Recuerdo los veranos de mi infancia, cuando mis abuelos me llevaban temprano a una plaza en Torreón a escuchar cuentacuentos, contaban todo tipo de historias, y siempre admiré la manera en que podías sentir que eras parte de ella, y aunque me gustaban los cuentacuentos no se comparaban a mis abuelos.

Mayoría de mis veranos eran con mis abuelos. A veces con mi familia paterna (Doña Vicky y Don Carlos) viajabamos a Mazatlán, Culiacan, Torreón, Durango. Otras veces con mi familia materna (La Guereja y el Negro) viajabamos por la ciudad de México, Celaya, Querétaro, San Miguel, Toluca. Los veranos los disfrutaba muchísimo, para mi no había nada mejor que ser consentida por los abuelos, y es que solo ellos a su manera sabían como entenderte y como quererte; como nunca había sentido.

Zaira a los 4 años, ya viajaba sola y lo hacía con un entusiasmo que tal vez no se acordaba de sus papás hasta días antes de volver.

Me gustaba que siempre había tanto que aprender, que cada día podía descubrir algo nuevo, husmear en otro cajón, ver más fotos, escuchar más música, pero sobre todo escuchar otra historia.

Cada uno tenía una manera muy diferente de contar sus relatos; mi abuelo Carlos siempre cuenta historias chistosas, tiene un repertorio inagotable de relatos que terminan sacando la risa más fuerte. Mi abuelo David contaba sobre sus viajes, viajo por todos lados y tenia una habilidad exquisita con los detalles, sabía mucho sobre la historia de México y tenía una manera en que no podías perderte un minuto. Mi abuela Martha me cuenta historias de amor, nos ha enseñado qué se puede amar con toda la vida, y seguir enamorada, me gusta todo lo que cuenta, puede contarlo suspirando o con una sonrisa de oreja a oreja. También tenemos a Pedro es fácil sentirlo como un abuelo, nos cuenta de España, de su juventud, de gramática, es muy especial, lo que más me gusta de lo que cuenta es de mi abuela Martha, me ilusiona la idea en que puedas estar así de enamorado y que siempre tengas que compartir con alguien.

Mi abuela Vicky tenía algo muy particular y es que ella podía contarte todos tus momentos. Todo lo recordaba. Conforme iba creciendo me daba cuenta de que algo de mi siempre había permanecido igual y ella estaba ahí para reafirmarlo. Ella y yo teníamos una conexión mágica, realmente ella me veía en todas partes, a todos los nietos les decía mi nombre y cuando me mudé no había semana en que no preguntara por mí.

Su historia favorita era de cuando ibamos en carretera de noche y me decía que me durmiera para que el tiempo pasara más rápido, a lo que yo contesté: No abuelita, quiero ir admirando la naturaleza.

Esta historia la ha conto a todos, siempre con el tono mas dulce pero a la vez con risa, porque como una niña de 5 años diría tal cosa. En cada historia podías sentir como estabas dentro de ella.

Hace 4 años perdí a mi abuelo David y hace uno a mi abuela Vicky, pensé en qué se perderían los relatos. ¿Quién me va a contar de historia, de México, de viajes ? y ¿quién me va a contar sobre mí, sobre lo que hacíamos juntas?

Con ellos definitivamente se fue una parte de mi, una parte en qué sabe qué nadie mas me va a querer a su manera, en su forma, en sus brazos. Sin embargo otra parte de mi sabe que llegará un tiempo cuando la cuentacuentos sea yo, y esa responsabilidad que ellos me dejaron es la responsabilidad de disfrutar y crear experiencias inolvidables.

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