El mundo de las startups regias

Inicié mi camino en el mundo de las startups regias hace cerca de 4 meses. Las realidades de lo que he encontrado en Monterrey, México y las distintas reflexiones que me he obligado a hacer, me tienen escribiendo ahora. Comencé esperando que mi proyecto creciera exponencialmente y pensé encontrarme con startups como las que se desarrollan en Estados Unidos, quien sepa de lo que estoy hablando sabrá lo equivocado que estaba. Nuestra historia es distinta, nuestra cultura es distinta y por tanto los proyectos que hay aquí son distintos. Y el éxito (ahora lo veo) está reservado para aquellos que fallan y aprenden rápidamente.

Desde el inicio ves porqué somos distintos. Las preguntas sobre lo que estás haciendo te llueven y la mayoría te ve con ojos confundidos cuando se los explicas. El riesgo es privilegio de pocos, eso está claro. Aquí en México el dinero no abunda, muchas veces no hay un futuro más lejano a la quincena. Si bien el riesgo es un privilegio, no lo es solo en términos financieros, lo es por lo que significa soñar en estas tierras. El fracaso es más esperado que el éxito, el pesimismo aún le gana al optimismo. “México no vale madre” puede ser la expresión más usada antes los problemas que nos frustran. Pocas veces vemos que México somos nosotros. Todos y cada uno nosotros actuando a la par. Cuando tienes una startup eres un soñador hasta que tu proyecto está maduro, hasta que en verdad hay certeza de que ganarás dinero. Estamos hablando de que posiblemente han pasado 2 o 3 años desde que empezaste. Pocos logran ver que el valor real de una startup/empresa no se mide en dinero. En nuestro mundo la cultura es un problema.

Si bien los proyectos fueron distintos a los que esperaba, me fui encontrando con gente tan entusiasmada como puede estarlo alguien que se cree capaz de cambiar el mundo. La comunidad de Monterrey es grandiosa, está llena de gente con talento y hambre. Gente que te comparte lo que sabe a cambio de nada. Muchos lo hacen porque antes recibieron ayuda de este tipo, otros porque saben la diferencia que hace recibirla oportunamente. Me sorprende la cantidad de personas que he conocido bajo el famoso “networking”. De todas aprendes un poco y con todas compartes la ilusión. Cada semana tienes al menos 2 eventos a los cuales asistir. Monterrey crece y muestra cada vez más sus ganas de crear y avanzar. Hay empresas haciendo esfuerzos que desconocía hasta hace unos meses, las universidades se preocupan cada vez más por involucrarse, todo me lleva a creer que tenemos algo grande en esta ciudad. En nuestro mundo la unidad es la clave.

Todo es más nuevo de lo que imaginé, muchos se encuentran empezando y pocos han terminado exitosamente su primer startup. La comunidad aún puede conocerse en un lapso de tiempo pequeño (1 mes aprox.) lo cual representó una ventaja para mí. Lo que he visto es que la mayoría no sabemos exactamente lo que estamos haciendo…probamos y erramos, aprendemos sobre la marcha. Muchos usan metodologías que han funcionado en Estados Unidos y tienen sus ejemplos allá y no acá. La novedad añade un precio a la incertidumbre. No estamos educados para hacer proyectos propios, para crear de la nada sin mucha guía o muchas indicaciones al respecto. La educación todavía se dirige a trabajar en ideas de otros. Poco a poco llegan los “hackathons” y los “Startup Weekend” para fomentar está filosofía de crear porque te gusta o porque te apasiona un problema. Habemos mucha gente que tenemos ideas (la creatividad del mexicano no puede cuestionarse), pero pocos saben cómo ejecutarlas. En nuestro mundo muy pocos encuentran el cómo.

Nuestro mundo no debe ser tan diferente al de otras comunidades de startups, sospecho que en Latinoamérica en general esto es lo que se vive. Lo que he encontrado en este tiempo me entusiasma porque me hace pensar en que gracias a que cada vez más personas deciden trabajar en proyectos innovadores, el futuro es más prometedor que el presente. Me gusta pensar que el talento mexicanos podrá quedarse aquí y brindar servicios a nivel global. Hay un montón de cosas que nos quedan por aprender como comunidad. La concepción del fracaso y el pensamiento optimista son solo el comienzo. Nuestra creatividad encontrará cada vez más maneras de unirse a la de los demás y de convertirse en valor a la sociedad. En Monterrey hay tantas personas preocupadas por crear, que tarde o temprano se verán los resultados. En nuestro mundo el futuro debe ilusionar.

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