Yo me fui porque al kiosco de las empanadas le construyeron un boulevard…

Este es un texto sobre Venezuela, emigración, política, crisis, arrechera e indignación. Este es mi opinión que nadie me pidió sobre irme del país. Están avisados.

Yo no sé si esto se va a parecer a lo que ya muchos que se han ido (o tienen a alguien que lo ha hecho) han expresado, seguramente habrán muchas cosas en común así como también muchas diferencias. No voy a contribuir al estúpido debate quedarse vs. irse, sólo ofreceré mis muy personalísimas razones de mi muy personalísima decisión. Tampoco pretendo convencerlos de nada, sólo son cosas que siento debo decir y que siento algunos querrán leer, por las razones que sea.

Yo en su momento me burlé de los chamos de Caracas: Ciudad de Despedidas. No fui el único, creo que Internet en Venezuela habló como más de una semana de ellos, yo hasta escribí algo al respecto. Después lamenté profundamente ambas cosas y me di cuenta que muchos tomamos ese tema con una ligereza imperdonable. Eran otros tiempos y si no sentíamos que era hora de marcar la milla, pues teníamos una opinión bastante dura al respecto. Yo mismo dije cosas que después, con toda la razón del mundo, tuve que tragármelas y aceptar lo equivocado que estaba. Ahora mismo no siento más que más amistad, más respeto y más admiración hacia aquellos quienes se despidieron de mí.

Uno se va por la razón que sea y que a uno le parezca. Muchos piensan que hay como una especie de lista de razones válidas para irse y si alguien se va por una razón que no está en esa lista entonces es un caprichoso. Por eso es que cuando escucho que alguien se va, yo no pregunto por qué sino para dónde y cuándo. Con un poco de astucia y sentido común uno puede saber por qué los que se van se van. Uno no puede sino alegrarse cuando algún amigo o familiar decide irse del país. Ya la sola decisión de irse aumenta sus posibilidades de vida en un 40%. O más. Ya después de eso no importa a dónde, con cuánto, a qué. Se va. Y uno siente un alivio tremendo y empieza cruzar los dedos, a rezar, a mover contactos y favores para que todo le salga bien.

Mi razón muy particular no es una razón sino más bien algo que representa una serie de razones. Además de las que ya por defecto van incluidas en la lista (te matan, roban, no hay comida, no hay medicinas), yo me di cuenta que Venezuela me estaba gritando algo cuando al kiosco de empanadas que está al lado del Centro Comercial Ciudad París, le colocaron un bonito boulevard dedicado a Billo Frómeta. Ese tarantín estaba ahí en medio de un terreno pequeño de tierra, una esquina que no fue aprovechada ni por la casa que tiene al lado ni por el centro comercial, una especie de terreno ejido, sin más dueño que el primero que lo colonizara. El asentamiento en cuestión, es de un vendedor de empanadas con un tarantín como de 3x3, unas mesas y ya. Sin toma de agua. Sin electricidad.

Ahí desayunan los que trabajan por la zona. A mí me sacó la pata del barro en más de una ocasión. Yo no tengo nada en contra de ese señor, ni que el tarantín esté ahí. Sinceramente no molesta a nadie ni a nada. Pero hace poco menos de un año, la alcaldía de la ciudad le hizo el mencionado boulevard. Uno pensaría que habría que mudar el tarantín y el señor que hace las empanadas ya no iba a poder estar ahí porque ese sitio pasaría a ser un espacio para el disfrute de la ciudad. No. ¡NO! Hicieron el boulevard alrededor del tarantín. Pero es que ¡coño, maldita sea!, lo hicieron todo para adaptarse a la ilegalidad del tarantín. Construyeron hasta un banquito de esos en fila que hacen en las plazas, con lo que ahora yo no es necesario que el tipo tenga las mesas, porque yo con mis impuestos le estoy construyendo un boulevard. ¡UN BOULEVARD! No le pidieron que se legalizara, no le dieron ni una bendita toma de agua para que se lave las manos para hacer las benditas empanadas. No le formalizaron el negocio con un establecimiento. NADA. ¡NADA! El tipo hace sus empanadas sin seguir ninguna norma higiénica, sin pagar ninguna clase de impuestos y lucrándose sin responder ante nadie ni ante nada.

Mientras el tipo hace su plata y los policías de la comisaría cercana se desayunan ahí todas las mañanas, yo no pude inscribir mi empresa en el seguro social porque me faltaba un papel que de ninguna manera podía obtener. Es decir, yo no podía formalizar mi empresa ante el instituto de los seguros sociales porque no puedo llevar un documento de alquiler de mi casa, donde he vivido la mayoría de mi vida. Porque yo tenía mi oficina ahí.

Entonces la cuestión es simple: Yo, a través de métodos legales para estar legal ante la ley en el país, no podía hacer nada, mientras el tipo que vende empanadas lo puede hacer libremente porque en Venezuela nada ni nadie se lo va a impedir. Él, de alguna manera, prosperará sin ninguna traba legal, yo me encontraba imposibilitado de cumplir a cabalidad con todas las leyes exigidas.

Ese fue mi despertar. El aviso gigante en la autopista que decía: "DESPIERTA, ESTO NO ES PARA TI". Porque lamentablemente es así, en Venezuela no es para ti ni que te pongas y es para ti así te quites (César Vivas dixit). Hay una concepción equivocada acerca de las posibilidades de uno en Venezuela. Venezuela no es que limita las posibilidades, sino que va a hacer todo lo humanamente posible para que retrocedas, para que seas menos cada día, para que dependas cada día más, para que seas menos libre, para que pienses menos. No es un accidente, no es incapacidad, no es ineficiencia, no es falta de autoridad, no es que no se cumplen las leyes. Es maldad, plana y sencilla. No es solamente el tipo del seniat de turno, o el saime, o el alcalde, o el gobernador, o los que atracan y matan, es también tu vecino, el que lava carros en el estacionamiento, o el negocio que lava adentro y echa la mierda para afuera, del que se para en el rayado y te saca una pistola si le reclamas, es el que se para en donde le da la puta gana porque puede y porque quiere.

De modo que la culpa no es solamente de los políticos como muchos racionalizan y circunscriben. Es de todos, es del gentilicio, duélale a quien le duela. Así son la mayoría de los venezolanos y así serán. Y yo sencillamente desprecio a cabalidad y sin espacio para dudas, el conjunto de principios y normas sociales bajo los cuales se rige el venezolano tanto dentro de Venezuela como fuera. Y es en esta parte en donde repito, porque todos siempre lo toman a mal, son la mayoría, no todos. De hecho, ya deberíamos acordar tácitamente que aquellos quienes no se comportan como el venezolano promedio pues no son venezolanos y solamente nacieron allá. Así como suena. Pienso que hay que desechar esa tontería de sentirse orgulloso del país en donde uno nació sólo por eso. O sentir orgullo por los logros de connacionales excepcionales que se destacan alrededor del mundo en las distintas disciplinas. Si más bien dichos logros es porque se desprendieron de esa prisión moral y social que es atarse a una nacionalidad y actuar acorde a ella y a sus expectativas. No es casualidad que los grandes escritores o pensadores venezolanos cargaran sus obras con tanta crítica social hacia la identidad nacional, porque muchas veces los logros no son por el gentilicio sino a pesar de él.

En Venezuela existe gente valiosísima y cuyo aporte al país yo jamás podré igualar, así como tampoco podré igualar su entrega y su decisión de hacer todo por el país así el país no haga nada por ellos. Quizá no es que no pueda, sino que me cuesta entenderlo. Porque sinceramente para mí es difícil entender eso, ese amor desbocado por un país que día a día encuentra maneras más coloridas de arruinarte el espíritu y mancillar tu dignidad como ser humano. A ellos mi eterna admiración, por sacrificar su vida por un país mejor, así el país no quiera y se empeñe en querer estar peor. A ellos mis respetos, porque sé que en otra parte del mundo sus aportes sí serían recompensados, no económicamente ni materialmente, sino en cambios concretos para mejor, para progresar, para apuntar todos en una misma dirección. Yo sólo me imagino a algunas personas y su talento y entrega fuera de Venezuela y sinceramente no puedo ni estimar lo que lograrían y el impacto que causarían.

Pero yo no soy uno de ellos. Yo me fui por egoísta, porque esta única vida que tengo, la quiero vivir bien, quiero trabajar mucho y ser recompensado por ello, para darle la vida que se merecen a los míos y a quienes aprecio. Me fui porque quise vivir con estabilidad, no como la mayoría de mi vida, que ha sido sometida a los designios del país, sin libertad de nada. Me fui porque no puedo esperar que los políticos jueguen sus macabros juegos de poder mientras morimos de mengua por una medicina o por comida. No puedo esperar a que el chavismo caiga sólo o a que la oposición empiece a oponerse. No me calo sus pedidos de paciencia cada vez que muere alguien porque no consiguió su medicina para el corazón, me saben a mierda sus tiempos perfectos y constitucionales. No me aguanto a quienes no han comprendido que la vida es una sola y no hay tiempo para luchar constitucionalmente contra unos asesinos que han decidido aniquilar a la población de hambre y de mengua. No hay tiempo para votar todos los diciembres ni paciencia para una campaña electoral todos los años. No se puede jugar a la legalidad contra quienes de manera resuelta han decidido que en el país ellos tienen todos los derechos y el resto sólo tiene una bala con su nombre en ella. No se puede hacer política contra quienes han expresado abiertamente deseos de fusilar a quien no piense como ellos.

No, No y ¡NO!

Tampoco voy a caer en la manipulación de que el país se recupera si cambia el gobierno o se estabiliza la economía. Sí, seguro que se puede estabilizar la economía y y el comunismo se va y se puede recuperar políticamente y económicamente. ¿Y socialmente? ¿Moralmente? La recuperación moral y social no es cuantificable en tiempo o en esfuerzo. Me atrevería a decir que para ello, en Venezuela, es necesaria una refundación absoluta del país, bajo un sistema de principios que muy pocos están dispuestos a aceptar. Ni siquiera me atrevo a empezar a describir lo que es necesario para reconstruir el tejido social luego de esta calamidad. Refundar y reconstruir el país, pasa necesariamente por redefinir el gentilicio, reconciliarse con el valor de la verdadera educación, readoptar la meritocracia como sistema de ascenso social, otorgar nuevamente el valor real al trabajo, impulsar renovados sistemas de justicia y educar sobre el valor rectificador del castigo.

Yo no veo sucediendo eso que mencioné. No en 10 años, no en 20 ni en 40 años. Y por eso me fui.