Un libro sobre libros. “La novela, el novelista y su editor”

El escritor y dramaturgo Thomas McCormack en su libro La novela, el novelista y su editor sintetiza casi treinta años de experiencia con muchos manuscritos y en el ámbito editorial para brindarle al lector consejos y advertencias sobre los escritores y el proceso por el cual pasa el editor con la selección de un “buen” original y el desarrollo por el cual pasa antes de ser publicado. Para poder hacer un buen trabajo, considera que el editor de novelas debe de detectar tres características esenciales:

  1. La sensibilidad lectora. Es la capacidad de poder saber cuál es el lector ideal de cada tipo de obra. Para poder distinguir esto, primero debe de gustarle al editor, debe de verle ese algo que sabe que tendrá éxito, que servirá. Las páginas frente a uno deben de causarle curiosidad, generar expectativas o incluso ansiedad.

2. La habilidad para diagnosticar los males de un manuscrito. Se sabe que los poderes de la imaginación de los escritores varían en fuerza y clase[i]; por eso es importante que el editor sepa lo que es una buena construcción de la estructura, los personajes y el lenguaje, por ejemplo. Un buen libro atrapará a su lector, debe de tener una trama y personajes llamativos (que causen polémica, sean inteligentes, tengan alguna característica peculiar, por mencionar algunos ejemplos vagos ya que a cada lector le causa curiosidad diferentes cosas en la personalidad y el desenvolvimiento de los personajes: ideas, voz, su descripción…). El lenguaje es otro factor primordial, éste debe de comprenderse de tal manera que cause conflicto al lector o dentro de la novela o que simplemente se entienda para poder seguir la historia.
 Todo esto nos lleva a la última característica:

3. La astucia para sugerir enmiendas que permitan al escritor producir en sus lectores los efectos que desea. Considero que el mismo nombre de esta característica describe la idea central: el lector busca algo que le gusta, desea que el tema, personaje, trama u otro elemento del texto se desarrolle bajo las expectativas que tiene, sin embargo, el escritor y el editor construyeron de tal manera la obra que en realidad no se sabe si tendrá el efecto deseado. Claro que el libro se hizo para complacer a su lector; su construcción tuvo que haber sido planeada correctamente para generar un impacto.

McCormack no buscaba redactar un manual de edición sino realizar ciertas reflexiones acerca del papel del editor y el autor que deben tomar cuando una novela será lanzada al público. Utiliza y desarrolla diferentes etapas de la escritura creativa como: la preliberación, la imaginación del material, la selección de palabras y la selección final, proporcionando, hasta cierto punto, ayuda para que un editor pueda cumplir sus objetivos y el texto sea del agrado de los lectores.

Claro que, como menciona McCormak, es imposible el enseñarle a alguien escribir una novela:

“Ni un autor que ha producido decenas, ni un editor que ha publicado centenas, ni un académico que ha clasificado millares pueden ofrecer la fórmula mágica de este género, pero eso no quiere decir que nada pueda decirse sobre los mecanismos que convierten a la novela en una apasionante experiencia lectora”.[ii]

[i] McCormack, Thomas. La novela, el novelista y su editor. Trad. Juana Inés Dehesa. FCE, 2010, 1°ed. En español.

[ii] Granados Salinas, Tomás. “Nota del editor” en La novela, el novelista y su editor. Trad. Juana Inés Dehesa. FCE, 2010, 1°ed. En español.

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