Cuando la luna transita por aries

Aquí comienza un nuevo ciclo, algo que está precedido por el término de otra cosa en forma casi simultanea. Energéticamente es casi automático el inicio después del fin, comienza algo nuevo cuando muere lo viejo, pero esto no ocurre a nivel psicológico y ese es el paradigma que nos viene a mostrar esta fase.

Se trata de un inicio que precede a la manifestación de la forma, la gestación. Sabemos que el inicio no es el parto, pero sólo podemos tomar contacto con el nativo cuando sucede. Es decir, sólo cuando tomamos contacto con la forma, es connotado por nosotros como un inicio. Ese inicio, en tanto nacimiento de la forma, sucede en la fase de Cáncer, pero la gestación hasta Cáncer empieza en Aries.

Esta es una fase de mucha ansiedad, ya que no estamos acostumbrados a movernos en un mínimo de forma. “Ya no puedo agarrarme de la identidad que se disolvió en Piscis, siento que quiero pero, o no me sale, o no tengo la energía suficiente para realizar aquello que se terminó, tampoco sé hacia dónde dirigirme pero siento mucha potencia, mucha adrenalina.”

Puede visualizarse esto a través de lo siguiente: Traten de fotografiar mentalmente el instante en que un jugador de fútbol está pateando la pelota hacia el arco, no sabe si esa pelota va a pegar en el travesaño o entrar en el arco, tampoco puede prever del todo cómo va a reaccionar el arquero, u otro jugador del equipo contrario. Ese instante lleno de potencia y de incertidumbre caracteriza esta etapa.

Pero incluso puedo decirles que esta imagen tampoco es exacta porque en fase Aries no hay ningún arco hacia donde proyectar la pelota. Es difícil encontrar una imagen. Para poder entender esta transición, como si fuese un Kóan les pido que traten de visualizarse y sentirse en el cuerpo del jugador. ¿Por qué piensan que esto les puede sonar tan paradójico? No es tan difícil deducirlo: No estamos acostumbrados a movernos cuando no hay forma, no tenemos demasiado tematizado en nuestra conciencia el momento del deseo puro que se dirige quién sabe hacia dónde.

Para nosotros aparece primero el objeto, y luego nuestro deseo va hacia él. La astrología piensa esto justamente al revés, primero aparece el deseo que irá a proyectarse en un objeto, en una forma mas o menos definida. Es algo así como “Tengo muchas ganas, mucho impulso, mucho deseo, pero no se ni de qué ni hacia qué”. Esto es lo que suele ponernos un tanto nerviosos en esta luna. Muchas veces nos pegamos la cabeza una y otra vez con la identidad pasada, nos ponemos obsesivos tratando de continuar fijando aquello que se terminó. Es un momento en dónde incertidumbre, energía y potencia van juntas hacia quien sabe dónde.

Lo mejor que podemos hacer en esta fase es dejar que la potencia del inicio actúe sola. En las primeras instancias en donde vivan conscientemente estos momentos de luna en Aries, va a surgir en ustedes una clara tendencia hacia la interpretación. Todo lo que pase en estos dos días y medio van a querer relacionarlo de modo predictivo con lo que va a constituir una cierta primera identidad en Leo. Es posible que en esta época alguno de ustedes se pelee con su pareja y termine deduciendo que en fase VII ya estará saliendo con otra persona. ¡Humilde recomendación! No intenten “interpretar” las fases, sólo vívanlas, porque la fase Aries es un momento para dejar que las cosas sucedan.

A las personas más afines a definir les recomiendo no alterarse y utilizar esta fase para conocer nuestra capacidad de dejar lo más profundo ordenarse sólo. De esta forma, constituyéndome a mi mismo como observador hasta la fase IV de Cáncer, dónde voy a entender mucho mejor ese impulso que comenzó en Aries, me pongo en un lugar de apertura ante lo nuevo que se impone a pesar de mí. Al margen de la tendencia de quedarme pegado con lo que ya murió, otra tendencia es saltar apresuradamente hacia delante, tendencia propia de quienes tienen una preponderancia de elementos activos como aire–fuego en su carta natal, adelantarse a querer definir el primer impulso que viene.

El tema es que esta forma de abordar la primera fase, sea consciente o inconscientemente, puede redundar en mal humor o irritación, porque uno no tiene el “cómo”, éste irá formándose más adelante. Observen qué sencilla es esta fase, en tanto impulso puro, y qué difícil a su vez vivirla. Ante la presencia de las ganas y el impulso, uno lo primero que quiere hacer es poner ese cúmulo de energías en algún sitio. Les recomiendo que en esta época se pongan observadores, un observar sin interpretar es la mejor manera de responder a esta luna.

Esta es la fase donde sorprendentemente nuestros “hábitos” sufren una cierta despotenciación. La despotenciación de lo hábitos genera un vacío propio que posibilita el recorrido de una nueva identidad o forma en el zodíaco. Se inaugura aquí la posibilidad de ampliar la propia estructura, y para ello es importante despotenciar los hábitos que la fijan.

Para una identidad que suele repetirse mecánicamente año tras año, esta fase supone la posibilidad del vacío, del intersticio entre lo constituido y aquello que se va agregar para complejizarse y redefinirse. Una imagen interesante para evocar esto es ver cómo funciona el proceso de la sinapsis neuronal, donde una neurona nueva que se enlaza con el sistema de neuronas entrelazadas, invariablemente va a definir el sistema en su totalidad.

En esta fase, el sistema neuronal habitual se abre a lo nuevo, pero lo nuevo que todavía no puedo ver, ordenar o hacer propio. Es una oportunidad importante para replantearnos nuestra identidad.