Junkie

Es verdad que las drogas te sacan de la realidad, te la aligeran, te envuelven en una cobijita suave; te mantienen al menos con los ojos secos.

A mí las dosis prescritas no siempre me funcionan; tengo que tragar una píldora más de prozac en las mañanas especialmente grises, ¿las conoces? Esas que en cuanto despiertas (bueno no instantáneamente, pasan algunos segundos talvez) sientes caer la piedra pesada y caliza de la realidad y aparece ahí, en el tórax, ese hueco; el plexo solar liberando energía incluso a través de tus manos, si es que con ellas te tapas el pecho. «No está» pienso y sale la luz hecha madres al techo y duele. Cada quien tendrá sus penas, tú las tuyas.

Esas mañanas tomo dos pastillas de felicidad, pero no; no soy feliz. Tengo la plena conciencia de lo que duele y de lo que falta; es eso, me mantienen de pie y con los ojos secos, me sacan de la cama.

Llego a la noche más o menos viva y el terror de un insomnio de horas y recuerdos me llevan a buscar algo más, venga que el clonazepam cómo ayuda a dormir, cómo bloquea la mente al momento de recostarme en la almohada. Dos gotitas más no le hacen daño a nadie. No pienso, no recuerdo, no pasó las noches enteras sin dormir. A cambio me cobra con una dote de fantasía, de sueños realmente feroces o tiernísimos donde a veces apareces tú, y lejanamente pienso «esto dolerá mañana» pero amaneciendo ya tengo de nuevo la fluox en la lengua y varios analgésicos más y vuelvo a empezar. Y así los días.

Fumo más, ayer me descubrí fumando 10 cigarros; una contradicción con mi nuevo estilo de vida; este del ejercicio y la comida sana. Tengo una aplicación que me cuenta las calorías y la grasa quemada en el ejercicio, estoy que no me reconozco, pero casi no sonrío; no encuentro motivos, ni siquiera cuando me miro en el espejo y veo cómo va cambiando mi cuerpo, como mi vientre por primera vez es plano.

Sigo siendo feminista; aunque parezca contradicción lo sigo siendo.

Hoy saliéndome de bañar recordé cuando te gritaba para que fueras por Abril y la llevaras a la cama, cómo era nuestra vida y creo que tú puedes pensar que era muy mediocre y sí lo era. Pero yo a veces la quería cambiar. Quería tener esa casita y plantar flores y regarlas diario; cuando no lloviera claro y rescatar caracoles como la última vez en Pachuca, que sin dudar tomamos en nuestras manos a los bebés para que no fueran pisados y corrimos hacia el prado más cercano bajo la lluvia. Podríamos andar descalzos en el pasto y podríamos comer en el pequeño jardín; podríamos hacer alguna vez una cena; sí, yo cocinaría para la gente que realmente nos agrada, esa gente que era poca pero que teníamos en común. Aunque ahora que lo pienso sólo era gente mía, porque en todos estos años yo no conocí a la tuya y ellos no me querían conocer a mí.

Tenía muchos proyectos, muchos sueños en la cabeza. Puedo incluso dibujar con mis dedos las formas y las figuras que tendrían los cojines de nuestra sala y puedo ver claramente nuestras posiciones en la cama, no sólo para el sexo sino las mil y una que teníamos para dormir, siempre juntos; sin cansarme jamás de recorrer el mismo cuerpo una y otra noche, todas; el tuyo.

Hoy te extraño de una manera diferente, más doliente, imposible. Hubo un tiempo que las tormentas cayeron y que aún así, ahora no sé si fue cierto, yo sentía que querías volver al paraguas. Ahora la certeza de nuestras decisiones me acaba, me arruga, me ha quitado la esperanza.

Segura estoy de que el tiempo con su inminente dictadura cruel, hará que se vayan desdibujando todos estos recuerdos, como a través de mis ojos cada vez más ciegos, como cuadro de Monet, hasta que parezcan pinceladas amorfas como obra de Picazo. Me olvidaré también de este dolor que siento. Y olvidaré las pastillas y las gotas; y el hueco del pecho habrá desaparecido.

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