Turn on the fire

Todos sabemos reconocer ese retortijón del alma que vagamente combinando letras y sílabas a algún griego se le ocurrió llamar “pasión”. Es esa sensación de sentirte encendido, de pegar un salto y comenzar a hacer algo que te emociona, que te hace sudar las manos. Te hace desear que el día tenga 72 horas, porque la vida no basta para terminar todo lo que quieres hacer para darle un significado.

Podría parecer irónico que como profesional audiovisual ya casi no recuerde la sensación. A los 16 años y para no recibir reprimendas esperaba más allá de las 11 p.m. a que la actividad hogareña decayera; decenas de noches llegué a pasar hasta 6 horas seguidas dibujando una historieta, cuando soñaba con vivir en otra frontera, el esquema de varias historias totalmente cubierto. Años después la responsabilidad, el “gana dinero y sé útil” con el que te bombardean por todos los frentes, me cayó encima. Virtualmente imposible evadirlo.

¿Qué pasó? Pues la vida.

Conmigo la cosa es fácil. O me obligo y lo hago sin pensar, o me paso los días metida en una caja. Hubo momentos con tragos bastante amargos, que me ayudaron a desplegar mis plumas y todas las posibilidades que traían arrastrando. ¿Me arrepiento? ¿Te arrepentirías tú?

A pesar de eso, por años pasé de largo el meollo del asunto. Casi 10 años, simplemente para ser capaz de comprender (¿recordar?) lo que este vocablo significa para otros. Ver sus ejemplos. Darlo todo, ser tan preciso en tus metas que no dejen espacio a la duda. Si no quieres algo con toda la fuerza de tu ser, no lo querías lo suficiente. Sin y síes.

Recuerdo el sabor. Hay días en que aparece, de manera sutil, en mi boca. 
Observo mis manos, percibo el ligero entumecimiento en la muñeca derecha que posiblemente en unos años me de problemas. Mis manos son mi más importante herramienta, mi sustento. No van a servir siempre. Miro al monitor. Siento que estoy perdiendo el tiempo y que el barco en el que navego va en círculos, trazando una ruta conocida, repetitiva. ¿Es para mi? No lo sé.

Pero hay más barcos.