Carrera Colegio Diego Rivera

Ahora que están de moda las carreras y la activación física, siempre es doblemente satisfactorio hacerlo por buenas causas. Y si además son causas que están ligadas a nuestra historia, a nuestros recuerdos, pues mucho más alegre el asunto.

Así me pasó hoy en la carrera del colegio Col Diego Rivera en Tuxtla Gutiérrez. Ahí estudíe parte de la primaria y toda la secundaria.

Ahí hice grandes amigos y amigas, algunos muy queridos como Jorge Rovelo Martínez y Mauricio Torres Sánchez ya no están con nosotros pero permanecen en la cariñosa memoria. Con la mayoría de los demás seguimos en contacto, siendo buenos amigos, e incluso nuestros hijos empiezan también a ser amigos.

Ahí tuve profesores que además de sus materias daban lecciones de vida misma: Donato de matemáticas con su cariñoso: “Mis pequeños saltamontes”; el estrico Marco Antonio Selvas Castellanos (MASC); Sonia Rey que nos enseñó historia universal de una forma creativa; Dorian que enseñaba literatura pero principalmente formaba lectores; la maestra Lupita de español que no ocultaba sus militancias; la maestra Paty Aguilera, de mecanografía que nos enseñó a usar el teclado de forma correcta en una era predigital. Los hermanos Champo de marimba; Bertha, de danza; la prefe; Rosy con su clásico: “los niños de la combi los van a dejar” y desde luego Tere Urquidi, que imaginó un modelo educativo distinto.

Hoy la maestra Linda Urquidi y sus hijos Linda Aramoni y René Aramoni siguen adelante con ese esfuerzo.

Mi sincero reconocimiento a todos ellos. Al Diego Rivera, le debo además algo más grande: ahí conocí a mi esposa Marifer Pariente ¡Doblemente gracias!

Hoy yo aspiro a dos cosas: que mis hijos tengan la oportunidad de recibir una educación como la que yo tuve; y que esa educación no sea un privilegio para unos cuantos sino para todos los niños y niñas de Chiapas.