PRD: soy militante, no cómplice

Un partido como el PRD debería tener como principal objetivo hacer realidad el principio: La izquierda al gobierno, los ciudadanos al poder. Es decir ser la herramienta para que sean protagonistas de su destino.

Por eso consideré participar en el proceso de renovación de la dirigencia nacional del PRD, porque creí que el principal partido de izquierda en México todavía podía ser el vehículo para transformar la frustración en optimismo, el hartazgo en participación. Lamentablemente me doy cuenta que por la situación en la que se encuentra, el PRD no sirve para ese fin.

Por ello es que he decidido ya no participar en el proceso de renovación de su dirigencia, porque en la realidad no hay un verdadero proceso interno de elección y, como lo reiteré en diversas oportunidades, el proceso, si era autentico abierto y deliberativo se convertía en el mejor resultado. Eso no ocurrirá.

El partido al cancelar su democracia interna puede estar cancelando su futuro.

No voy a participar porque no habrá ni registro, ni candidatos, ni proselitismo, ni contraste de propuestas, ni se tomarán en cuenta las opiniones de la ciudadanía. En síntesis, el próximo Consejo Nacional no será electivo, sino ordinario. Lo que si habrá, y mucho, es la vieja manera de hacer política y se elegirá a la próxima dirigencia como si fuese un trámite, de manera discrecional y cerrada, perdiendo una oportunidad histórica para que el PRD se renueve y vuelva a estar cercano a los mexicanos.

Decidí no participar para no ser cómplice de un proceso que puede llevar a la decadencia al PRD.

Desde hace tiempo es evidente que al partido le falta una renovación interna profunda y un relevo generacional para que vuelva a ser una opción viable y creciente en el ánimo de los mexicanos, de los obreros, de los campesinos, de los estudiantes y de las clases medias, siempre defendiendo sus intereses. Por eso es que cuando Carlos Navarrete y Héctor Bautista, presidente y secretario general, pusieron a disposición sus cargos se generó gran expectativa sobre la renovación del partido.

Personalmente, como muchos otros militantes, fui optimista y pensé en sumarme a esta renovación, en participar, en discutir ideas, en escuchar a los ciudadanos, en hacer mi aporte.

Vi con muy buenos ojos la apertura de la dirigencia y la supuesta intención de transformar el partido. Pero lo cierto es que no hubo ni voluntad, ni transformación real, ni relevo generacional, ni democracia, ni nada. Solo expresiones de la vieja política que tanto daño han hecho al PRD y a nuestro país.

Estamos dejando pasar una gran oportunidad. Estas son las justamente el tipo de decisiones por las que la sociedad ya no cree en los partidos. Si se continúa por esa vía, el PRD va ir disminuyendo hasta desaparecer o tener una participación marginal.

El sábado habrá un nuevo dirigente nacional y una nueva secretaria general. A ellos les deseo éxito. Sin embargo un acceso rudimentario al poder, generalmente se traduce en un ejercicio rudimentario del mismo. Si la legitimidad no viene del proceso tendrá que alcanzarse con acciones distintas, incluso disruptivas en temas y lugares clave, en ellos está la posibilidad de hacer del PRD el gran partido que supo ser. Quienes somos de izquierda somos antropológicamente optimistas. Ojalá la próxima batalla la gane el optimismo y no la experiencia.

No participar en el proceso no debe poner en duda mi compromiso con los chiapanecos que me eligieron como su senador, ni mis valores e ideales, ni mi permanencia en el partido. Mañana seguiré trabajando como todos los días, por un México mejor, más justo, más honesto y con mayor igualdad desde la trinchera que me lo permita.

  • El autor es Senador del PRD por Chiapas.
  • Publicación del 06 de noviembre de 2015 en el periódico Reforma
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