Para mi maestra (Jedi) María Elena Meneses

Hoy falleció María Elena Meneses. Lo digo y me parece mentira todavía. Ojalá fueran fake news, de esas que tanto estudió los últimos años.

Mesa redonda “Redes sociales y desinformación en el proceso electoral” en el CCH Sur — 12 de abril de 2018 — Foto: Rebeca Martínez

No puedo imaginar el dolor por el que pasa su familia y sus amigos cercanos, si yo que solo era su alumno ya la estoy extrañando. Se fue demasiado pronto y demasiado rápido. No puedo dejar de sentirme un poco huérfano de mentores periodísticos pues hace dos años falleció Omar Raúl Martínez y hoy María Elena. Ambos en pleno esplendor de sus carreras y con total lucidez intelectual. Es triste que ya no estén, que ya no estarán, que ya no podré leer sus plumas siempre sensatas. Pero al mismo tiempo es una alegría saber que aprendí de los mejores. Supongo que la mejor manera de honrarlos es seguir trabajando por lo que ellos creían y nos legaron.

A María Elena la conocí en su oficina del Tec cuando era la directora de la carrera de periodismo. Yo era un adolescente confundido (valga la redundancia) que no sabía si estudiar antropología, letras, comunicación o todas las anteriores. Con la certeza de un doctor que le receta paracetamol a alguien que solo tiene un moretón, me recetó estudiar periodismo. Me dijo que los historiadores y los antropólogos se pasan la vida estudiando el tiempo largo, y que eso a las personas como nosotros nos aburría tarde o temprano. Que si quería ver en vivo y en directo cómo pasaban las cosas que transformaban a la sociedad, estudiara periodismo. Que aprendiera a escribir sobre la realidad y ya luego podría escribir lo que quisiera. Que el periodismo realmente puede tener un impacto en la sociedad y que México necesitaba más que nunca buenos periodistas.

Sobra decir que saliendo de su oficina fui a entregar mi solicitud para la carrera de periodismo. Literalmente al salir de su oficina.

Esta anécdota la conté en público la última vez que vi a María Elena. Fuimos invitados a una mesa redonda en el CCH Sur de la UNAM para hablar sobre redes sociales y desinformación en el proceso electoral. Yo estaba nerviosísimo porque iba a compartir mesa con ella (y con Gabriela Warkentin, aunque ella no llegó). ¿Qué podría decir yo si al lado tenía a la doctora Meneses, maestra Jedi? En el fondo siempre me sentí como su joven padawan. De hecho lo dije en esa misma mesa. El periodismo, más que una profesión o una licenciatura, es una vocación y una ética: Como ser Jedi. María Elena Meneses fue la persona que me convenció de estudiar periodismo y desde entonces ha sido una guía en los senderos de la fuerza.

Ella fue mi directora de carrera, mi profesora, una de mis mentoras. Ella fue la que me dio a leer Los cínicos no sirven para este oficio de Kapuscinski, ella fue la que me puso a leer a Habermas, la que me decía que le pusiera más rigor y menos YouTube a mis notas. Ella fue la primera persona que me pagó por trabajar, por ayudarle a diseñar materiales didácticos, videos, su sitio web y lo que fuera saliendo.

Después seguí en contacto con ella como colaboradora de la Revista Mexicana de Comunicación. La entrevisté varias veces y coincidimos cuando ella dirigía la AMIC y yo la Fundación Manuel Buendía. Yo la propuse para los jurados de los premios García Márquez y el Rostros de la Discriminación; ella siempre aceptaba encantada. Yo reseñé algunos de sus libros y ella siempre comentaba en Facebook o Twitter mis artículos. Luego, en una de esas vueltas del destino, acabamos siendo compañeros de trabajo en el mismo Tec. Nos tuteábamos aunque siempre me impuso como figura de autoridad bien merecida. Ella me decía “flaco” o “joven Tirzo”. Yo le decía María Elena o de plano Marmenes, como su Twitter.

La última vez que la vi fue tras esa mesa redonda, hace un mes. Como íbamos para el mismo rumbo, nos fuimos juntos. Rebe manejaba mientras platicábamos con María Elena. Hablamos de nuestras clases en el Tec, de la campaña de publicidad donde ella sale como una profesora inspiradora, de sus investigaciones, de la RMC. Hablamos del temblor de septiembre del 2017 y de lo horrible que se sintió. Cuando le conté que yo lo viví dando clases en Aulas 1 del Tec, ella dijo algo como “¡Ahí estuvo horrible! Ese edificio tuvo daños estructurales severos. Otro poco y no hubiera aguantado”. Y yo pensé algo como “Gracias por las palabras de aliento, María Elena. Ya estoy lo suficientemente asustado nada más de acordarme”. No lo dije, por supuesto. Ambos platicábamos del susto con el sabor agridulce del que la libró a sabiendas de que varios otros no.

Llegamos a su casa y la despedimos en la puerta. “Qué bueno que coincidimos en esta mesa redonda. Nunca habíamos coincidido. Qué bueno que pudimos vernos”, le dije. Ella estuvo de acuerdo y nos despedimos pensando en la próxima vez que coincidiéramos en algo así…

Luego Rebe subió algunas fotos de la charla al Facebook. Yo las compartí orgulloso del día en que me tocó estar en una mesa redonda con mi maestra Jedi. Yo cité al Hombre Araña mientras María Elena habló de Aristóteles. En el fondo hablábamos de lo mismo: De la responsabilidad periodística, del valor de la información, del periodismo como una ética, de la lucha contra el dark side de la desinformación. Por supuesto le dio like a las fotos y comentó que había faltado que nos tomáramos una juntos. Le contesté diciendo que sin duda la tomaríamos la próxima vez…

Así que donde quiera que estés, María Elena, nos debemos una foto y una charla sobre el periodismo. Gracias por la ayuda vocacional, por tus enseñanzas, por ser un ejemplo como periodista, como profesora, como investigadora, como persona. Gracias.