Niños de Instagram


Dibujo de mi hija de 8 años, Flavia.

Tengo a mis sobrinos en Instagram. Y a los hijos de mis amigos también. Se han hecho mayores y algunos tienen mucha más actividad (on line) que sus progenitores. Y es raro. Porque les gustan mis fotos (cosa que adoro) y yo siento que entro demasiado en su intimidad si veo sus contenidos. Sobre todo con los stories. Me llegan notificaciones, casi cada tarde. Lo retransmiten todo. Y es muy, muy raro.

Por si alguien no lo sabe estos niños- chicos hacen streaming de lo más cotidianos. No se montan parafernalias, no. Son ellos por la tarde en una casa cualquiera contando sus historias. Echándose zumo en un vaso. Encuadre de su cara en súper primer plano mientras lee los comentarios en tiempo real. Unos buenos, otros poniéndoles a parir, otros defendiendo al que graba de los ataques de los otros.

Cuando son pequeños como son ahora mis hijos, sienten una fascinación innata por teléfonos y tablets. Para ellos es igual que una droga, reciben una respuesta inmediata placentera que va directa al cerebro. Pero es un juego personal o compartido con unos pocos. Cuando llegan a la adolescencia ese juego se vuelve social/24H y la cosa se nos va de las manos. Están en la calle y conectados todo el tiempo, a pesar de estar en casa.

Me contaba un amigo este fin de semana que su hija había recibido amenazas a través de Instagram. A partir de este suceso, la niña había empezado a plantearse hasta qué punto estaba exponiéndose. Los dos estuvimos de acuerdo en que son las mismas amenazas que podíamos sufrir nosotros, pero en formato digital. (Sí, vengo de un barrio de calles duras y había amenazas en la puerta del colegio día sí y día también). La diferencia es la amplificación que hoy en día pueden alcanzar pequeñas rencillas pre- adolescentes. Nosotros volvíamos a casa a las diez de la noche y hasta el día siguiente no había novedades, pero en la era Instagramer tu mala reputación puede convertirse en enorme en un abrir y cerrar de ojos. Ahora todo esto se ha vuelto menos controlable.

Yo recuerdo el día en que llegó a mi casa el teléfono inalámbrico. Por fin era libre y no tenía que hablar en el pasillo o tirar del cable hasta mi cuarto. Aquello fue RE VO LU CIO NA RIO!!! Cuando tienes 14 años lo único que te importa es caer bien, gustar y estar con tus amigos por encima de cualquier otra cosa. Llegabas de pasar toda la tarde fuera de casa y te ibas directa al teléfono para seguir hablando con tus amigas o el novio de turno. Creo que si nos hubieran enseñado este futuro de hiperconectividad no hubieramos podido salir de nuestro asombro. Un auténtico sueño.

Para terminar esta cadena de ideas, quiero recalcar el término “exposición”. Creo firmemente que si nos formaran adecuadamente en la visualización y lectura de imágenes en la educación obligatoria podríamos asegurar mucho más el grado de exposición de los más jovenes. En este momento el bullying es de máxima actualidad y los colegios ofrecen talleres para padres y alumnos, pero no se habla de códigos visuales que de forma incontrolada pululan por la red, tv, medios digitales, etc. Esos son sus referentes (cantantes, futbolistas, influencers, Gran Hermaners…quizá no siempre el modelo adecuado) y presentan un alto valor semántico y connotativo en cada uno de sus posts.

Si no entendemos de una vez por todas que el simbolismo y la información que nos da una imagen de perfil es básico en la percepción que los demás se conforman al vernos, estamos pecando de ilusos y de irresponsables. ¿O acaso es lo mismo que tu hija se plante con morritos y medio desnuda en el baño o que pose con gafas en su mesa de estudio? ¿Es igual que tu hijo pose sin cabeza enseñando abdominales o que lo haga abrazando a su novia o novio en la puerta del Instituto? El que esté libre de pecado que tire la primera piedra…