Ruido

Arma de doble filo.

Hoy giró y me envolvió, y el silencio que le siguió fue aún más ensordecedor.

Es precisamente una amenaza, su ruido, el nuestro. El silencio, las risas que le siguen. Es una condena.

¿Alguien realmente, verdaderamente, totalmente, gana?

Es cuestión de elegir el final menos peor. El menos doloroso, pero igual de amenazante.

La amenaza oculta en la retórica, en los ceños, los puños, las piedras. La amenaza de aquéllos que están arriba, en polos opuestos, manoseando los hilos de los inocentes.

Los hilos de los inocentes... ¿Inocentes, verdaderamente?

¿Me corto del problema? ¿Es realmente así? ¿O el rostro de cada uno de nosotros está en cada bala, cada grito, cada aliento?

¿Será que todavía podemos reconocernos y conectar realmente con la inocencia y a la vez con la sombra?

El ruido de ellos y el de nosotros existe, está. Y así, bajo el silencio que le sigue, mirando al techo blanco, y como flotando, me pregunto si realmente alguien gana o simplemente nos dirigimos hacia la condena con el rostro más alegre.