
La Política de los “Apolíticos”
Más allá del partido, el color o el candidato
Los recientes actos políticos de muchos jóvenes que se apodarían “apolíticos” han iniciado un interesante debate que confirma que en realidad no es la política, sino la forma desfasada de practicarla, la que aleja a los jóvenes de su práctica.
En Paraguay, pertenecer a un partido político tiene connotación cuanto menos tendiente a lo negativo. No pertenecer a algún movimiento, no promover a algún candidato, no discutir “política” con los fanáticos son actos muy característicos de la juventud paraguaya actual. Al final, ¿quién quiere ser el o la joven caudillita de X movimiento en Y partido cuando que la credibilidad de los partidos y sus representantes va en picada?
No obstante, lo que pocos mencionan y lo que no puede ser negado es que esas “inacciones” — el no votar durante las elecciones, no afiliarse a un partido, no promover a un candidato, entre otros — pueden muy bien ser considerados “actos políticos” porque llevan consigo una crítica evidenciada en la cantidad considerable de jóvenes que no participan de la política en su manera “tradicional”.
En Paraguay la población joven entre 18 y 29 años asciende a 1.884.229 (Encuesta Permanente de Hogares 2012, DGEEC). Sin embargo, solo el 56% de esa población se ha inscripto en el registro y está habilitada para votar. Además, es importante mencionar que solamente el 35% de jóvenes entre 18 y 29 años participaron en las últimas elecciones presidenciales y que esta es la franja etaria que posee el mayor porcentaje de abstencionismo (Memoria y Estadística Electoral 2013, TSJE). Este es un panorama poco alentador considerando que el ausentismo de la ciudadanía es mayor durante las elecciones municipales, rondando el 50% (Memoria y Estadística de las Elecciones Municipales 2010, TSJE).
Un sistema político exclusivo y excluyente
El sistema político que no reconoce la fortaleza de ese mensaje de silencio político, el sistema que se conforma con decir que los “apáticos” no se merecen los beneficios de la patria, que los partidos funcionan pero que el problema son los que no los comprenden… ese mismo sistema que prefiere mantenerse inmutable — porque de lo contrario sus usuarios tradicionales serían descartables por su falta de capacidad de adaptación. Ese es el sistema que en verdad excluye de la política a una generación completa de jóvenes nacidos en democracia.
La política es la búsqueda del lenguaje común que haga posible la construcción colectiva de un futuro en comunidad. El lenguaje del pasado podrá haber sido la polca fanática, los vitoreados nombres y sus -ismos, los liderazgos mesiánicos y los partidos políticos “gloriosos y legendarios”. Pero es muy notable que ese no es el lenguaje de una generación que quiere poder construir protagónica y colaborativamente a su comunidad, ciudad y país. La juventud ya no quiere dejar que un reducido grupo de personas se hagan con el poder máximo de apuntar el norte deseado. Todos queremos caminar la construcción de NUESTRO Paraguay en TODO momento.
Este escenario debe motivar preguntas mucho más profundas acerca de lo que implica la participación política en pleno siglo XXI. Porque de verdad, aunque estamos en la era de la información y la tecnología, la práctica política mayormente sigue manteniéndose en los fundamentos de hace un par de siglos atrás. En nuestro país, sigue con olor a dictadura.
No es que los jóvenes sean políticamente apáticos; es que en general los partidos no comprenden y no hacen el esfuerzo de comprender la forma en que la juventud está redefiniendo el paradigma de la participación política, simultáneamente poniendo a prueba la capacidad de adaptación de las instituciones políticas clásicas y el actuar del gobierno. Hasta el momento han preferido alejar y alienar a la juventud en vez de abrirse a nuevas formas de participación o promoverlas.
Los jóvenes de Ciudad del Este y de otras ciudades del país quienes limpiaron áreas de sus ciudades de propagandas políticas incurrieron en una acción muy política y dejaron un mensaje político tácito muy claro:
Este no es el método adecuado de invertir recursos para promover a personalidades que se consideran políticas pero que no invierten la misma cantidad de dinero y tiempo en socializar sus proyectos para la ciudad, que no demuestran el mínimo esfuerzo de incluir en la política a jóvenes que están más allá del partido y de sus intereses.
Finalmente, cabe promover la idea de que esta nueva generación de jóvenes es mucho más política de lo que se considera (oponer y criticar a la política partidaria tradicional es, de hecho, un acto político considerable). Así también, cabe notar que esta crítica no necesariamente tiende a la desaparición de la organización política en partidos o movimientos, sino que exige una profunda reorganización y replanteamiento de cómo se hace política con una generación de jóvenes mucho mejor educada, mucho mejor informada y con mucho menos tolerancia a la corrupción, el oscurantismo, el elitismo y la exclusión en el proceso de construcción de lo que es la cosa pública, la res publica, nada menos que nuestra República del Paraguay.
Resta hacer notar dos cosas:
- A los políticos, que su sistema actual no es sostenible y eventualmente los llevará a llanura sea por causas económicas o sociales.
- A la juventud, que para definir el nuevo paradigma de participación política se debe ir más allá de la crítica del alejamiento y las acciones intermitentes y construir… construir un nuevo sistema de participación cívica incluyente.