Argentina no es para principiantes

Gonzalo Reyes
Sep 5, 2018 · 3 min read

Durante 2017 había un sentimiento muy positivo sobre Argentina, con la industria local de inversiones sacando muchísimos productos para aprovechar las atractivas tasas de interés que entregaba la banca trasandina, con más de 30% anual. Entre el año pasado e inicios de este se crearon más de 10 fondos dedicados a inversiones en Argentina. Hoy, esos productos han tenido pérdidas significativas a causa del deterioro que ha vivido el vecino país durante el año y nadie podría pensar que es una alternativa atractiva.

¿Cómo pasamos del optimismo de hace sólo unos meses al pesimismo actual? La respuesta ya la daba Robert Lucas Jr., ganador del Premio Nobel de Economía de 1995 y quien planteó el dilema de las expectativas racionales. En simple, estas consisten en expectativas de los agentes económicos que son capaces de modificar los parámetros de un modelo.

En este caso, hablamos de Argentina, una economía que tiene mal track-record, con siete defaults a lo largo de su historia y una cantidad de experimentos económicos increíble.

Dado este historial, lo razonable es que el mercado haya tenido poca confianza en la conducción de su política económica. Sin embargo, Macri mediante políticas que son extremadamente difíciles de implementar y a un gran costo político logró que el mercado le volviera a creer. Logró generar expectativas que cambiaron el errático modelo económico de Argentina a uno promisorio con alto potencial de crecimiento.

Tipo de cambio flexible, inflación controlada mediante un esquema de metas, libertad de precios, economía abierta y política fiscal sostenible son los pilares que necesita el mercado para creer en un país. Estos, a su vez, facilitan el trabajo de la política monetaria y fiscal, generando un círculo virtuoso. El problema es que generar estos pilares no es un trabajo de un día y hacerlo implica hipotecar un gran capital político. Pues, en el corto plazo, sin lugar a duda las condiciones materiales de las personas se van a ver perjudicadas.

Este frágil equilibrio entre el capital político y convencer al mercado es el que se terminó por romper después de que el Banco Central terminara por abandonar la meta de inflación para el año 2018. El problema que ya auguraba Lucas, es que, ahora, convencer al mercado de que Argentina está comprometido con su estabilidad macroeconómica será cada vez más difícil y requerirá más capital político y medidas más extremas. Un ejemplo de esto es la tasa récord de 60% que ha fijado el Banco Central, un altísimo costo del dinero que puede llevar al país hacia una recesión.

Hoy el panorama es complejo. Argentina aún tiene herramientas, pero la solución tiene un mayor costo que antes y el mercado aún no sabe si el gobierno estará dispuesto a asumirlo. Lo que nos vuelve a lo que ya alguna vez dijo Aníbal Fernández, ex ministro de Cristina Kirchner: “Argentina no es para principiantes”.

Por Gonzalo Reyes

Columna publicada originalmente en El Mercurio Inversiones el 31 de agosto de 2018

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